El sentido de un final

El sentido de un final Julian Barnes lakriticona

“Nuestra vida no es nuestra, sino sólo la historia que hemos contado de ella. Contado a otros, pero, sobre todo, a nosotros mismos”

  

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Cuando me regalaron El sentido de un final, temblé. La sinopsis (cuatro amigos del colegio, una tragedia, la mirada desde la vejez al pasado) me recordó terriblemente a un libro cuyo título no recuerdo que me horrorizó hace unos cuantos años y no fui capaz de terminar cuando sólo me quedaban diez páginas por lo absurdo que era hacia donde se encaminaba. Creo, de hecho, que lo dejé una primavera en un banco, para que buscara él sólo otros ojos que comprendieran su relato, a los míos, completamente disparatado. No recuerdo su título, gracias a Dios que lo olvidé, pero sí que eran cuatro amigos que se conocen en un internado o un colegio, que uno vive una tragedia y que luego… Bueno, en fin, que no voy a dedicarle ni una palabra más a aquel que, por supuesto, con El sentido de un final de Julian Barnes poco más tiene que ver salvo eso, cuatro amigos, un colegio, una tragedia, la vejez.

Me ha gustado. A secas. Tampoco me ha emocionado, ni arrobado, ni impactado, ni jamás volveré a leerlo, pero me ha gustado. Julian Barnes escribe muy bien y, una vez lo terminas, no puedes sino revisar tu vida desde el prisma de los años. Te remueve un poco. Cerca del final, de la muerte, cómo te recuerdas. Eso es lo mejor del libro. Ese largo diálogo entre Tony Webster, su protagonista, consigo mismo. El foco sobre esas pequeñas cosas que día a día enriquecen nuestra existencia y a las que no les damos demasiada importancia hasta que pasan y vemos, en realidad, cuánto nos llenaban… Quizá no pase nada, quizá haya lectores a los que su narración se le haga un poco densa, pero a mí me gusta eso, entrar en la cabeza del protagonista, sentir sus miedos, derrotas, miserias, alegrías, tocarlo. En fin, sólo eso, tocarlo, pero a veces tan difícil en personas que son sólo de papel.

“Llevábamos las esfera del reloj en la cara interior de la muñeca. Era una afectación, desde luego, pero tal vez algo más. Convertía el tiempo en una cosa personal, hasta secreta”

Pero, mientras lo lees, también piensas que hay varios elementos de la narración que en realidad están ahí para nada. Por ejemplo, eran cuatro amigos, pues dos de ellos podían perfectamente desaparecer. No aportan nada. Y, cuando crecen y los alejan los años y la vida, jamás vuelves a saber de ellos, no aparecen por ninguna de sus páginas. Eso pasa en la vida real, pero en una ficción, todo lo que aparece, debe estar ahí por algo.

Luego, hay un personaje magnético, Adrián, que los deslumbra a todos con una inteligencia exquisita y una tragedia que sacude la vida de Tony cuando todo, el colegio, Adrián y hasta su primera novia no son más que recuerdos dolorosos y viejos. Quieres saber qué empuja su tragedia, qué piensa, qué pasó, pero Julian Barnes te deja con las ganas. Y, eso, molesta. Nunca llegas a leer qué dice un diario que nunca llega. Y esos ¿por qué? que Julian Barnes deja sin respuesta ensombrecen todo lo demás. Baja la nota de un notable a un bien, raspado, sin más. “No entiendes, jamás lo comprenderás, nunca entendiste”, le dicen al protagonista en varias ocasiones. Tony Webster no llega a entender. Y tú tampoco. Y esa parte fundamental que Julian Barnes no desenreda nunca te deja a medias, con la sensación de que El sentido de un final al final no tiene mucho sentido.

 

Te gustará si: Es una novela interesante, entretenida.

No te gustará no: Deja muchas partes sin resolver y eso hace que la sensación final sea algo decepcionante.

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5 Comments

  1. Querida compañera de lecturas, hace dos días terminé esta novela que empecé con mucha expectación por las buenas críticas recibidas y me dejó exactamente igual que a usted. No entiendo muy bien qué nos quiere contar Barnes. Aunque el estilo es impecable y su desoladora visión de la vida (no esperes nada, no hay más) invita a la reflexión, finalmente peca de vacío. Si la vida no nos da nada, al menos que nos de algo la literatura. La historia está un poco cogida con alfileres, parece una anécdota, no un hecho de los que te marcan la vida. Tengo que decir también que empecé Arthur&George (del mismo autor) y que no logró engancharme. Se puede ser nihilista, pero con pasión. Besos y abrazos.

  2. Hola. Es posible que sólo se trate de plantear preguntas y no de dar respuestas. A mí sí me gustó el libro. Julian Barnes merece la pena, aunque no ha vuelto a escribir nada tan bueno como “El loro de Flaubert” o “Metrolandia”. De toda esa generación inglesa -Ishiguro, McEwan, Amis, Swift, Kureishi…- creo que es, si no el mejor narrador, sí el más irónico y ácido. A mí es el que mejor me cae.

    • Tengo que leer más sobre él porque la verdad es que el libro no me gustó demasiado. Meses después de leerlo no me dejó ninguna huella. A mí me gusta más McEwan, no sé, me llega más. Qué otro libro de Barnes me recomentarías? Un abrazo

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