El abuelo que saltó por la ventana y se escapó

El abuelo que saltó por la ventana y se escapó lakriticona blog 

“Entonces cayó en la cuenta de que se había hecho mayor, contra todo pronóstico y sin haber tenido tiempo de pensarlo realmente”

  

¿La verdad? No soy una persona que se caracterice por su sentido del humor. Nunca pillo un chiste a la primera y jamás me hizo gracia Chiquito de la Calzada. Aún así, he intentado encontrarle el punto a este libro, El abuelo que saltó por la ventana y se escapó, que gusta y divierte a tanta gente en todo el mundo. Pero no lo he conseguido, la verdad. Me ha parecido ridículo y sin sentido. Una tomadura de pelo que, ni siquiera, me ha resultado entretenida.

“Está bien, entretiene mucho”, me habían dicho. “Merece la pena”, añadido. Pero ni lo uno ni lo otro. Yo a este libro no le he pillado el truco en ningún momento. No me ha hecho ni puta gracia casi nada. Leía más bien con ganas de acabar de una maldita vez toda la historia de Allan Karlsson, ese anciano que se escapa de la residencia en la que vive justo el día en que cumple cien años y están allí el alcalde y toda la plana mayor del pueblo para soplar las velas. En la estación de autobuses se topa con un heavy/punk/grunge que le deja su maleta mientras se va al baño. Pero justo entonces sale el autobús de Allan y éste coge, tan pichi, y se la lleva. En la maleta hay un millón de dólares robados (o lo que fuera, que ya no me acuerdo, pero mucho, mucho dinero) que el heavy/punk/grunge ese iba a entregar a su jefe…

Ese es el inicio de esta disparatada historia a la que se le van uniendo socios por el camino (incluso un elefante) mientras se recuerda, en capítulos paralelos, toda la vida de Allan y, a la par, la de la historia del mundo en el último siglo. De la Guerra Civil española a la bomba atómica pasando por Churchill, Stalin y Einstein. Porque sí, sí, ¡Allan vivió todo eso! ¡Fijáos, qué suerte la suya, oye! Y no lo hizo por los periódicos o la televisión. No, no. ¡En primera persona! Vamos, que si la parte del presente (lo del elefante y tal) es surrealista, la otra es absurda. Directamente.

“No hay nada que dure para siempre, salvo, tal vez, la estupidez generalizada”

Porque Allan no sólo lo vive. ¡Agarraos, que vienen curvas! ¡Allan es la pieza angular de casi todos los grandes acontecimientos que definieron el siglo XX! Venga ya… De verdad yo leía eso y pensaba: “Ya, claro, y qué más”. De verdad, no soporto los libros así, que para contar la historia del siglo pasado utilizan a un personaje al que, qué casualidad, le pasa todo (algo parecido ocurre en Dime quién soy de Julia Navarro, que ya me horrorizó en su día).

De verdad, me ha parecido ridículo. No me ha gustado nada. Y, aparte de todo, me ha cansado, me ha aburrido, sólo leía con ganas de acabarlo, pero me costó, me costaba todo. Su lectura ha sido como subir al Anglirú en una bici de patines. No sé, de hecho, ni cómo fui capaz de terminarlo.

Y, sin embargo, mientras lo leía, mi compañero Álvaro de la Rosa, un día me preguntó en el periódico: “¿Te has leído El abuelo que saltó por la ventana y se escapó?”. “Sí, justo ahora, y me está pareciendo una bazofia”, le contesté. Me miró como si tuviera tres narices y me hubiera salido un canguro en la cabeza. “¿¿Por??”, preguntó, perplejo: “A mí me está pareciendo genial, no dejo de reírme todo el tiempo”. Ahora la que miraba ojiplática era yo. “Pues yo no le encuentro la gracia por ningún sitio. Eso de que, justo, el tipo éste esté en todo lo que ha pasado en el siglo XX me parece ridículo, patético, sin sentido. No me lo creo”. “¿Pero qué dices! Precisamente eso es lo que lo hace genial. ¿No te das cuenta que Jonas Jonasson (el autor) se ríe de todo? ¿Que dice: ‘Señores, si la historia del siglo XX se sostiene sobre los hombros de este tipo, un casi analfabeto sueco que sólo sabe de explosivos, la historia del mundo la podría haber hecho cualquiera?”.

El suyo me pareció un buen argumento, pero a mí, sinceramente, el libro sigue sin convencerme. El abuelo que saltó por la ventana y se escapó me sigue pareciendo una tontería supina y una gran pérdida de tiempo (no he visto la película que sacaron hace un par de meses, aunque la compararan con Forrest Gump, la verdad, yo con el libro ya tuve de sobra). Lo dicho, será por mi falta de sentido del humor…

 

Te gustará si: Buscas una novela entretenida para no pensar. La cena con Stalin es, para mi amigo Álvaro, el colmo de la risa. Si quieres comprártelo, pincha aquí.

No te gustará si: A mí me parece una auténtica tomadura de pelo y una pérdida de tiempo total y absoluta.

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2 Comments

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