Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End

Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End 

“Aquella casa ya no existe. Ni aquel altillo (…) Tampoco la puerta del baño, ni las frases de aquella novela escritas con acrílico en la pared del comedor. Y tú ya no volverás a coger trenes per venire da me”

  

Si te quieres leer ‘The End’ puedes comprarlo en este enlace a La casa del libro

Y, de repente, aparece una novela que parece escrita sólo para ti. Cada frase, cada letra. Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, de Paula Bonet. Oh. No encuentro aún las palabras que puedan describir este libro. No, libro no. Esa palabra se le queda chica. Esto es algo más. Es arte. O magia. Es su papel satinado. O, quizá, las bellas, bellísimas ilustraciones con las que Paula Bonet completa los relatos. O la prosa poética con la que narra todo eso que escinde en dos la palabra nosotros, que vuelve a dejarla en dos piezas que ya no encajan: tú y yo., que te alejas. O yo, que me voy. Más…

Rebelión en la granja

 Rebelión en la granja George Orwell lakriticona

  

“De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos; exceptuando, naturalmente, los cerdos y los perros”

 

Hace muchos, muchos años que tenía pendiente leer Rebelión en la granja. Muchos me decían: “Lee y verás“. Y yo sabía que sí, que leería, vería y que me gustaría, porque George Orwell ya me desmontó hace una década con 1984. Ese libro que habla del Gran Hermano que todo lo ve y que veo cada día, en las calles, en las tiendas sucias y cerradas, en los carteles de Se Vende, Se Alquila, Se Traspasa, en los discursos políticos, en las primeras páginas de los periódicos. Allá donde miro leo a Orwell, veo al Gran Hermano. Y un escalofrío recorre mi cuerpo. Desde la punta de la cabeza hasta la mismita punta de la uña gorda del pie. Pues Rebelión en la granja te deja una sensación parecida. O peor. Más…

Stoner

Stoner John Williams lakriticona

 

“Se quitó la alianza que había llevado y la introdujo en una grieta entre la pared y la chimenea. Sonrió tímidamente. ‘Quería’, dijo, ‘dejar algo nuestro aquí, algo que sepa que permanecerá aquí siempre mientras este sitio exista”

 

Escribo la frase y se me llenan los ojos de lágrimas. Es tal la emoción que produce Stoner, el mejor libro que he leído en 2014 (en lo que llevamos de 2014) y quizá ya uno de los mejores de mi vida. He tardado varios días en poder escribir sobre él. Abrumada por todo lo que su lectura desató dentro de mí. Me lo habían recomendado desde varios lugares. Alicia, Nerea, Miguel Ángel, Carmen. Todos me decían. “Léelo, te gustará. Léelo, te abrumará“. Lo cogí con ganas. Aparqué al resto de lecturas. Pero quizá esperaba una primera frase como la de Cien años de soledadDe esas que te agarran de los huevos en la primera línea y ya no te sueltan hasta el final. Y no. Me sorprendió (y hasta decepcionó) lo común de su comienzo, la simpleza de su argumento: un profesor de universidad que muere sin homenajes ni gloria. Y ya. No había hielo. Ni una historia fantástica. Sólo eso, un profesor de universidad que muerte en el olvido. Leí dos páginas. “¿Y esto es el libro ese tan maravilloso que decían?“, pensé. Y lo aparqué. Esa misma tarde hablé con Alicia. “Pues he comenzado Stoner y no sé, no me dice nada“. “Sigue y verás”, insistió. Lo retomé con más curiosidad que ganas. Y menos mal. Porque esta historia cotidiana y triste crece a cada página que pasas y cuando cierras el libro sólo tienes una sensación, la de haber leído una de las novelas más increíbles de tu vida, de la historia. Más…

A bordo del naufragio

A bordo del naufragio lakriticona Alberto Olmos

 

“Tu abuela no vive el presente porque el presente ha retirado del curso legal las monedas con las que ella compró sus primeras chucherías y ha retirado también la música que ella bailó, sus héroes, sus atuendos, su lenguaje, sus prejuicios (…). Tu abuela mira al mundo y ya no lo reconoce (…). Su vida se reduce al recuerdo, y su memoria se va deshojando de recuerdos por la vejez y la falta de objetos donde asirse”

