Cirkus Columbia

Cirkus Columbia by lakriticona   

“Uno puede hacer lo que sea, lograr cualquier cosa, pero todo es en balde si la ciudad no lo ve”

 

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Escribo desde el recuerdo. Escribo desde la distancia de seis meses. O siete. Y es difícil escribir. Apenas recuerdo trama, personajes, historia; eso sí están presentes las sensaciones, esas que no se van cuando se lee un libro. Y en este caso me dicen que Cirkus Columbia es un libro raro pero que recuerdas, que te deja un recuerdo vago que te dice: “Es un libro que hay que leer”. Busco en la Wikipedia. Cirkus Columbia fue ganador de un importante premio en Croacia, es la primera novela de Ivica Djikic. Terminó gustándome, mucho además, pero me costó entregarme a la historia. Y eso que es corto, es curioso, está muy bien escrito. Pero no sé, sólo hasta el final no lo cogía con ganas de seguir, con ganas de saber. Eso recuerdo, seis meses después.

Y eso que de quien me lo recomendó, mi querido amigo Luis Lidón, me fío mucho. Acertó con El color de la leche, de pleno. Cirkus Columbia era como esa película de Kusturica, Gato blanco y negro. He intentado verla miles de veces. Todo el mundo me dice que debo, que me va a encantar, pero no puedo pasar de los cinco primeros minutos. La analogía, quizá, me viene por esa primera escena. Divko, un vecino que hizo dinero en Alemania, vuelve al pueblo con una mujer Azra y un gato, negro, que desaparece. Será el principio del fin de la vida tranquila de este pequeño pueblo de Croacia donde sucede todo que se irá desgajando como la guerra colándose entre sus casas y vecinos hasta desmoronarlo todo.

“¿Qué es lo que podías añorar de aquí? Yo añoraba a mi madre, mi calle, el viento, el aire, los olores, la lengua…”

Es una novela coral. Que va deteniendo el foco en diversos protagonistas. Contada a veces de manera clásica, a veces en cartas. A mí se me hizo a veces dificil seguir el hilo. Pero aún asi seguía leyendo porque me calaba su amargura. La leí hace tanto que hoy se me hace difícil detenerme en el detalle. Quizá porque eso, no llegué a entenderla del todo, a enterarme, quién me hablaba, de qué. Aunque a medida que iba acercándome al final y esos personajes que al principio era cotidianos, normales, se iban convirtiendo en personajes de guerra, capaces de matar, capaces de traicionar, capaces de huir, me iba llenando de desesperanza.

Sé que me gustó. Que al final me gustó mucho. Que me hizo preguntarme sobre el absurdo de la vida. De los rencores tontos que crecen hasta convertirse en odios profundos, aunque faltaran cimientos. Y rompen vidas, y rompen personas. Sé que el final, ese tiovivo, me dio una pena horrible, pero horrible. Y no se va. Me pareció tan real. Tan absurdamente real. De los que uno puede encontrarse en la vida, no entre una novela, que hace que a pesar de que hayan pasado los meses y no recuerde apenas nada de ella, sólo ese gato, esa solemnidad del rico del principio, tenga que escribir de ella. Y la recomiende. Claro que sí. Aunque a mí me costara, aunque no entrara, aunque tardara en leer. Hace que te hagas preguntas sobre el ser humano, sobre nosotros y nuestra forma de vivir, sobre el absurdo de las guerras. Y todos los libros que te provocan eso merecen la pena. Por eso desde hacía seis meses tenía pendiente escribir sobre ella.

 

Te gustará: De la mitad al final. Mucho.

No te gustará: Puede resultar liosa al principio. A mí me ocurrió eso. Sigue leyendo.

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