Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor

Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor by lakriticona  

“Qué beso. ‘Recordaré este beso hasta el día que me muera’, pensé”

   

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Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor comienza bien. Muy bien. Ideal para una mujer de vacaciones. Con una prosa ligeramente irónica, alejada del tono cursi que suele envolver, por norma, las novelas románticas. Me recordaba, de hecho, un poco a El diablo se viste de Prada (el primero, el bueno, no su abominable secuela). Me parecía un libro para nosotras, que no nos trata como dos neuronas, sino que juega, tiene giros, guiños, hace gracia. Y está bien escrito. Al menos a mí me gustó. Pero… eso sólo le dura 40 páginas (de eBook), que es lo que tarda la trama en deshacerse y convertirse en un simple diario de “así es la historia de mi vida con mi marido”. Se acabaron las subtramas, la intriga y la literatura. Cuesta terminarlo.  

Quizá lo mejor de Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor es conocer su propia historia, cómo pasó de blog a libro (y no digital sino papel), que es básicamente ésta: un día Ree Drummond se pone a escribir en Internet cómo conoció a un granjero macizo y éste se convirtió en su marido. Relata así, cómo, casi por inercia, ella mutó a granjera con muchos tacones en el baúl y decenas de recetas de cocina en la cabeza (y en el blog, con cuatro millones de visitas al mes). Una proeza que hace creer que hay futuro en la literatura, que si se escriben buenas historias, que llegan, se lee. Y, aunque a mí está me durara 30 páginas, me alegro mucho que cosas así aún sucedan, que este libro exista. 

“Me di cuenta por las malas de que romper gradualmente el corazón de una persona no existe, por mucho que creas que prolongar el proceso servirá de algo. Siempre existirá El Momento”

Vuelvo al principio. De veras que me pareció interesante (aunque no se lo recomendaría a ningún hombre). Me gusta cómo se describe ella, sin azúcar y aire pop. Se ríe de sí misma. Y te contagia. Y es que Ree es una de esas chicas que hemos visto en millones de películas americanas. Guapa, inteligente y urbanita. Terminada la Universidad, en California, hace escala en su pueblo, de Oklahoma (la foto, de hecho, la hice allí, en algún lugar este estado durante mi Ruta 66), antes de la vida que ansía, en Chicago. Tiene una relación que no le llena, pero que arrastra por inercia y, un día, en Navidad, conoce a un granjero de mirada salvaje y tierna que le pone el estómago al revés y el mundo patas arriba. Esta es la parte que me gusta. Muy cinematográfica. De frases cortas y directas. Y cómo se va enredando en ese hombre que llama Chico Marlboro, cómo se lía todo con su ex que no ha dejado de serlo y su propia cabeza, que empieza a mutar. 

Pero en el momento en que todo eso desaparece y ella se convierte en una granjera enamorada, el libro pierde toda su chispa y su fuerza. Todo lo ves venir. Todo te lo esperas. Es como un diario que ella le escribe a él y que a ti te sobra. No hay subtramas ni otros hilos ni nada, salvo ellos y su día a día. A mí, de verdad, se me hizo bola (y mira que es fácil de leer), me costó terminarlo. Lástima, porque prometía. Aunque eso no quita para que piense que, si tuviera que regalarle ahora mismo un libro a mi hermana, sería éste.

   

Te gustará: El principio. Está bien escrito y entretiene. De lo mejor de novela romántica que he leído. Es muy para chicas. Por norma general, les gustará.

No te gustará: El final. Desde la boda se hace interminable. No pasa nada. Sólo ellos y esa relación que va madurando sin sobresaltos. 

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