   

Qué gran libro. Qué descubrimiento Alberto OlmosA bordo del naufragio es una lectura muy, muy recomendable. Cortita y al pie, como se suele decir en fútbol. Fácil, que no simple. Se lee en nada, pero es de esos libros que luego pesan. Porque cada palabra de A bordo del naufragio es una cuchilla que te corta. Sorprende su estilo. Corto, acerado. A veces de corrido. A veces, sin comas, sólo con mayúsculas y minúsculas en un baile que, si en otros escritores marea, confunde, en el caso de Olmos te hace pensar, te abruma. Más…

En la orilla

En la orilla lakriticona Rafael Chirbes

  

“Sólo cuando estás en la ruina descubres que hay que comer todos los días, fíjate qué bobada. Pues claro. Eso lo sabe todo el mundo. Lo que en condiciones normales ni siquiera adviertes, cuando no tienes un euro en el bolsillo se convierte en tu gran aventura: to-dos-los-san-tos-dí-as-hay-que-co-mer”

  

El día que terminé En la orilla, dormí mal. Me ahogaba una pesadilla gris, una mano podrida me agarraba el cuello y por más que yo tirara no me soltaba, no me dejaba, mientras un rastro de pieles sueltas y gusanos se quedaba entre mis dedos. Desperté con la sensación de que alguien se había comido mis entrañas con una cuchara y me hubiera dejado vacía, como si en mi interior sólo hubiera una tierra inhóspita y devastada como en esas fotografías de la superficie de Marte, como si no hubiera nada. Eso es lo que me ha dejado esta lectura. Un puñado de lágrimas a punto de estallar en la garganta. Qué libro tan duro. Una dureza terrible y descarnada que te muerde con una brutalidad intensa porque eso que lees es una radiografía exacta de lo que ahora vivimos. Esta terrible resaca que no se va llamada crisis. La crisis y sus secuelas. El derrumbe de una sociedad que boquea en la orilla sin salvación ni esperanza. Más…

Nada

Nada Carmen Laforet lakriticona

 
“Si aquella noche -pensaba yo- se hubiera acabado el mundo o se hubiera muerto uno de ellos, su historia hubiera quedado completamente cerrada y bella como un círculo’. Así suele suceder en las novelas, en las películas; pero en la vida… Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace…”

    

Nada ha sido un puñetazo en el estómago. Un libro que has estudiado, del que estás harto de oír hablar. Y, sin embargo, ahora me pregunto por qué he estado tantos años sin leerlo. Podía haberlo hecho hace quince, cuando en el colegio nos contaban que Carmen Laforet había ganado la primera edición del Premio Nadal (1944) con 23 años y esta novela llena de nada, triste y gris, que retrata la España después de la guerra, sus secuelas, y te impregna el alma de un desasosiego que no se va cuando la acabas. Creo que Andrea ya es un personaje que nunca me abandonará del todo. Melancólico y lánguido, como el poso de una guerra, como una mancha cuyo cerco nunca se diluye. Más…

Intemperie

Intemperie Jesús Carrasco lakriticona 

“Cuando habían recorrido veinte metros, el viejo se detuvo y se volvió hacia donde se había quedado el niño: -No te voy a esperar toda la vida”

  
Terminé este libro anoche y aún siento ese vértigo, ese vacío, ese perder pie del suelo, que dejan las novelas que te cambian. Es inmenso, desgarrador y brutal. Una joya que se convertirá en un Clásico de la literatura española. Lo avisa su portada: “Un debut literario con alma de clásico”. “La riqueza de Delibes y la fuerza de Cormac McCarthy”, dice también. Y no puedo estar más de acuerdo. Intemperie es un libro sin fechas ni nombres en un mundo devastado. La huida hacia delante de un niño a través de una tierra árida y sin futuro. Un niño que deja atrás la hebilla del cinturón de su padre y algo mucho más terrible para encontrar el cobijo de un cabrero.

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