En la orilla

En la orilla lakriticona Rafael Chirbes

  

“Sólo cuando estás en la ruina descubres que hay que comer todos los días, fíjate qué bobada. Pues claro. Eso lo sabe todo el mundo. Lo que en condiciones normales ni siquiera adviertes, cuando no tienes un euro en el bolsillo se convierte en tu gran aventura: to-dos-los-san-tos-dí-as-hay-que-co-mer”

  

El día que terminé En la orilla, dormí mal. Me ahogaba una pesadilla gris, una mano podrida me agarraba el cuello y por más que yo tirara no me soltaba, no me dejaba, mientras un rastro de pieles sueltas y gusanos se quedaba entre mis dedos. Desperté con la sensación de que alguien se había comido mis entrañas con una cuchara y me hubiera dejado vacía, como si en mi interior sólo hubiera una tierra inhóspita y devastada como en esas fotografías de la superficie de Marte, como si no hubiera nada. Eso es lo que me ha dejado esta lectura. Un puñado de lágrimas a punto de estallar en la garganta. Qué libro tan duro. Una dureza terrible y descarnada que te muerde con una brutalidad intensa porque eso que lees es una radiografía exacta de lo que ahora vivimos. Esta terrible resaca que no se va llamada crisis. La crisis y sus secuelas. El derrumbe de una sociedad que boquea en la orilla sin salvación ni esperanza.

En la orilla comienza con el descubrimiento de un cadáver, El hallazgo, la primera de las tres partes en las que Rafael Chirbes divide la novela. Dos perros pelean feroces por llevarse al estómago una mano carcomida ante la mirada de un inmigrante. Una disputa por carroña, antesala del descubrimiento de un cadáver semienterrado en el pantano y un coche quemado, un terrible hallazgo del que huye, aquí no ha pasado nada, yo no he visto nada. El inmigrante se va sin mirar atrás. Atrás. Allá donde queda ese bulto podrido entre los juncos, rodeado de un paisaje de grúas abandonadas, un escenario que “tiene algo de campo de batalla: tierras cubiertas de hierba, naranjales convertidos en solares; frutales descuidados, muchos de ellos secos; tapias que encierran pedazos de nada“. Esto, eso, es la crisis, señores. Esta negrura que nos envuelve desde hace un lustro y que cada vez nos oprime más.

El cadáver es el punto de partida. A partir de ahí, Chirbes desarrolla una narración oscura y pegajosa que mete al lector en la cabeza de Esteban, un viejo al que se le fue la vida en el negocio familiar, una carpintería en la que nunca quiso estar, ayudando a un padre frío y cortante, mientras se maldice por haberse quedado en el pueblo con la excusa de un amor, del primer amor, ese que desgarra porque nunca se queda, ese al que no da tiempo de echarle de más, sólo de menos, ese que no tuvo tiempo de agobiarte, ese al que no viste engordar y envejecer en el sofá, esa mujer que hace años que no ve, hace demasiados que pasó, pero ahí está, siempre presente, ahí, aún doliendo como a los veinte años cincuenta años después (“ella estaba en todo lo que miraba, lo que tocaba: no era amor, el amor no dura tanto, habían pasado unos cuantos años, más bien debía ser rencor, el rencor no tiene fecha de caducidad, ella vuela y se salva, yo me anclo a tierra por ella y me quedo solo“). Leonor, la misma que le dejó y triunfó en la gran ciudad, esa que se fue con su mejor amigo, un amigo que en el ocaso regresa al pueblo convertido en alguien de mundo, rico y respetado, mientras Esteban malvive en la carpintería, con cinco empleados, cuidando de su padre, hoy vegetal, reviviendo a Leonor a cada momento, hablando con ella a solas, comprobando como la vida se le escapó sin posibilidad de marcha atrás.

La narración de Chirbes es fabulosa. Asistimos a un largo monólogo de Esteban. Las páginas de En la orilla nos abren la puerta a sus pensamiento y es tan vívido que consigue meter su voz en tu cabeza. Como si Esteban formara parte de tus células y su vida fuera, en parte, la tuya. En los pensamientos no valen máscaras ni engaños. Uno está desnudo ante sí mismo. Puede intentar mentirse, pero es imposible mentirse a uno mismo. La realidad está ahí, ante nuestros ojos, y es imposible evitarla, mirar hacia otro lado, como ese inmigrante que se fue dejando ese cadáver descompuesto bajo el sol.

¿A quién pertenece? ¿Una prostituta de las muchas que buscan mercado entre la oscuridad de los juncos? ¿Un desempleado? ¿El padre de Esteban? ¿Ese mejor amigo que llenó la cabeza de sueños y se fue con la mujer que tú querías? ¿Ese constructor que desaparece sin dejar rastro? ¿Quién es esa victima de la crisis? Puede ser cualquiera. Por En la orilla desfilan muchas.

