El desierto de los tártaros

 El desierto de los tártaros by lakriticona

                

“No todos han nacido para ser héroes”

   

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El desierto de los tártaros es un libro lleno de palabras tristes. En cada página te asalta una, como si esa fuera una melodía escondida entre sus páginas. La historia gira alrededor del oficial Giovanni Drogo, a quien, recién licenciado, envían de misión a una frontera en los confines, en la Fortaleza Bastiani. Y allá se dirige él, orgulloso de su cometido. Ya en el camino de ida comienza a decepcionarse. Nadie conoce la fortaleza y, cuando la ve, en realidad es menos grande y lustrosa de lo que se la pintaron, de lo que él se la imaginó. Nada más entrar descubre que esa es una fortaleza que en realidad no pinta nada. Su frontera es un desierto por el que nunca jamás atacó nadie, aunque quienes habitan en ella esperen la amenaza de los tártaros, razón por la que, dentro, se vive sometido a un estricto régimen militar.

A Drogo nada le gusta. Ni la fortaleza ni su habitación, en la que suena constantemente el sonido como de una cisterna. La primera noche ya toma una decisión: marcharse, cuanto antes. Habla con el médico y éste le cuenta que podrá hacerlo a los cuatro meses. Drogo espera. Y descubre que, a pesar de que en ese lugar no existe nada que hacer, hay oficiales que llevan doce, veinte años, como si estuvieran embrujados por éste. Y Drogo no entiende, pero cuando llegan esos cuatro meses de plazo decide quedarse. Quizá sea el sol, cómo entra por las ventanas. O, quizá, el paisaje de ese desierto infinito en el que se pierden sus ojos en las guardias de días llenos de nada.

“Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie”

Y aquí está lo que hace verdaderamente grande a esta novela de Dino Buzzati: todo lo que no se ve, lo que subyace bajo las letras, esas palabras tristes, ese recorrido por la vida de un hombre, y cómo las personas van resignándose ante las injusticias, cómo se van cortando los lazos de una vida con lo que atrás se quedó (su regreso a la ciudad es la parte que más me ha gustado: extranjero en todo aquello que fue suyo; ay, cuántas veces nos hemos sentido así), y cómo nos van amargando las decepciones, y cómo a pesar de ello nunca perdemos la esperanza, la mirada de niño.

Drogo es un personaje fabuloso. Una alegoría del propio ser humano, prisionero muchas veces de un lugar, de sus rutinas. El desierto de los tártaros es un relato precioso que te va atrapando entre sus páginas, como si fueras tú quien caminaras por la arena, y esperaras esa amenaza que nunca llega y que cuando llega es demasiado tarde. Pero así es la vida. Llena de héroes anónimos que nunca conocemos e injusta, más injusta que justa. Delicioso. Una maravilla. Y tan bien escrito. Tanto. Con todas esas palabras tristes que conforman una melodía que no se oye, pero que ahí está, como la gota de agua que cae de una cisterna, tic-tac-tac-tic o tac-tac-tac, en el fondo es lo mismo, entre sus páginas.

      

Te gustará: Este es un libro con alma de clásico. Escrito en 1940 quienes lo han leído, nunca lo olvidan. El personaje de Drogo es fascinante. Una alegoría del ser humano. 

No te gustará: Al principio quizá se hace un poco lento. 

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3 Comments

  1. Pingback:El desierto de los tártaros | la Kriticona

  2. Parece un libro muy profundo :) tiene buena pinta aunque ahora para verano no lo veo claro
    Buena crítica, sobre todo constructiva que es lo que está perdiendo hoy en día.. se hacen solo críticas destructivas sin fundamento. Sigue así !!!
    un abrazo!
    Kris

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