Álex

Alex by lakriticona

    

“Una vida no ocupa tanto como pudiera creerse: en su caso, dos metros cúbicos”

   

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Es innegable el talento que Pierre Lemaitre tiene para la novela negra. Opresivo, asfixiante, te mete dentro de sus páginas, en la piel de sus historias corrosivas. Y siempre se guarda un giro final que no te esperas y que le da la vuelta a todo. Con Álex vuelve a hacerlo. Es una historia trepidante, que no puedes dejar de leer desde la primera línea. Y, sin embargo…, hay algo que me falla, que me falta. Algo no me encaja. Como una nota discordante que siempre suena sola y a destiempo. Como afónica. Desafinada. Trasnochada.

En Álex, Álex es una chica huidiza, solitaria, rara, adicta a las pelucas y tremendamente atractiva, de esas mujeres que paran coches por la calle. Un día, en el metro, ella se da cuenta de que un hombre la mira, que le suena de haberlo visto en otro sitio, esa misma tarde. De pronto, un golpe seco en el estómago. Otro en la cabeza y una frase en el oído: “Puta…“. Cuando Álex despierta está colgada de una caja en un edificio abandonado, en la que no puede sentarse pero tampoco ponerse de pie. Su raptor es ese hombre (putaaaa), un loco, o quizá, un hombre que sólo busca a su hijo y se cree que tiene una cuenta pendiente con Álex.

“La vida siempre nos alcanza, no hay nada que hacer: es imposible escapar”

Y, mientras, la Policía les busca. A él, a ella, aquel lugar. Pero apenas hay pistas. Nadie ha visto. Nadie sabe. Y, encima, el comisario, el hombre encargado del caso, regresa después de un Via Crucis similar: un loco raptó a su mujer embarazada. Entonces no le dio tiempo a salvarla. La mataron. Y él no ha podido sacudirse de encima la culpa… Ni encontrar al culpable (no he leído el último libro de Leimatre, pero se titula Irene, como la mujer del comisario, e imagino que por aquí vienen los tiros…).

Y el libro está bien. Entretiene. Estás dentro en la primera palabra. Pero no dejé de tener en ningún momento la sensación de que se desarrolla a trompicones, como si no le hubiera dado tiempo a cuajarla, a que unas partes se fusionen con otras de manera natural. Se notan mucho los saltos. Demasiado. No fluye. No es natural. Como si fueran tres relatos escritos por separados y después unidos (y mal). Primero, ella es la víctima. Después, la mala. Y, por último, pasa lo que pasa (y que no voy a contar porque desharía toda la intriga).

Y, luego está, claro, lo de las ratas

Si te dan asco, o miedo, o repulsión, ya te aviso: ni se te ocurra comprártelo o intentar leerlo. No podrás. Imposible. Es tal la capacidad de Lemaitre para trasladarte a sus escenas que no será Álex si no tú quien está en esa caja, con esas ratas enormes, unas veinte, acercándose sinuosamente (y cada vez más cerca, y más, y más…) para oler tus heridas, y tus heces, y tu miedo, y tu sangre, para comerte viva.

“Es imposible no echarse a llorar cuando se halla frente a uno mismo”

Hubo momentos en los que yo, lo reconozco, aparté los ojos asqueada. Hubo párrafos que me salté enteros. Se me pone la piel de gallina mientras escribo esto. Se me revuelve un poco el estómago al recordar la ansiedad que me produjo porque mientras lees lo de las ratas Álex es tan real como tú, Álex eres tú, y no sabes si logrará escapar de esa maldita trampa. Quizá, a pesar del asco, esto es lo mejor de esta novela que promete más de lo que en realidad te da. 

    

Te gustará: Si quieres pasar una tarde entretenida y no pensar. Y si no te dan asco las ratas.

No te gustará: Yo no terminé de entender la historia del todo (y todo lo del comisario). Y si te dan pavor las ratas. Si es así, ni lo intentes. No podrás. 

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3 Comments

  1. Me ha gustado mucho la frase de “La vida siempre nos alcanza, no hay nada que hacer: es imposible escapar”
    Me la apunto :)

  2. Pingback:La chica del tren, de Paula Hawkins | La Kriticona

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