Misión olvido

Mision olvido lakriticona María Dueñas

  

“El tiempo había separado nuestros caminos y quizá el músculo de la cercanía había perdido vigor. Pero quedaba la huella, los posos de una vieja complicidad”

   

Misión olvido… Parafraseando el título, es una novela para, mejor, olvidar. Y al instante. No miento si digo que quizá sea una de las peores que he leído en la vida. Y lo siento por María Dueñas, su autora, porque me cae genial y me parece que le pone el alma a las cosas, y es simpática, y escribe bien, y me alegra muchísimo su éxito, pero muchísimo de corazón, pero lo que no puedo negar es que Misión olvido es una novela sosa, aburrida, sin argumento ni demasiado sentido. Imaginaba que después del terremoto editorial que fue (y aún es) El tiempo entre costuras, la segunda novela de María Dueñas no serían tan buena, pero… ¿esto? Más…

La estación perdida

 La estación perdida Use Lahoz lakriticona

   
“Y la vida se deshace en fechas que hacen pensar en lo que no se hizo”

 

Menuda decepción. Después de leer El año en que me enamoré de todas, las sensaciones sobre Use Lahoz eran contradictorias. Por un lado el libro me había gustado. Lo había leído del tirón y la historia me había entretenido. Pero había un pero enorme. Metodio y ese manuscrito al que no le encontré mucho sentido en ningún momento. Aún así, estaba más cerca del sí, del me gusta Use, que del no. Pues bien, ya no. La estación perdida me ha quitado de golpe todas las ganas de seguir leyendo a Use Lahoz, que ha pasado quinientas treinta y tres páginas de suplicio después al apartado de escritores-pereza. Más…

Las ardillas de Central Park están tristes los lunes

Las ardillas de Central Park están tristes los lunes lakriticona Katherine Pancol

 
“Antes de conocerte creía que había amado, pero sólo me había enamorado. No puedes decidir dejar de amar. Amas durante el resto de tu vida… Y ésa es la única diferencia”

 
Hoy me siento un poco Boyero. Me explico. Jamás olvidaré aquella crítica que hizo sobre La piel que habito de Almodovar (la podéis leer aquí). Aquella frase lapidaria: “No he tenido oportunidad de revisar esta película desde que la padecí hace varios meses en la última edición de Cannes. Recurro por ello a la hastiada memoria”. ¿Imagináis por dónde van los tiros, no? No puedo con Katherine Pancol. De verdad, no puedo. Aún recuerdo cómo me gustó Los ojos amarillos de los cocodrilos. Veía ese libro en el Metro y me intrigada. Leía la sinopsis de su contraportada y crecía el misterio. Lo compré y fue el mejor libro de aquel verano… Lo leí del tirón en la playa. En un día. Mi cuerpo estaba ahí, bajo el sol, pero mi cabeza no. No, no. Mi mente volaba a París, se metía en la piel de Josephine, se enamoraba con ella, se irritaba con Iris, tenía ganas de pegarle un tortazo a Hortense. Sólo la parte de Marcel Gorzs se me hacía un poco pesada. Pero poco. El libro me gustó. Lo recomendé. Lo regalé. Lo alabé. Y me compré impaciente El vals lento de las tortugas. No, qué digo lo compré. No me lo compré… ¡Pagué 22 euros por ese libro! Es decir, tiré 22 euros a la basura. ¿Y ahora con Las ardillas de Central Park? Pues ahora también. Más…

La casa que amé

La casa que amé Tatiana de Rosnay lakriticona

“Nadie recordará la calle Chidebert, la calle Erfurth, la calle Saint-Marthe. Nadie se acordará del París que nosotros, usted y yo, amábamos”
 

Tatiana de Rosnay escribió un libro precioso, La llave de Sarah, publicado en España en 2008 y llevado al cine en 2010. Aquella llave encerraba un terrible y desolador secreto. La llave de Sarah era un libro espeluznante, sobre el genocidio nazi, desde los ojos de una niña, Sarah, que se hace mayor de repente la manaña de 1942 en la que los gendarmes franceses la apresan con su madre y la llevan al Velódromo de Invierno mientras ella aprieta fuerte esa llave de metal contra el pecho, el símbolo de la vida que ya nunca volverá, su deber más inmediato, su gran secreto. Aquel libro me gustó. Es entretenido y te mantiene alerta, en tensión, desde las primeras páginas. Está bien armado y, sobre todo, cuenta una historia. La casa que amé es, sin embargo, un pluf. Totalmente. Sí, serviría para que los habitantes de la Francia de finales del siglo XIX recuperaran sus raíces, olieran, sintieran y tocaran su París, pero poco más. A mí particularmente, del libro sólo me han interesado las últimas diez páginas. El resto, todo decepción. Más…