Cómo se hace una chica

Cómo se hace una chica by lakriticona  

“Mientras estás en tu habitación no existes”

       

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Hacía mucho tiempo que no leía un libro así, un libro como éste. No sé con qué estarás tú ahora, si con una novela de peso, un best-seller, la última novedad o una guardia de ocho horas en el día de Año Nuevo pero, lo que sea, déjalo (bueno, el curro no, claro): corre a una librería, la que sea, y cómprate este libro, Cómo se hace una chica, de Caitlin Moran. Creo, y lo digo de corazón, que puede encantarte. Conmigo lo ha hecho. Escribo en éxtasis, después de haberme pasado los últimos dos días viviendo dentro de esta novela. Sí, he trabajado, me he comido las uvas de Nochevieja (hoy es 1 de enero), he cenado y he tomado cañas. Pero no sabéis cuánto me costó salir de debajo de la manta y quitarme el pijama (incluso para lo último): suponía abandonar mi libro, era dejar de leer…, ¡por unas cervezas! Creo que esa sensación lo resume todo. Prefería mi libro a un gin tonic, a una Mahou.

Llevo un par de años atravesando un desierto literario. Sí, a veces aparecen libros que son como oásis, que me leo en un suspiro, pero son los pocos, son cerrarlos y comenzar de nuevo a caminar entre la arena. Y leo y leo y sólo hay arena. Y qué horrible es tener la librería llena de libros y que ninguna de ellos te apetezca (la frase no es mía, es de una amiga, Rebext: me encantó; pura verdad). A veces, si no tienes a nadie que te pueda recomendar, cada libro es eso, un suplicio, un chicle de hormigón. O no pero no es un éxtasis completo, como si a todos les faltara algo: éste está bien escrito pero la historia me aburre, aquel al revés, atrapa, pero no llena… Estas Navidades después de leer De ratones y hombres de Steinbeck (buenísimo) y La Carne de Rosa Montero (me encantó) en un día (ay, cómo disfruto de estos: los días en los que solo leo) comencé otro un poco al tuntún. No me gusta irme a dormir sin tener uno empezado. Una vez leí que alguien no se muere si tiene un libro a medias: primero ha de acabarlo (y, por eso, yo jamás me duermo nada más terminar uno, siempre, antes de apagar la luz empiezo otro, aunque sólo lea una página: la muerte ya no puede pillarme). No sé por qué, en el eBook, elegí Cómo se hace una chica.

“Hay personas que no son simplemente personas, sino que son un lugar, todo un mundo. A veces encuentras a alguien donde podrías pasar el resto de tu vida”

Me sonaba que hay un libro que se llama Cómo se hace una mujer, supongo que será de la misma autora, pero he leído críticas que sí y críticas que no y tampoco le había hecho mucho caso, no había llamado mi atención. Sí lo hizo el primer párrafo de éste: en ella se presenta la protagonista, Johanna Morrigan, una chica de 14 años de Wolverhampton, que se masturba furiosamente en la cama a la vez que intenta que su hermano, Lupin, de seis años, no se dé cuenta: duerme a su lado.

El comienzo es una bomba. Guau. Carta de presentación sin medias tintas. Esto es lo que hay, te grita. Y lo compras. O al menos lo pruebas. Tan de verdad parece. Y no dejas de reirte (mucho), emocionarte, entristecerte (por no poder entrar en sus páginas y abofetear a Johanna, a veces) página a página. Escandaliza, sí, pero con clase; nunca incomoda, al contrario: ¿en cuántas habitaciones de cuántos lugares en el mundo habrá adolescentes que sientan exactamente esto, en este momento? ¿Cuántas? Muchísimas. Están los primeros amores, los primeros excesos, el miedo de no saber hacia donde tirar, que más allá sólo haya invierno. Y sigues leyendo. Aquella noche cuando yo conocí a Johanna por casualidad eran las tres y media de la madrugada: apagué la luz a las seis. Y obligada. No quería tener que comenzar un cuarto libro ese mismo día (ya madrugaba): me lo acababa, así leía. Hoy es dos días después y puedo decir que me ha encantado. Quizá escriba aún embebida por su lectura, sin poso. Pero necesito escribirlo así. Tenía que hacerlo. Tengo a Johanna dentro, el libro, la escritura de Caitlin, todo. Hacía tiempo que no leía así, disfrutando tanto. Qué gran libro, de verdad.

