Cuatro por cuatro

Cuatro por cuatro by lakriticona  

“Creo en la reencarnación, pero dentro de esta misma vida. En las distintas vidas que se suceden dentro de esta vida”

   

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Lees las tres primeras páginas de Cuatro por Cuatro y ya estás, entregada. Tiene Sara Mesa un estilo de escribir que me gusta. De frases cortas que son como puñetazos en el estómago. Esa literatura similar a un nubarrón negro que anuncia tormenta. Cuatro por cuatro es una buena novela, finalista del Premio Herralde de Novela, quizá, ahora mismo, el que más prestigio tiene de todos los de España (al menos para mí). Que apuesta más por voces nuevas que por nombres consagrados. Y, al principio, pensaba que esta iba a ser una de Mis novelas 2015, mi descubrimiento del año. Pero comienza mejor que termina. Y eso es una pena. Una verdadera pena.

Cuatro por cuatro se desarrolla en un internado incomunicado donde nada es lo que parece. Éste, el Colish, se erige como oasis en medio de un mundo del futuro en descomposición, cercano a una ciudad, Cárdena, donde ya no hay salvación posible. Dividido en tres partes, la primera es sin duda la mejor. Aquí la protagonista es Celia, una de las chicas del internado. Celia, la rebelde. Celia, la niña becada. Celia, la nota discordante. En la primera escena, en esas tres páginas, acaba de escaparse del colegio con otras niñas (no becadas, pijas, otro mundo dentro de ese mini-mundo Colish) con la intención de huir a la ciudad. Pero las pillan. Claro. Y comienza la novela.

“No existe amor sin contaminación”

Y, en seguida, comprendes que lo que parece no es. A Celia la culpan y excluyen sus compañeras (todas menos una, la Poquita, esa que siempre está enferma). Pero no hay castigo de los mayores. No. Allí en Colish no se cree en los castigos, ni en las normas, se cree en la educación. Aunque miren para otro lado mientras a otro de los niños, Ignacio, lo muelen a palos, y a indiferencia, porque es homosexual. O, aunque el director del colegio sea un cocaínomano. O, aunque la directora de estudios, o algo así, a la que llaman La Culo (curioso nombre), sea recta como una escoba con los niños y las normas y sólo piense en una cosa: quitarse la ropa ante ese director que un día la deseó y ahora la humilla, eso que tanto la asquea y, a la vez, la vida le da. O, o, o… Ahí la novela va creciendo a ritmo de tambor acelerado. Pum, pum, pumpumpum. No puedes parar de leer.

Admiras a Celia. Abrazarías a Ignacio, que se enamora de un nuevo, Héctor, que un día le obliga a chupársela detrás de la puerta de un baño. Y se hacen inseparables (y desaparecen los moratones, y las burlas). Hasta que un día, en el autobús, Héctor le rechaza por una china de hachís… Y vuelve el desprecio. Y nace un nuevo Ignacio que, una tarde, después de un partido, golpea la puerta de un baño, se baja los pantalones, y obliga. Pero no a Héctor. No. A otro niño, aún más débil que el propio Ignacio. Un niño que no desea sino teme. Un niño que llora. Llora todo el tiempo mientras chupa

Y, mientras, El Guía, uno de los cuidadores del colegio, le promete a Celia El Dorado: la llevará a la ciudad a ver a su madre, a cambio de sexo, con él, con amigos, y con… Bueno qué más dá. Con quién sea. Total, es una becada. Y esas niñas no importan, cuentan menos…

“El poder crece cuando se entrega al poder: uno más uno es siempre uno más grande”

Y, de pronto, la historia se corta. Termina la primera parte cuando esperas el redoble final. Comienza la segunda. Ya no escuchas a Celia, de hecho, Celia ya no está. Ahora el protagonista es un profesor suplente (que también esconde mucho) que llega al Colish y no entiende nada. Y tú tampoco. Sara Mesa construye su puzzle a través de las elipsis. La historia se desarrolla en otro plano diferente. Aunque tú pienses que estás leyendo el mismo (yo, de hecho, pensé que este profesor era en realidad la historia de El Guía).

Pero hay pistas que te sitúan.

Por ejemplo, en esta segunda parte, este profesor se encuentra una clase de mayores donde hay un chico, Ignacio, al que todos respetan y temen… Y, claro, vas entendiendo. “Esto vino después de lo otro, no es El Guía“. Pero ésta será la historia que te termine aquella, que te lo explique todo. La presencia de Ignacio te ubica y, por su comportamiento, ves cómo ha pasado el tiempo y qué ha cambiado en ese colegio que parece haber sido construido en medio de una novela de George Orwell, entretejido en esa atmósfera eléctrica que siempre precede a una tormenta. En ese colegio que se presenta como césped cuidado y recién cortado en un mundo sin verde, pero que en realidad es tierra seca, pisoteada, yerma, sin futuro o esperanza, quizá peor.

