Cicatriz

Cicatriz by lakriticona   

“Sólo si escribes podrás justificar tu existencia en el futuro”

  

Si te quieres leer ‘Cicatriz’ puedes comprarlo en este enlace de La Casa del Libro

Cicatriz es la última novela de Sara Mesa, esa autora que ya me gustó en Cuatro por Cuatro. Me gusta mucho cómo escribe. Frases cortas, a veces de una sola palabra, con ritmo de vídeoclip. Quiero leerme toda su obra. Se ha convertido en uno de mis descubrimientos de este año en el que demasiados libros me han provocado pereza, como si lo que leyera ya lo hubiera leído muchas veces, como si todas las historias fueran un bucle infinito, sin fin. Y a veces mal escritos, o escritos de una manera que a mí me aburre, me cansa, me desconecta. Con Cicatriz no me ocurrió eso. Lo comencé anoche. Lo terminé esta mañana. Es entretenido e interesante. Merece la pena leerlo y descubrir a Sara Mesa en sus páginas.

La historia me recordó a El túnel de Ernesto Sábato, ese libro en el que percibes como el único fin de una obesión creciente casi siempre es, solamente, la locura. Aquí la protagonista se llama Sonia, una joven con un trabajo de mierda, vive un ambiente de mierda en su casa (con su madre, su hermano rebelde y su abuela, sin dinero), con muchas horas vacías que rellenar, consciente de que toda tu vida es eso: de mierda. Y lo hace, busca un escape. Su ventana es Internet. Un día entra en un chat literario y pasa los (muchos) ratos muertos de su trabajo ahí. Otro día, unos de los chicos del chat la escribe un privado: “Dime tres libros que quieras leer y yo te los envío: a cambio sólo te pido una foto tuya de carnet”. Y Sonia se lo piensa, pero al final accede. Total, qué puede perder. La protege el anonimato de un seudónimo, una pantalla de ordenador. 

“El sexo es tormento, dolor y soledad, una rémora animal de la que no se puede escapar”

Pronto sus días vacíos los llenan los correos de Kunt, así se llama el chico. Él le envía paquetes de libros cada semana, cada vez más. Sólo le cobra los gastos de envío. A él no le cuestan, los roba, de los Corte Inglés, Casas de Libros y VIPS, a lo Robin Hood de la cultura. Él es un tipo, asocial, extraño, que envía lo que cree, sin que por debajo se intuya ningún interés sexual oculto. Le pide a Sonia que pormenorice su vida. Que lea aquel libro o éste. Que escriba. Y parece que su voz fuera subiendo el tono a medida que va cogiendo cofianza. Nunca tiene suficiente con los detalles. Siempre quiere más, hasta rozar la paraonia. Al trabajo de Sonia cada vez llegan más paquetes. Más pesados y con más cosas. No solamente libros ya. Ella, halagada al principio, (hay una frase que me encantó y que lo resume: “Lo que la atrae es sentirse destinataria de su atención”), pronto comienza a agobiarse. Él resulta pesadísimo, lo es incluso para ti, lector, que quieres gritarle a ella: “Aléjate, este tío es un pirao”, pero claro, al otro lado del papel ella no escucha. En los paquetes comienzan a llegar también botes y botes de perfumes.

Sonia un día conoce a alguien, Verdu, y su vida da un giro. Le interesa. Quiere vivir la vida real con él. Escapar de su casa. Exprimir su historia de amor. Knut sobra. Sus largos correos, sus regalos; tantos ya que no sabe ni donde esconderlos. No se lee los libros, no utiliza los perfumes. Corta la relación. Knut no lo acepta. Y comienza a llamarla. Al móvil, a casa, aunque ella no le haya dado el número. Cuando consigue desembarazarse de él comienza a vivir su vida. Entonces el libro da un salto en el tiempo y, cuando vuelve a posarse sobre la historia, Sonia está bien con Verdú, normal, tiene un hijo, pero algo le falta en su vida. Quizá sentir ese halago. El centro de algo. Busca a Knut. Y lo encuentra. Nunca dejó de esperarla.

“Echar de menos un instante es echar de menos a aquel que éramos entonces”

Y vuelven los paquetes, y los largos mails. Pero Knut ha cambiado. Sigue siendo asocial, pero en su correspondiencia ahora sí late un deseo sexual perverso. Comienza a enviarle lencería cara, carísima, de La Perla, y medias de seda, y zapatos de Armani, y faldas de Scada. Y le pide fotos, sólo fotos, de ella con esos conjuntos. Una vez se encuentran. La espiral cada vez es mayor. Como el ahogo de Sonia. Como la obsesión de Knut…

El relato es interesante. La estructura, compuesta de pequeños saltos en el tiempo que, a veces resultan algo liosos, pero que sirven para traspasarte a ti, lector, el agobio de ella. Y, sin embargo, le entiendes a él, porque ¿quién es de verdad el malo en esta historia: él que se obesiona o ella que alimenta? A veces pasa. Nos sentimos solos, nos dejamos arrastrar por las atenciones que alguien nos procesa sólo por sentirnos amados, pero en realidad no queremos nada con esa persona, que a su vez no entiende ese sí pero no, y la cuerda se va tensando. Una lucha que, siempre, suele acabar en catástrofe. Eso me ha gustado mucho de la novela. Esa lectura. Todos hemos sido Sonia. O un poco también Knut (sin llegar a su nivel de paraonia enfermiza, obviamente). Lo que no me gustó demasiado fue, como en Cuatro por cuatro, el final. Me dejó un poco fría. Esperas más. Una lástima porque sino esta novela pasaría de estar bien a ser muy recomendable. Da igual. Aún así le seguiré la pista a Sara Mesa. Aquí hay un talento brutal. Una escritura que engancha. Es jovencísima. 

  

Te gustará: Su forma de escribir. Frases cortas, sencillas y cortantes.Te la lees en dos ratos, además. Y sin poder dejar de leer.

No te gustará: El final. Para mí, por debajo del resto de la novela.

 

 

Añadir a favoritos el permalink.

2 Comments

  1. Tomo nota, Kriticona, que me gusta esa forma de escribir… aunque también otras. No conocía a la autora. Ni me sonaba. Yo ahora estoy más dedicado a la lectura de otras cosas: más historia, más libros de periodismo, de investigación sobre terrorismo, de viajes… El último que he leído es ‘La Coronación del Everest’, de Jan Morris. Extraordinario. Se trata de la narración de la conquista de la montaña más alta de la Tierra hecha por un periodista del ‘Times’. Unos hombres sin igual peleaban por ascender a cumbre (maravilloo el relato de sus calamidades y de sus éxitos) y él peleaba por mandar el primero la noticia al periódico que le pagaba.
    Todo escrito con maestría, con emoción. A veces parece que te atenaza el frío, insoportable a esas alturas, y otras te transmite la sensación de que no puedes respirar, por esa misma altitud.
    Por cierto, Jan Morris, que entonces era un hombre, ahora es una mujer. Se cambió de sexo. Todo muy apasionante y vivo. Una joya.
    Y mis amigos de la librería Cervantes, de Salamanca, me acaban de conseguir un libro que persigo hace un par de años. un clásico de historia medieval: ‘La conquista de Constantinopla’. Prácticamente imposible de conseguir en España. Lo mejor que me habían ofrecido era mandármelo desde una librería estadounidense a un precio de 150 euros. Excesivo para un libro que es casi de bolsillo, aunque sea de referencia mundial. En Salamanca me lo han enviado por veinte. Después de una búsqueda de meses.
    Besitos, Kriticona
    Ángel

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>