El palacio azul de los ingenieros belgas

El palacio azul de los ingenieros belgas Fulgencio Argüelles lakriticona.com

  

“De las pequeñas chispas nacen los grandes incendios”

  

Hace años que mi amigo Álvaro Caballero (quizá la persona que conozco que mejor escribe del mundo; aquí os dejo un enlace para que podáis comprobarlo por vosotros mismos) me recomienda este libro. Muchos. Cuatro o cinco. Y siempre que lo hacía yo pensaba en el Palacio de Cristal del Retiro y que ese azul de los belgas no debía diferenciarse demasiado de éste. La primera vez que pregunté por el libro de Fulgencio Argüelles en la Fnac el dependiente me miró con cara de espanto. “¿El-palacio-azul-de-qué?”. Este libro apenas había salido de las fronteras asturianas y leonesas. Y eso que había ganado el Premio Café Gijón de Novela 2003. Así que lo olvidé. Pero Álvaro insistía: “Debes leer El palacio azul de los ingenieros belgas“. Y si Álvaro lo dice…

El otro día lo encontré en una de las estanterías de La Central. Y mi Librero de Ojos Verdes me contó que este era un libro que había ido creciendo de poco en poco, pasando de boca en boca hasta hacerse gigante. No lo dudé. Fue uno de los regalos de Navidad para una persona especial que me ha dejado leérmelo antes que él. Y me ha gustado. Mucho. A ratos me parecía estar ante el García Márquez de Cien años de soledad. A veces, ante John Irving o el Rafael Chirbes de En la orilla. Siempre ante escritores de talla. Novelas de esas que no pasan, que siempre se llevan un trozo de ti. Pero no me ha emocionado hasta el punto de gritar: “Oh, Dios mío”.

“Para mí era como una obsesión porque las obsesiones se fabrican con lo que no tenemos, un buen día sientes que la urgencia de los deseos se ha convertido en desvelo y necesidad y es como si tu cuerpo hubiera sido ocupado por otra persona”

Quizá es que a veces su lectura se hace un poco densa. Sin blancos ni respiro, sin apenas puntos (y yo soy más de frases cortas). Todo de corrido. La narración, los pensamientos, los diálogos. A lo Saramago. No es un libro fácil ni idóneo para cualquier lector. Necesita uno de callo. Que sepa valorar la buena literatura, sus construcciones precisas, capaz de valorar sus constantes referencias mitológicas, sus explicaciones bíblicas. Sin embargo, se lo recomiendo sin duda a los grandes lectores. Nalo, su protagonista, el aprendiz de todo, se les meterá dentro.

El palacio azul de los ingenieros belgas tiene la hondura de la Lluvia amarilla y el pálpito de un clásico. Su primera página es sublime. Y llevas cinco páginas y estás dentro, sin remisión. En ella, Fulgencio Argüelles te cuenta la vida de Nalo, un chico que vive en un pequeño pueblo minero unos años antes de que estalle la guerra civil y del que lo primero que sabes es que su padre acaba de morir. Nalo tiene una hermana que se llama Lucía, que es extravagente y deliciosa (fascinante) y tiene un marido, Julián, que cada vez que se emborracha la pega en los oídos hasta hacerla sangrar. Y que su madre se come la tierra de los geranios para mitigar el dolor. Y que su abuela cuenta la vida a través de los refranes que aplica a todo. Y que su abuelo es esa figura silenciosa  e imponente que apenas habla y bebe mucho anís.

Lees eso y Nalo te cautiva. Te identificas con su ternura, con esa mirada inocente con la que se enfrenta al mundo, aunque apenas le conozcas. Tiene halo de personaje universal. Porque un día Nalo comenzará a trabajar en ese palacio belga del que un día su abuelo huyó sin explicaciones y al que su madre señala como centro de sus desgracias. 

“La locura era una forma agradable de construirse universos propios cuando no nos gustaba el que teníamos alrededor”

El problema es que es tan intenso y detallista que a veces se hace denso. A veces, al menos yo, te dan ganas de saltarte párrafos enteros (la larga descripción de la cena de autoridades se me hizo especialmente pesada). Pero si lo haces corres el riesgo de perderte alguna de esas frases con las que Fulgencio Argüelles describe el mundo de Nalo (y el tuyo, el nuestro) y te dejan muerta. Porque, como en Cien años de soledad, todo (el despertar sexual, las primeras veces, los pechos turgentes, los miedos, las equivocaciones, la guerra) ocurre alrededor de una casa (un palacio) que va perdiendo a su gente, y su lustre, y su color, y al final sólo es una cáscara vacía, una sombra, habitada por los fantasmas de una época gloriosa que ya jamás volverá. 

No grité de emoción al acabarlo, vale, pero no puedo negar que sí estaba llorando cuando lo cerraba.

     

Te gustará: Muy recomendable, necesita gran nivel lector para encararlo. Inteligente, profundo y lleno de sentencias que te abren en canal. Y es que los libros que crecen, y te llegan, gracias al boca a boca son siempre de los buenos. Si os apetece comprarlo, podéis hacerlo en este enlace

No te gustará: Si se lo regalas a un lector de best-seller te lo tira a la cabeza. Su estilo de frases larguísimas, sin apenas puntos ni puntos ni aparte, ni casi blancos, le echarán para atrás. Este es un libro para lectores con callo. E incluso para ellos, a veces, puede resultar demasiado denso.

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2 Comments

  1. Hará unos cinco años intenté leerlo. Leí unas 150 páginas. Ahí mee paré.
    Creo que ciertamente tiene calidad literaria. Que es apreciable su “tersura”, su buen gusto narrativo. Y sin embargo, llegó un momento en que me empezó a aburrir. A aburrir el cómo lo contaba y lo que contaba. No hubo manera.

    • Hola Alena! Es cierto que a mí este tipo de escritura, a veces barroca, que te obliga a mantener todos tus sentidos sobre lo que en el papel está, a veces agota. Pero realmente es un libro que me gustó mucho. Merece la pena darle una oportunidad :) Beso!

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