La escritura de Chirbes es absolutamente desgarradora. Mi libro, su novela, está llena de frases subrayas a lápiz, de muescas, de sentencias inolvidables (“Todo el mundo sabe que nadie es tan joven que no pueda morir hoy“). Porque no sólo tenemos ahí la verdad de Esteban desnuda, también la crisis, la puta crisis que, de un modo u otro, nos está ahogando a todos. En En la orilla están todos. Las víctimas y los ejecutores. Los empresarios y los empleados. El constructor y el estafado. Aquel al que todo le queda y éste que todo lo pierde. Todo envuelto en un papel transparente, la escritura de Chirbes, que te lo cuenta como es. Sin filtros ni azúcar. Y te hunde. El egoísmo del ser humano, su necesidad de aparentar, de tener más y más, de acumular, de ser el mejor, de gustar a todo el mundo, todo eso está, en la esencia de la crisis y en el fondo de este libro lleno de historias tristes.

A veces, se calla la voz de Esteban y te habla una puta o un desempleado o un hombre que ahora debe llevar la casa mientras su mujer trabaja en un mercado de frutas o la de aquel que sobrevivió a la guerra y escribe sus pensamientos en la parte de atrás de un calendario. Unos marcados por un sino trágico, otros por la crisis. A veces entretejidos en una conversación de dominó, otras en una narración en tercera persona o en cursiva. Y por encima, la voz de Esteban, que casi todo lo llena con esa realidad sucia y gris que, por desgracia, es la realidad de muchos.

En la orilla es una lectura que a mí me ha dejado devastada por dentro. Como si te introdujera en las aguas estancadas de este hoy que destroza familias e ilusiones, principios y lazos, que ha dejado calles muertas, centros comerciales vacíos, llenos de nada, con persianas bajadas y carteles que todo lo venden, todo lo regalan y traspasan. Uno de esos está al lado de mi casa. No tiene paredes de cristal ni terraza en el ático, está vacío, con las verjas echadas en veintisiete de sus treinta locales cerrados, al borde de la quiebra total, esa quiebra que sobrevuela el barrio entero. Por eso lo vi claro. En la orilla pertenece más que nadie a ese lugar. El resultado de la foto a mí por lo menos me resulta perturbador, como un grito de socorro que sale de la entraña pero que nadie escucha.

Como dice Miguel Ángel Hernández, autor de Intento de EscapadaEn la orilla es una obra maestra. Ya lo dice un grande. Poco más tengo yo que añadir.

  

Te gustará si: Es una novela durísima, pero me encanta cómo retrata la crisis Chirbes, huyendo de tópicos y lugares comunes, y cómo escribe… Guau. Aquí te dejo el enlace para que puedas comprártelo si lo quieres leer. Re-ga-la-zo.

No te gustará si: Al principio se hace un poco complicada su lectura. No tienes muy claro quién te habla, de qué. Hazme caso: sigue.

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13 Comments

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  4. Wuau! que reseñón!! Hoy he estado en fnac en mi zona favorita(la de los libros) y repasando las portadas me detuve sin querer en este que comentas aqui.Me leí la parte de atrás tal y como hago en muchas ocasiones,y lei algunas lineas de una página al azar el estilo parece que es bueno,pero el tema…. eso de la crisis no me la imagino como un tema que me enganche y que me haga disfrutar,no lo se….Le he preguntado al dependiente y me ha dicho que él no lo ha leido,pero que le da buena espina,ha leido muy buenas reseñas y alguna amiga lo ha disfrutado muchísimo, supongo que ya no tengo mucho remedio,intentaré pasar de él,pero una vez que un libro se me mete en la cabeza es cuestión de tiempo de que me informe por reseñas,opiniones de foros,etc.
    Pues nada,hoy que me he pasado por tu blog para contestar a otro articulo,he visto la foto tan maravillosa que te ha salido de esta novela,y me a apetecido dejarme llevar y comentarte algo,espero que no te haga perder mucho el tiempo,y si lo hace,pues siempre puedes pasar de mí,jeje.
    Besos!!

    PD: Ya me diras como consigues hacer fotos tan buenas,¿eres fotografa?
    ¿te gustan las fotos a un nivel más amplio que para enamorar a tus lectores de blog?(de los que me incluyo,por supuesto)

    • Hola! Muchísimas gracias por tus palabras, de verdad, llegan. En la orilla es un libro tremendo. Chirbes escribe afilado, como un bisturí. Y sangra. Y cercena. Te recomiendo su lectura. Te va a gustar. De verdad. Para El País y El Mundo fue el mejor libro de 2013 y no es casualidad, es un libro brutal. Eso sí, el único pero es que, al principio, ese largo monólogo te puede confundir como lector, que no sepas quién te habla, que te haga desistir. Te animo de corazón a que continues, aunque te cueste, porque después todas las piezas encajarán y merece la pena ver el puzzle completo. La trama gira alrededor de la crisis, pero no la crisis como nos la cuentan en los informativos, es la crisis sobre las personas, sus consecuencias, el quintal de mierda que nos han atado a los pies y que nos ahoga. De verdad, te va a gustar, fijo.
      Sobre las fotos, muchísisisimas gracias. La verdad es que no sabes la ilusión que me ha hecho leerlo. Soy periodista y me encanta la fotografía desde siempre, así que imagínate lo que me ha llegado. Además, esta es mi foto favorita de todas las que he hecho, así que… más orgullosa aún. Muchas gracias por leerme y seguirme. Un placer! Un abrazo!

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