A bordo del naufragio

A bordo del naufragio lakriticona Alberto Olmos

 

“Tu abuela no vive el presente porque el presente ha retirado del curso legal las monedas con las que ella compró sus primeras chucherías y ha retirado también la música que ella bailó, sus héroes, sus atuendos, su lenguaje, sus prejuicios (…). Tu abuela mira al mundo y ya no lo reconoce (…). Su vida se reduce al recuerdo, y su memoria se va deshojando de recuerdos por la vejez y la falta de objetos donde asirse”

   

Qué gran libro. Qué descubrimiento Alberto OlmosA bordo del naufragio es una lectura muy, muy recomendable. Cortita y al pie, como se suele decir en fútbol. Fácil, que no simple. Se lee en nada, pero es de esos libros que luego pesan. Porque cada palabra de A bordo del naufragio es una cuchilla que te corta. Sorprende su estilo. Corto, acerado. A veces de corrido. A veces, sin comas, sólo con mayúsculas y minúsculas en un baile que, si en otros escritores marea, confunde, en el caso de Olmos te hace pensar, te abruma.

Nunca sabes el nombre de su protagonista, pero te lo imaginas así un poco Ignatius Reilly. Un loser sin más esperanza ni futuro que el sobrevivir al día a día. Un inadaptado social, un salido, feo, del que sorprende su lucidez, esa inteligencia que roza el genio. A veces, ese hombre sin nombre, ese estudiante universitario loco y gris, te da lástima. Otras, asco. Pero casi siempre lo que sientes es identificación. Total. Porque las ciento setenta y dos páginas del libro no son más que una puerta abierta al torrente de pensamientos que asolan su cabeza ese día, este día, y que no se alejan demasiado de los que durante un día, cualquier día, cruzan nuestra cabeza como flechas, a veces dolorosas, a veces estúpidas, tontas, permanentes, caducas, la mayoría de las veces irrelevantes.

Pues en los márgenes de mi A bordo del naufragio apenas queda blanco… Se lo han comido, precisamente, mis pensamientos.

Mi necesidad de volcar en algún lado lo que las palabras de Olmos cocían en mi interior. Viajaba a León en tren y leía una página, dos, escribía sin apenas lápiz, lo dejaba, lo guardaba para luego, para seguir leyendo cuando pudiera escribirlo (Alicia, amiga, ¡qué maravillosa manía me enseñaste con eso de emborronar todos los libros a lápiz!). Por eso, aquí, os voy a dejar una crítica diferente, la antepenúltima del año (la última llevará los labios rojos) compuesta de pensamientos al aire, una veces de imprenta, la mayoría, a lápiz negro, un puñado de emociones, estas, que durante una lectura invadieron mi cabeza.

Bienvenidos a los márgenes de mi A bordo del naufragio

Me recuerda a ese cuadro de Munch que tanto me gusta. Incluso más que El Grito. Ese en el que todos caminan en una misma dirección, todo, alineados, todos menos uno, el único, de espaldas, solo, a contracorriente“…

Abro el libro y eso es lo primero que me encuentro. Escrito a lápiz. Justo debajo del título…

Me recuerda a ese cuadro de Munch, sí, mucho…“. Página 17, primeros márgenes invadidos por mi letra redonda y apresurada. Alberto Olmos describe su habitación, su pecera, así la llama, el único lugar del universo en el que se siente a salvo (“Huele a soledad y heridas“) y yo voy en el metro y asiento.

Una habitación que huele a soledad y heridas. Podrá decirse de otra manera, seguramente más rimbombante y menos efectiva. Habitación de soledad y heridas. Joder. 17 páginas. su lenguaje me remueve y abofetea“, así lo escribí, así lo repito, letra a letra, sin cambiar una coma.

Joder…

Dos páginas después, Olmos comienza a nombrar a mis ídolos. Empieza por David Lynch. Y lo hace sin pronunciar su nombre. Le basta con decir “Nicolas Cage en Corazón Salvaje” y yo escribo al lado: “Pienso en El año en que me enamoré de todas y mi cabeza grita: ¡Por favor! En estas veintiuna páginas y mucho más sentimiento y dolor que en aquellas trescientas“.

Y, mientras, Olmos sigue hablando.

Y dice que le gustaría ser sólo instinto y habla de sentir alfileres en el estómago y yo subrayo, subrayo sus descripciones precisas, definidas, exactas, subrayo y subrayo, y escribo y escribo, y lleno los márgenes con letra de médico, esa letra que a veces no entiendo ni yo.

Página 26. “Vuelta de tuerca. Bofetada. Te deja pensando. Te hace pensar. Y eso me gusta. Me encanta“.

Página 27. “Frases cortas, aceradas, cortantes. No dejo de subrayar frases y de reírme entre dientes mientras todo el vagón se piensa que estoy loca“.

Página 28. “¡Te sientes identificado! Es tan triste lo que cuenta, pero lo hace tan ácido… ¡ME ENCANTA!“.

Página 35. “Sin comas, sin puntos, así pensamos, así hablamos – Hostia, qué duro. Acaba de ponerme toda la piel de gallina“.

Página 36. “Vicente Calderón. Aquella noche fría…“.

Página 37. “Pensamientos deshilachados. Quizá parezca que no tienen nada que ver, pero son reconocibles, porque son los que nos asaltan a todos, así, tal cuales“.

Página 39. “Fue en la página 39. ¡Un libro hablando de Milán Kundera! ¡Ooooh!“.

