El año en que me enamoré de todas

El año que me enamoré de todas Use Lahoz lakriticona

“Desde la cocina escuché los primeros acordes de ‘Friday I’m love’ y no pude contenerme”
 

Lo primero que me gustó fue el título. El-año-en-que-me-enamoré-de-todas. Me encantó. Sugiere como una bola de discoteca, las luces de neón y una buena y divertida canción de The Cure. Es un título que habla solo. Te dice: “Léeme, que te lo vas a pasar bien”. Después está lo del Premio Primavera de Novela. Apuesta por autores jóvenes. Abre puertas. Me gusta. El primero lo ganó Rosa Montero, mi escritora favorita española, con La hija de caníbal. Años después, Lucía Etxeberría con una novela, De todo lo visible, lo invisible, que marcó la relación más tormentosa de mi vida, como si aquel libro que leí en octubre, antes de todo, hubiera sido el mapa de aquel amor que quemaba y que, casi, destruye. Y El año en que me enamoré de todas, en efecto, ha cumplido, pero sin más. Lo leí en apenas dos días. Lo devoré. Necesitaba algo entretenido y bien escrito. Una historia que me atrapara y que pudiera leer tranquilamente, abstraída en el metro. Que me hiciera volar un poco después del tortuoso penar por el infierno literario que fue leer Las Ardillas de Central Park están tristes los lunes.

Use Lahoz escribe bien, pero quizá la historia a veces resulte demasiado pueril. Quizá haya alguien a quien le dé pereza. Que diga: “Esas historias de amores que os gustan a las chicas”. Pero a mí la verdad es que me gustó. El libro crece a medida que pasan las páginas. Los personajes son entrañables. Tengo treinta años y he vivido los botellones, las fiestas en casa y las resacas de domingos en el sofá. He vivido muchas historias de amor como la Sylvain y Heike. Quizá un botellón no le resulte a un purista el escenario perfecto para una novela, pero a todos aquellos que nos movemos alrededor de los treinta nos han pasado muchas cosas en un botellón. Algunas, incluso, de cambiarte la vida. Use Lahoz, además, sabe contarlo. Me gusta. Es una historia de amor como otra cualquiera. Una historia de amor de un treintañero. No es Anna Karenina. Ni Madame Bovary. Pero nosotros tampoco vivimos en el siglo XV. El relato de Use es muy reconocible. Empatizas. Incluso, leí las últimas tres páginas emborronadas. Emocionada. Llorando. Y eso es porque llega.

Use describe Madrid con ojos de rookie. Y en su descripción encuentro el Madrid que yo descubrí hace diez años. Eso también me atrapó. Respiras la ciudad. Reconoces cada una de sus estaciones en sus paseos, en el calor extremo de Atocha un diez de agosto y el frío de las noches de noviembre en un piso de estudiante sin calefacción.

En El año en que me enamoré de todas confluyen dos historias, la de Sylvain, con un pie aquí y el otro entre Florencia, Hamburgo y París, y la de su vecino Metodio, que un día escribe su propia historia de amor y la pierde. Sylvain la lee. El destino les anuda. Pues bien… A mí, la verdad, la historia del manuscrito de Metodio me sobra. Se me hizo pesada su lectura. Después, cuando el personaje entra en la trama aporta, pero cuando al principio llegaban las páginas del escrito de Metodio (en otra tipografía que ocupaba las diez páginas siguientes) estaba deseando que acabaran.

Quizá alargó la historia de su familia, para mí, demasiado. No me lo creí. No me gusta esa manera de meter una historia dentro de la historia. Silvia, ese personaje con tanto peso en el manuscrito, se desinfla por completo en la realidad. No sé. No me creí demasiado lo de Metodio.

Por mucho que leyera todas sus memorias es un personaje que no comprendes demasiado, que no entiendes, que no, que no. Es el punto negro de la novela. La historia de Sylvain es la fuerte. Y la de su madre, su maravillosa madre. Y la de Michel Tatin que, aunque me recordó demasiado a otro libro con extra de azúcar que se me hizo pesadísimo a pesar de estar muy bien escrito, La mecánica del corazón, me conmovió.

Además, a Use le gusta The Cure. Cuando leí lo de Friday I’m Love, me hizo muchísima gracia. Había escuchado esta canción de cierre en muchas películas, pero jamás la había escuchado en un libro. Soy fan declarada de Robert Smith y su música, así que buscaré a Use Lahoz en otras historias a ver si consigue llenarme del todo como hizo el título de su novela en apenas un vistazo. Me pasó un poco como a Sylvain en la puerta de la cocina: lo leí, El-año-en-que-me-enamoré-de-todas, y a la bolsa, incapaz de contenerme.

Te gustará si: Es una novela entretenida, sin más.

No te gustará si: Lo mejor que tiene es el título.

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11 Comments

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  4. Ayuda estoy buscando impulsar la lectura de mi pequeña de 5 años que me recomendarias? algo que la enganche yo sé que los gusto varian pero quiero algo que no la aburra por ejemplo a mi me encanta historia de una gaviota y el gato que le enseño a volar de Sepúlveda.

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