Me ha gustado mucho, pero hasta la mitad. Porque al final, hay muchas cosas que no se explican. Se lanzan hilos, pero quieres saber más (lo cuento al final, en este spoiler, para no reventar la trama). Y, la última parte, esa que se supone que cierra, como un lazo, no la entendí demasiado. O sea, sí, pero no. Y es una pena, porque de verdad que Cuatro por cuatro, si no fuera por ésto, sería un libro fabuloso. Pero, su parte media-final, me hizo pensar en algo. A mí la película que más me gusta de David Lynch, maestro de la insinuación y este juego que propone Mesa en este libro, es Terciopelo Azul, porque tiene introducción, nudo y desenlace. Porque, aunque enrebesa, explica. No me gusta cuando te sueltan algo al aire y dan por hecho que comprenderás por qué no. Y este libro tiene demasiados silencios en ese aspecto. No es como la peonza que cierra Origen, o el unicornio de Blade Runner (depende de la versión), que tú le pones el final que quieras, aquí debes interpretar demasiado y, para mí, eso siempre es un error. Pierde al lector. Desconecta. Pues algo así me pasó a mí al final con este libro que deja demasiadas tramas abiertas y una pregunta (¿Qué es peor, el Colish, o esa ciudad destruida de la que está incomunicado?). Celia sabía…

 

Te gustará: El principio, eléctrico, bien escrito. Impacta.

No te gustará: De la mitad en adelante. El libro no explica. Y eso hace que pierda su fuerza.

        

      

Spoiler: No llegas a entender qué pasó con Celia (o sea, sí, pero creo que como está contado es muy lioso). O con La Poquita. ¿Murió? O con La Culo. Desaparece sin más. O con Héctor e Ignacio. Sí, lees que no se hablan, pero quieres saber la escena, qué más pasó entre ellos en esos años de elipsis. O el proceso del cambio de Ignacio. Sí. Lo ves déspota, maleado y sabes por qué (los golpes, el maltrato de los otros niños, la necesidad de supervivencia), pero sólo has leído el principio (ese momento en el que olbiga a otro niño a chupársela) y creo que es insuficiente para entender el nuevo Ignacio. Yo, al menos, me quedé con ganas de que me explicara más de esa primera parte. 

 

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3 Comments

  1. Bueno, pues lo he borrado de mi lista, porque tus gustos coinciden bastante con los míos, así que… Yo acabo de leer ‘Egipto, siete días’, que no te recomiendo en absoluto. Una especie de locura sobre un país que me ha atrapado y sobre el que devoro todo lo que se me pone al alcance. Incluso esta novelilla insignificante, pero atrayente para los que hemos estado allí (seis años seguidos), visitando los mismos sitios en que transcurren los hechos, a veces esperpénticos, que cuenta Estrella Rojo Tudela. Viaje al pasado de una turista, encuentro con Ramses II, el que edificó maravillas… Ya te digo, una locura. Pero me lo he pasado bien.
    Sobre Egipto se han rodado malísimas películas y se han escrito grandísimas novelas (¡no ésta!), pero hay otras que da pena leerlas. El ejemplo más claro es el ya fallecido Terenxi Moix, capaz de escribir obras maestras como ‘El Sueño de Alejandría’ o ¡No digas que fue un sueño’ y relatos enloquecidos como ‘El arpista ciego’, que sólo tiene de bueno la portada del libro y el título. Terenxi era muy brillante, pero a veces se le iba la cabeza un poco.
    Sus cenizas las arrojaron sus amigos (Nuria Espert, entre ellos), al Nilo, el río de los ríos, junto al Amazonas y al Congo). Sobre ellos he leído también mucho, y bien. Y sobre el Nilo he navegado y en él me he zambullido.
    No olvides que para escribir una gran novela hay que leer antes buenos libros de historia, de viajes, de memorias… Se lo leí a un escritor de espléndidas narraciones del que por mi mala cabeza he olvidado el nombre.
    Bueno, Kriticona. Ahora me espera un Mundial de Atletismo exigente: muchas horas de trabajo (AS Color, blog Carros de Fuego, as.com, papel, horas y más horas ante la televisión, de madrugada…). Elegiré un libro bueno, pero cómodo de leer. Yo no abandono los libros (ellos no me abandonan a mí) ni en esta situación.
    Abracitos
    Ángel

    • Has de leerte ‘La quinta esquina’. Verás. Ese es un libro que te encantará. Gracias por tus comentarios. Por todo. Voy a darle otra oportunidad a Terenxi, por cierto, lo intenté hace años con un libro suyo y no fui capaz. Un abrazo.

  2. Pingback:Cicatriz, de Sara Mesa | La Kriticona

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