Página 42. Escribo: “Me encanta esto“. Y subrayo: “De modo que no vayas siempre por las mismas calles: descubre alguna nueva, arriésgate“. Y vuelvo a escribir, ahora en el lateral: “Joder, parece un amigo que te está arreglando el mundo a las 03:00 de la madrugada, en esas conversaciones que se diluyen por la mañana pero por la noche parecían arreglar el mundo, al menos tu mundo, de verdad“.

Página 43. “Es sensorial. Su uso de la segunda persona llega, no como la de La Habitación Oscura. ¿Le gustará al Librero de Ojos Verdes? Tengo que preguntárselo“.

Página 44. “Se nota que escribe desde el estómago“.

Página 48. Leo: “Te gusta oler los libros. Te gusta tocar los libros. No puedes concebir una novela cuyo formato no sea el libro. Te gustaría ver a alguien olfateando un texto en una pantalla o escribiendo dedicatorias en un cd-rom“, miro la contraportada, la portada (Finalista Premio Herralde de Novela 1998), ¡1998!, el año en que comencé periodismo, el último año del Aula 13 en la vieja Ponti y, por un lado me azota la nostalgia de mi misma, por otro, me sorprende que la novela de Olmos no haya envejecido ni una pizca en estos casi dieciséis años (de hecho sólo lo hace al final, al referirse a Elsa Anka e Ivonne Reyes, hoy más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, como las presentadoras buenorras de la tele) y escribo: “Demoledora“.

El lápiz, mientras, pierde empaque, apenas un hilo grisáceo que se confunde con el papel y que salta de esa página a la última, más grande, más libre: “Es como esa película, Metropía, que casi nadie ha visto, que a mí me llegó por casualidad, porque me hice la dueña del mando en un descanso de un Madrid-Depor, esa cinta de animación pegajosa y osada, imperfecta pero hipnótica, con esos dibujos preciosistas, exactos, que a veces me producían repulsión, pero tan reales que hasta yo me enamoré un poco de esa rubia misteriosa… El dolor del personaje de Olmos grita en tu cabeza, descarnado, real… Y no sigo leyendo porque me quedan quince minutos para llegar a León y quiero leer con un lápiz en la mano. Es tal el torrente que en mí produce esta novela que necesito volcarlo, escribirlo, recordarlo, pero me quedo sin punta, me quedo sin lápiz… Y sigo leyendo. Una frase. Otra. Y subrayo. Pero me quedo sin lápiz. Mierda. Quiero seguir leyendo y no puedo. Dios. Qué gran libro. Puto lápiz…“.

Esto es sólo las primeras cincuenta primeras páginas A bordo del naufragio. Sólo quizá al final eché de menos más definición a la cursiva del libro, donde se cuenta la infancia del protagonista, en el pueblo, al cuidado de su abuela, de esa ruda montaña inasible que es su abuelo (maravillosa cursiva, pero al final aunque entiendes no sabes al cien por cien lo que pasó, y te gustaría). Pero me apasionó cómo Olmos acelera la escritura en su relato según se acerca el final. Frases cada vez más cortas. Acciones puras. Un estilo muy Raymond Carver, calado de Pessoa, un arañazo a secas, la nausea de Sartre.

Necesitaba una novela de estas que te atrapan desde la primera línea y encontré, por casualidad, esta novela de Alberto Olmos que, incluso, superó las expectativas que creó en sus diecisiete primeras páginas“.

Página 160. Escribo: “Se está volviendo loco y tú lo estás viviendo, lo estás leyendo“.

Página 172. Acaba el libro. Debajo, una cuarta de página en blanco, y dos palabras: “Joder, ¡novelón!“. Está escrita a lápiz grueso, trazo oscuro, nuevo, como de recién afilado. No tengo más que añadir. Lo esencial lo he dicho ya. Ha quedado atrapado en esos márgenes. Resumido en ese “Joder” gigante, de trazo negro tan intenso como una mirada cargada de kohl (prendido para siempre de una lectura que remueve,  que no deja indiferente, que se come los lápices…).

Te gustará si: Es una verdadera joya. Un libro sincero, desgarrador, tremendo. Si quieres comprártelo, aquí te dejo el enlace para que puedas hacerlo directamente.

No te gustará si: Sólo falta saber qué pasó exactamente en la cursiva, en la historia con los abuelos. Lo demás, para mí, brutal.

Añadir a favoritos el permalink.

10 Comments

  1. Subrayar, anotar y destrozar libros es uno de los grandes placeres de la vida. Si alguien echa un vistazo a los míos, puede saber perfectamente cuales triufaron y cuales no: los primeros están cochambrosos, pintados, manoseados, con páginas dobladas, manchas de café y de sangre (soy de esas personas torpes que se cortan constantemente con las páginas sin darse cuenta). Los que pasaron de puntillas sin dejar huella siguen perfectos como el primer día, impolutos, impecables y asépticos.

    Me encantan los libros destrozables. Asi que tomo nota de este, a ver cuanto tardo en descuajaringarlo…

  2. Miss, adoro tus críticas, tu forma de escribir, tu escritura. Lo defines todo tan bien, tan exacto…! Me encanta leerte, cada vez más! Grande. Gracias (te va a gustar esta novela, ya verás :)

  3. Pingback:Las mejores fotos del año | la Kriticona

  4. Pingback:Los mejores libros del año | la Kriticona

  5. Pingback:Las horas subterráneas | la Kriticona

  6. Pingback:Las mejores fotos del año - La Kriticona

  7. Pingback:Las horas subterráneas | La Kriticona

  8. Pingback:98% sexo | La Kriticona

  9. Pingback:Losers por La Kriticona | La Kriticona

  10. Pingback:Vanessa Smith

Responder a Miss Malemort Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>