Apropiación indebida: una novela sobre el amor

Apropiación indebida, una novela sobre el amor by lakriticona  

“El que frena siempre manda”

  

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Lo reconozco. Vi la portada y pensé: “Ala, es muy Paula Bonet“. Su dibujo me enamoró, como ya me pasó con Lucile, Nada se opone a la noche y Delphine de Vigan. Leí el título (Apropiación indebida: Una novela sobre el amor) y pensé: “Me gustará, seguro”. Pero después lo olvidé, inmersa en mi trajín diario de idas y venidas. Me lo recordó el sábado pasado el Babelia, de El País, que ojeaba mientras regresaba a casa en metro. Hablabla de la Feria del libro de Madrid y era una de sus recomendaciones. Decía algo así: “No se dejen llevar por el título y eso de una historia sobre el amor. Tiene peso, un lenguaje exquisito, hondura”. Al día siguiente recorrí casi todas las casetas del Retiro en su búsqueda. Y me ha resultado un libro fabuloso, de principio a fin. La novela que ahora mismo yo, que sólo me apetece leer historias de amor, pero con peso, no banalidades tipo Lovebook, la Pancol o Federico Moccia (con todos mis respetos), necesitaba. Porque esta novela es mucho más que una novela que habla sobre el amor. Termina siendo, casi, un ensayo. Y habla de mí. Y de mis amigas. Y de todas esas cosas que nos han pasado alguna vez en la vida, todas esas veces en las que nos colgamos de alguien que no nos correspondía. O que nos correspondió por un tiempo pero después se alejó, sin más. Buenísima.

Dice amor aunque matizo: podría llamarlo obsesión. Es eso. Por completo. ¿Y cuántas veces no nos hemos obsesionado por alguien? Alguien que desapareció sin más, sin que entendiéramos, dejando sólo vacío, y ganas de llorar por todo, y un quintal de culpas, y reproches, y necesidad de palabras que expliquen lo inexplicable, que se acabó, y que no hay más que esto que relata Lena Andersson, la autora, al final: “El que abandona no siente dolor, el que abandona no necesita hablar porque para él no hay que hablar. El que abandona ha terminado”. Verdad como un puño. Pues todo el libro es así. Lleno de frases ante las que no puedes hacer otra cosa que arrodillarte. E intentar aprender.

“Lo más difícil es simular normalidad, pues lo normal implica una despreocupación que no se presta imitaciones”

Apropiación indebida es la historia de Ester Nilsson, una mujer de 31 años, casada, escritora, inteligente y mordaz, a la que un día le encargan dar una charla sobre Hugo Rask, el gran artista contemporáneo al que impregna una patena de misticismo y magnetismo que le hace irresistible (¿o será la erótica del poder?). Lo que sea. Ester mientras escribe, antes de conocerlo si quiera, ya está loca por él. A él le gusta la charla. La mira con arrobo mientras ella habla. Se presentan, charlan. Y ella comienza a buscarlo. Inconsciente, pero tenaz. Pasea por su calle para provocar encuentros casuales, acude a su estudio a preguntar por una revista, busca entrevistas, mantiene el contacto… Hasta que se hacen casi inseparables. Conversan y cenan durante horas. Y Ester se siente liviana. Y gravita (tal cual, como todos hemos hecho alguna vez). Y se desespera porque su cuerpo pide roce, llegar a la última pantalla, arrancarle la ropa a la intimidad… Pero cuando eso llega la recompensa es tan efímera y el precio tan alto… Hay momentos en los que te gustaría sacar a Esther del libro y darla un tortazo. Gritarle: “Pero tía, ¿no lo ves? Espabila”.

Pero tía, pero tía, pero tía… Se lo dirías de la mitad al final. Todo el tiempo.

Y en realidad no sabes si te lo estás diciendo a ti. Sí, tú, que viviste alguna vez una historia parecida. Y te comportaste de una forma tan absurda, claro. Y tiraste y tiraste y tiraste de una cuerda que sólo tú sujetabas. Para una mujer será muy fácil identificarse con la historia (todas la hemos vivido, en serio, uno y otro lado; de hecho, a la protagonista le pasa, también es la que deja, pero claro, ahí como no siente, no tiene importancia, no lo cuenta, ni cuenta para ella…). Y para un hombre también porque, aunque sin conocer lo que le pasa por dentro, le entiendes todo el rato (también muchos lo habrán vivido, uno y otro). Es magistral cómo describe la autora. Porque jamás pierde ese toque analista que lo diferencia de una simple historia de amor. Toda la novela tiene un toque poético debajo de la frialdad con la que escribe. No. Frialdad no. Precisión. Exquisita. De cirujano. No estamos acostumbrados a leer así. Normalmente el amor se cuenta desde el ángulo de la ficción. Aquí se universaliza. Y apabulla. No habría dejado de subrayar todo el tiempo.

“Cuando se ama y el amor es correspondido, el cuerpo se siente liviano. Cuando ocurre lo contrario, un kilo puede llegar a pesar tres. El amor incipiente significa bailar al filo de una navaja”

Hay deontología, semiótica, filosofía, menciones a Camus y una descripción sobre la Modernidad y las necesidades fictícias que el estado de bienestar produce en los individuos tan exacta como todas aquellas que hace sobre el amor. De hecho, al principio, cuando hablan de Myrdal (supongo que se refiere al economista y sociólogo sueco, Premio Nobel) y Ester enarbola un pensamiento que, yo creo, verbaliza las propias intenciones de la autora con esta novela. “Muestra una clarividencia enorme ante las cuestiones del corazón sin caer en lo empalagoso o en la falta de consistencia. ¿Cómo describir al ser humano desde dentro, sin que en la transferencia todo se vuelva falso? Esa es la cuestión. Metaforizar los sentimientos no hace más que alejarnos de ellos. Al leer a Myrdal sientes las vivencias de los personajes como si las experimentaras tú mismo. La descripción de sentimientos es algo que hay que evitar a toda costa -repuso Hugo-. Todo se basa en manipular al receptor para que sienta lo que quieres que sienta. Y eso no se hace mostrando los sentimientos sino provocándolos”, escribe. Y también es lo que ella, Lena Andersson, lleva a cabo. Tal cual.

