La trama nupcial

La trama nupcial by laKriticona blog

  

“Mi meta en la vida es llegar a ser un adjetivo, dijo”

  

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Desde ahora, Jeffrey Eugenides será DonDon Jeffrey Eugenides. ¡Buena novela La trama nupcial! Cómo te va atrapando en ese trío discontinuo que forman Madeleine, Mitchell y Leonard, tres personajes que transmiten una fuerza brutal. Si en Middlesex, Eugenides me sorprendió, confirmo con esta novela mis buenas sensaciones. Cuando cierras un libro, a no ser que sea una auténtica basura, casi siempre te gusta. Y te gusta porque acabas de cerrar una historia, de ponerle el último punto a un círculo, a las vidas de unos personajes que, más o menos, has sentido dentro de ti y, al fin, sabes qué les pasa. Clic, carpetazo, asunto cerrado. Crees en el destino y en las casualidades, sonríes como una boba y ya está, a otra historia, a otro comienzo. Es entonces cuando el espejismo comienza a desvanecerse. Más…

Así es como la pierdes

Asi es como la pierdes Junot Díaz lakriticona

  
“Le preguntas a todo el mundo: ¿Cuánto tiempo toma recuperarse? Hay muchas fórmulas. Un año por cada año que estuvieron juntos, dos años por cada año que estuvieron juntos. Es cuestión de voluntad: el día que lo decidas, se te pasa. Nunca se te pasa”

    

Qué gusto da cuando un libro te atrapa desde la primera letra hasta la última página. Qué delicia, de verdad. Eso me pasó con Así es como la pierdes. ¡Qué gran descubrimiento Junot Díaz! Llegó a mis manos, una vez más, por el consejo del librero de Ojos Verdes (cada día tengo más claro que ese chico es un genio) de La Central. Jamás había oído hablar de Junot Díaz. Ni mencionarlo. Y eso que en 2008 fue Premio Pulitzer por La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Pero nada. Ni libro ni autor me sonaban. Ahora le buscaré en cada uno de mis viajes a Callao. Más…

El malentendido

Malentendido

   

“En la playa, el pasado verano, Francette solía jugar a sumergir las manos en el mar para coger un poco de espuma; al cerrarlas, gritando de felicidad, echaba a correr hacia ella con toda la fuerza de sus piernecitas. Pero cuando volvía a abrirlas, sólo encontraba un rastro de agua… Entonces se echaba a llorar, pobre mujercita, y volvía a empezar. Pues eso era el amor”

   

El Malentendido es la última novela de Irene Némirovsky que se ha publicado en España. No es su mejor novela, pero de nuevo es una obra magistral que traza con una precisión brutal la psicología de los personajes. Nadie define como ella, nadie dibuja a los personajes tan de carne y hueso. Y no tiene piedad. Consigue plasmar con precisión todos los recovecos del alma humana, con sus miserias y miedos tan palpables como las virtudes. Némirovsky consigue meter al lector dentro de sus cabezas, como si, en efecto, fueran carne y hueso y, eso que leemos, pensamientos al aire. Más…

La transmigración de los cuerpos

La transmigración de los cuerpos Yuri Herrera lakriticona

“Vicky no podía entender. Vicky era hermosa y estaba acostumbrada a cruzar una habitación con paso firme, jalar de los huevos a quien se le antojara y arrojarlo a su cama sin que le sorbiera el seso. Nunca había tenido que esforzarse para tener con quien coger, y eso a él le daba un poco de lástima, así como le daban lástima los que no saben lo que se siente al ver una gran ciudad por primera vez porque han crecido en ella, o el que no recuerda lo que es sentirse guapo por primera vez, o por primera vez besar a alguien a quien parecía imposible besar; no sabe de milagros”

 

Lo primero que me llamó la atención de La transmigración de los cuerpos fue el rojo intenso de su portada. Yuri Herrera. Nunca había oído hablar de este autor mexicano. Tuve el libro en las manos un par de veces antes de decidirme a comprarlo. Al final me convenció un dependiente majísimo de La Central. “Te sorprenderá su capacidad para crear personajes”, me dijo. La clavó. Más…

Marineros que surcan los cielos

marineros que surcan los cielos Vicent J. Martínez  

“El universo es tan inmenso que parece presuntuoso intentar explicarlo. En efecto, las escalas cósmicas de distancia y tiempo son descomunales. Remarcan, por su contraste clamoroso, nuestra pequeñez y lo efímero de nuestra existencia. Habitamos un planeta que gira alrededor de una estrella ordinaria, semejante a cien mil millones de estrellas más en nuestra Galaxia (…). La vida humana es muy breve en comparación con el devenir cósmico (…). Si una persona vive cien años, este lapso representa, en la historia del universo, un intervalo de tiempo equivalente al que espera una persona cualquier día hasta que un semáforo cambia de color, en comparación con la duración de su propia vida”

 

Lo que esperas un semáforo. Eso son cien años de nuestras vidas para el universo. Un grano de arena en una playa kilométrica. Un copo de nieve en la Artántida. Eso somos. Y, en cambio, tan importantes nos creemos. Cuando era niña, iba a todas partes con un atlas gigante. Me pasaba las horas mirando los planetas. El sol. Mercurio. Venus. La tierra. Marte. Júpiter. Saturno. Urano. Neptuno. Plutón. De niña soñaba con ser astrónoma y recitaba los planetas de carrerilla, a todas horas. Aún siento un vértigo inmenso cuando pienso en el universo, en que no somos más que motas de polvo, que nuestro venerado sol no es más que otro punto de luz que brilla en el cielo y que, un día, se apagará y cuando ese día llegue nadie recordará El Quijote, ni a Anna Karerina, ni a Shakespeare, ni al descubridor Colón. Más…