El lamento del perezoso

El lamento del perezoso Sam Savage lakriticona   

“Fuera, por la calle, se acerca una sirena, pasa, va dejándose de oír, se convierte en un insecto, se muere. Noche, vaciedad, pero silencio, no”

 

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Sam Savage me impresionó hace seis años con Firmin. Ese ratón que al nacer se alimentó de letras, de los libros guardados en la estantería más alta de una librería, para marcar su sino. Ya nunca podría llevar una vida de ratón, sin más. El amor por la cultura, por Fred Astaire, por los libros me caló hasta el tuétano. Y mientras él soñaba con la vida que no le pertencía, su mundo se derrumbaba hasta convertirse en polvo, cenizas esparcidas en el viento, nada. Firmin es uno de mis libros referencia. Uno de esos diez que te marcan, que volverías a leer una y otra vez hasta saber todas sus frases de memoria. Si no lo habéis leído, deberíais hacerlo ya. La persona que lo cierra es diferente de la que lo empezó. Y todo por ese ratón, tan pequeña cosa y a la vez tan grande, que te enternece, que te cala.

En El lamento del perezoso el protagonista es de carne y hueso, Andrew Whittaker, pero su alma no es muy diferente a la de Firmin. Los dos solitarios, atrapados en un mundo de letras, inasible, mientras todo a su alrededor se desmorona. Y, sin embargo, le falta el punch de Firmin.

“En el mundo editorial, ‘en este momento’ siempre quiere decir ‘nunca”

Tiene alma, apena, pero no te late dentro como el ratón. De hecho, promete mucho en sus primeras páginas. Sam Savage escribe tan bien que te lleva en volandas carta a carta. Porque El lamento del perezoso es un libro epistolar. Cartas que parten de un edificio que se cae a trozos, con cortinas de plástico azul que cambian la luz del sol, un mundo irreal en el que Andy se mueve entre sombras y sueña con dar lustre a Soap, su exquisita revista literaria, sin hacer realmente nada. Escribe a Jolie, su exmujer, rechaza manuscritos, pide favores imposibles y reclama alquileres mientras se hunde, poco a poco, pero definitivamente, con un único ancla para no dejarse arrastrar por la soledad, que es la escritura.

Me gusta Sam Savage porque sus letras destilan amor por la lectura, un inmenso amor, pero El lamento del perezoso me sabe a poco. A partir de la mitad del libro te cansa, ves claramente qué va a pasar sin que pase nada. O es que, quizá, al abrirlo, esperaba que me royera el corazón como en su día lo hizo Firmin. Y no, no lo ha hecho.

 

Te gustará si: Te gusta el estilo de Savage y esos mundos desolados y tristes que siempre existen en sus libros.

No te gustará si: Esperas algo parecido a Firmin. Esta novela aburre. Y cuesta.

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