“De pronto me da pena mi padre: llega a casa y descubre que todo lo que había conseguido su generación lo ha destruido la mía”

Lo tiene todo. Personajes que crecen (Johanna). Secundarios que enternecen (su padre, su hermano mayor). Realidad. Porque Johanna es una chica pobre que tiene cuatro hermanos (dos mellizos, los últimos, bebés, llegados sin buscar ni esperar, de apenas unos meses, que han creado una depresión horrible en su madre) que vive en una barriada de código postal chungo y cuyo referente es un padre medio inválido (y absurdamente idealista) que se dedica a buscar a ‘gente de la industria de la música’ en pubs para emborracharles, llevarles a casa y enseñarle sus maquetas (que jamás gustan a nadie) mientras la familia sobrevive de las ayudas sociales. Johanna es torpe, es gorda, es fea, mete constantemente la pata y no tiene a nadie quien la ayude a ser mayor. Sólo desea que alguien la bese (o, en realidad, saber qué es follar). Mientras eso llega se masturba con botes de desodorante y mangos de cepillo del pelo. Ella sólo quiere ser guay, entrar en una sala y, como con Wilde, todos la reverencien (eso me ha encantado, las continuas referencias literarias) pero, en realidad, lo que pasa es que Johanna se equivoca en cada una de las decisiones que toma. 

La novela, de hecho, es la suma de decenas, miles, millones de decisiones equivocadas, cada una de ellas peor que la anterior (y eso sólo puede tener un destino, un final: el desastre a lo película de Alex de la Iglesia). El camino de Johanna hacia la madurez es la música, el sonido Manchester de los 90, y los Stone Roses, y Suede, y los Smashing Pumpkins, y The Smiths, y el odio (tan postizo como crudo) a U2. Comienza pidiendo discos en la biblioteca a 20 peniques y escuchando la radio y termina escribiendo críticas llenas de odio y furia en una revista de crítica musical donde firma como Dolly y practica sadomaso con otro crítico de lengua afilada también (pero rico, pero pijo, pero guapo). Porque eso, Dolly, es la Johanna guay, el personaje que sobre sí misma ha creado para huir de Johanna. Lleva el pelo negro, y una chistera, y las medias rotas, y el delineador tapándole los ojos, y fuma, y siempre está borracha, y folla con todos, se folla a todos mientras hace chistes y responde a cada situación como lo harían los personajes de sus películas favoritas mientras se siente vacía, perdidamente vacía: hace lo que cree que debe, no lo que debería… Oh. La ternura que te produce es tremenda, terrible, horrible.

“La ciudad es una pistola sucia y yo soy la bala”

Y no cuento más. No debo. Debéis leerlo. De verdad: hacía tiempo que un personaje así no llegaba a mi librería para llenarla. Hoy caminaba por la calle y pensaba en cómo la miraría Johanna, qué pensaría. Cómo se hace una chica es un libro lleno de sexo, música, desigualdad, cielos grises, sueños y palabras tremendamente triste porque su novela habla de una Anna Karenina (versión adolescente y gótica principios de los 90) que no necesita arrojarse debajo de un tren: para huir de todo con un bote de desodorante le basta. Gracias Caitlin por hacerme volver a creer en los buenos libros. Parafraseando una de tus frases (“No quiero tener que esperar veinticuatro años para volver a conocerte”), yo no quiero esperar otros 36. Ni siquiera un segundo, un día más para volver a sentir tan adentro tus historias, tus personajes: me voy corriendo a la librería más cercana; acabo de leer que, en efecto, Cómo se hace una mujer también es tuyo Caitlin Moran.

  

Te gustará: Su sinceridad. Lo desvalido del personaje de Johanna. Su padre. Sus hermanos. La facilidad de la autora para meterte dentro de su piel. La música. La historia. La trama. La escritura. Te gustará todo, qué leches. Lo considero Muy recomendable. O, quizá, hasta Imprescindible si eres adolescente: te muestra los margenes de la vida.

No te gustará: Mmmm. Pienso qué puede ser y no me sale. A mí me ha encantado, desde la primera palabra a la última. ¿Quizá que, dentro de tanta referencia musical y con un personaje que es gótico y británico, sólo haya una línea dedicada a The Cure (mi grupo favorito)? Mmmm. Sí. Quizá eso. No se me ocurre otra cosa.

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