Sorprende mucho su pulcritud. Define tan bien las emociones… y, sin embargo, no se deja llevar por ellas. Como si fuera un narrador completamente ajeno. Como si contara lo que ve al otro lado de un cristal. Tan nítido y, a la vez, tan lejos. Hay palabras que yo, reconozco, he tenido que buscar en el diccionario porque jamás en la vida las había leído. Y sé que habrá quien diga: “¿Qué narices me está contando? Una historia de amor pero para cultos, ¿no?”. Pero en realidad lo que hace a mí me resulta dificilísimo. Es muy fácil caer en lo cursi, o en lo fácil, lo manido o, incluso, lo estúpido, cuando se habla de amor. Y ella en realidad habla de todo. El amor de Ester hacia Hugo es sólo una excusa. Porque esta es una novela cebolla, llena de capas. Y habla de la necesidad continua que tiene el ser humano de ser reconocido y de sentirse querido.

“No hay mayor dolor que el de no entender”

Y a mí me gustan estas novelas. Lectura transversal que te retuerce las tripas. ¿Cuánta parte de culpa en las relaciones que se rompen tiene la impaciencia, la falta de naturalidad, los consejos del coro de amigas (que a la larga, como lo ven desde fuera, si son sinceras, casi siempre llevan razón)? Juro que hay momentos en los que ella, Esther, te agobia a ti, lector. Y mucho. Llega un momento que no la entiendes. Porque ella se vuelve loca. Literal. Y tu cabeza le grita. “No hagas eso. Desconecta. Vive. Déjale vivir. Eres tú, joder, estás siendo tú”.

Pero quizá te lo estés diciendo a ti misma, un grito a un recuerdo, a una vida anterior. Mucha gente se pregunta por qué sus relaciones fracasan una y otra vez. Si leyeran este libro comprenderían muchas cosas. Pero que lo hagan despacito. Disfrutando del camino. Quizá, si vas demasiado rápido puedes perderte expresiones, conceptos, esas verdades que pasan ante tus ojos tan grandes como la Catedral de Burgos y, sin embargo, una vez no viste… Soberbio. Me ha encantado (para mí, obra maestra, sí). ¡Ah! Y escudriño la firma del dibujo de la chica de la portada antes de guardar la novela en la librería y no puedo evitar sonreír. Es muy chiquitita, pero se entiende bien. Paula Bonet.

  

Te gustará: Sobre todo a mujeres jóvenes, treintañeras. No sé si a mi madre podría gustarle o le parecería una rayada mental sobre las relaciones. Y el final. Ester y el culmen de patetismo. No podía ser de otra manera…

No te gustará: A veces Ester y su comportamiento angustia. Pero creo que es un recurso de la autora para hacer sentir al lector las emociones tal y como las siente Hugo. Habrá quien piense que es sólo una historia de amor pero contada para listos. Pero si yo creo que si es así es que esa persona, simplemente, lo que le pasa, es que no sabe pelar cebollas.

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11 Comments

  1. No soy tan joven, pero lo cuentas tan bien, tan de esa forma que hace que yo caiga casi de rodillas ante el libro aún antes de leerlo… Además esos límites difusos entre el amor y la obsesión me interesan, y sobre todo novelas que hablen del amor sin edulcorar, en esa suerte de romanticismo ñoño que invade muchos libros.
    Paula Bonet… claro, yo también lo pensé con la portada (me has tenido en vilo porque no sabía si dirías finalmente si era de ella o no) :)

    Un abrazo

  2. Pingback:Apropiación indebida en lakriticona.com | la Kriticona

  3. Ay!! si esta es la reseña, ¡cómo será la novela! Me gustan las historias de amor pero no soporto el exceso de azúcar, lo idílico, el mundo de princesas…me supera, así que esta promete y mucho. Con que sea la mitad de buena que tu reseña ¡me doy por satisfecha! Este finde me la leo (ya tengo el libro en mis manos) y te cuento. ;-)
    Un besazo!

  4. Al principio interesa, después se vuelve muy pesado por tanto intelectualizar con frases muy largas. Resultó un plomo.

    • Sí? Ay. A mí me encantó. No sé, me pareció diferente. Quizá es que era el libro que necesitaba leer en ese momento y por eso me gustó tanto! Es cierto que el tono de la autora al principio me chocó, pero luego me gustó mucho! Conoces algún libro sobre la misma temática que mole? Un beso!

  5. Hola, soy una mujer no tan joven (aunque si de espíritu) y me está gustando mucho (voy por la mitad), aunque a veces me desespera y quiero que pase algo rápido, y otras me pierdo con tanta intelectualización. Quien no ha vivido algo así, y coincido plenamente que leyendo este libro me doy cuenta porque fracasan algunas relaciones. Los argumentos de Hugo son tan válidos. Si sabes de otro libro tan rico para recomendarme gracias!!

    • Hola María! A mí me gustó muchísimo, pero también porque me vi reconocida en su patrón para estropear algo que apuntaba. No sé si has leído La soledad de los números primos. En su día, cuando lo leí, me encantó, aunque no tanto como éste. Si se me ocurre otro te lo digo! Gracias por escribirme. Un besote

  6. Hola! conoces algún libro similar?

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