Crónicas del desamor

Crónicas del desamor by lakriticona 

“En ocasiones hay que huir para no morir”

    

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Hay quien no siente y, precisamente, ese es su sino: lo único completo es su corazón, pero no sabe como usarlo. Los otros sí. Y da igual que anden malheridos o directamente cojos. Con una rotura parcial o entera, de esas que te dejan en dos. Da igual medio centímetro o un costurón. Una rotura de las que se arreglan o de las que requieren taller y piezas nuevas. Roturas de esas que te llevan a escribir novelas o hacer canciones (que luego todos cantan). Roturas de las que se lloran de la misma manera en Australia o Rusia, en Sudáfrica o Corea: un corazón roto suena igual en todo el mundo. Pues de eso va la última novela de Elena Ferrante y, aunque empieza mal, muy mal de hecho, de abandonar, termina arriba, con tu sonrisa.

El libro, Crónicas del desamor, en realidad son tres. Tres relatos, tres historias independientes que giran en torno a lo mismo, las relaciones, qué ocurre ante un amor no correspondido, porque aunque se correspondan, duelen (en la vida real no es muy diferente). El primer relato es tan malo que invita a abandonar, lo dicho. No porque esté mal escrito (Elena Ferrante no tiene una escritura brillante pero tampoco lo hace mal), sino porque no entiendes nada. La historia en sí está mal contada. No terminas de aclararte. Va de una madre que se suicida, ahogándose en el mar con lencería fina cuando usaba bragas de esparto. De una hija que intenta reunir todos los indicios para entender qué pasó. Nunca lo aclara. Es desordenado y lioso. No llegas a diferenciar lo de ayer con lo de hoy. Un caos. Te preguntas: ¿En serio esto lo escribió Ferrante, la de la saga Dos amigas? Porque la buscas y buscas y no la encuentras. Todo cambia en el segundo (y menos mal).

“Leer y escribir ha sido siempre mi modo de apaciguarme”

La segunda historia es la de una mujer a la que su marido acaba de abandonar. Caminas con ella en el duelo, mientras acepta y se vuelve loca. A ver, para mí, quizá, exagera en el dolor (soy de las que piensan que, si te dejan, otro tren pasa, siempre, sólo has de esperar), en el descenso a los infiernos. Pero te atrapa. Te interesa. Te identifica. Es una historia con principio, nudo y final. Y moraleja. Lo dicho. Emergues. Siempre hay otro tren, aunque no lo creas. 

La tercera es la que más me gustó. Por qué, claro. Es el germen de la saga Dos amigas. Total. Una muñeca que se pierde. El nombre de Lina, el de Lena. También el de Gino. Y está la playa. Y una familia que grita. Y una vida que no quieres y que, sin embargo, te ata: mano al cuello hacia el abismo. Es genial, es brutal. Si has leído a Ferrante antes, Dos amigas, los cuatro libros, es un foco que alumbra directo hacia aquel lugar. Entiendes. Sonríes. Disfrutas. Comprendes. Recomiendas.

  

Te gustará: Si has leído la saga Dos amigas. El primer relato te lo puedes saltar. El segundo relato te entretendrá. El tercero te encantará.

No te gustará: Si te quedas en el primer relato. Ho-rro-ro-so.

  

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