Escucha la canción del viento y Pinball 1973

Pinball 1973 by lakriticona  

“Cien años después de mi muerte, nadie recordará siquiera que haya existido”

   

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¡Ay, cómo echaba de menos a este Murakami! Sí, a éste, el primero. Ese que consigue colársete dentro con su prosa intimista, como esa lluvia que no moja pero cala. Las últimas novelas que leí no me gustaron demasiado. Quizá es que eran de relatos y a mí me gusta la novela. Quizá es que Murakami ya escribió las tres mejores novelas de su vida. No sé. De pronto un día fui a la librería y me encontré con este libro. Hace un tiempo, un lector del blog me habló de estas novelas, las primeras de Haruki. Ni lo dudé. Las compré. Y me reencontré con ese Haruki que, una vez, ya me enamoró. Vuelvo a sentir lo mismo. Exactamente igual. Como si el tiempo no hubiese pasado.

Pero antes de hablar de Murakami, lo primero quiero pedir perdón. Perdón por estar prácticamente un mes y medio en silencio. Perdón por estar mes y medio sin poder actualizar. Perdón por desaparecer. Sólo sé hacer las cosas bien volcándome sobre ellas (mi amigo David G. Medina me dice que soy intensa y, ¿sabéis?, tiene razón). Estaba completamente volcada con el fútbol, no existía nada más, no tenía tiempo para escribir en el blog como me gusta, vaciándome. No sé escribir, hacer las cosas, a medias o por cumplir. No me sale. Por eso decidí dedicarme primero en el final de temporada y, después, retomar el blog. He seguido leyendo todo este tiempo, por supuesto, eso soy incapaz de dejar de hacerlo. Y son muchos, muchos, muchos los libros de los que debo hacer reseña. Empiezo por este, el último de Murakami que resulta que es el primero (o los primeros, porque son dos).

“Las cosas desagradables, por lo general, se me ocurren de madrugada”

Lo primero que me gustó del libro fue su prólogo, lección de escritor imposible de olvidar. En él, Harauki cuenta cómo pasó de regentar un club de jazz a escritor. Lo que más me llamó la atención es que dice que, al principio, cuando se puso a escribir y se releía, se encontraba con demasiadas ínfulas de querer ser escritor, de explicar demasiado, demasiados adornos, demasiadas frases bonitas llenas de nada. Entonces decidió escribir, sí, pero hacerlo en inglés, un idioma que apenas dominaba. Eso le obligaba a contar, no a intentar escribir bien. La diferencia en el matiz es un abismo. De esa manera se quitó toda clase de adornos y palabras vacías. De ahí su estilo telegráfico a veces (a mí me encanta), sencillo (me encanta aún más), su manera de ir al fondo de las cosas en apenas cuatro palabras.

Después, de las dos novelas que componen esta novela, Escucha la canción del viento y Pinball 1973, me gustó más la segunda, mucho más. En la primera me costó entrar, me enredé demasiado en las conversaciones con su amigo, el Rata, esa chica que viene y va, aunque sus hondas reflexiones sobre el paso del tiempo, de los amigos, de la vida, a medida que pasaba las páginas, se me iban posando adentro. Recuerdo que al finalizar la novela sonreía ya, sintiendo algo así cómo: “Guau, este es mi Murakami, sí”.

“Los cuerpos sólidos no resisten la energía de la evolución y, por eso, es necesario que se produzca un relevo por generaciones”

Pinball es más novela, más narrativa clásica, principio-nudo-desenlace, y tiene todos los elementos que, después, han marcado la atmósfera murakaniana. El chico solitario. Dos mujeres extrañas que aparecen de pronto. La búsqueda de algo (en este caso una vieja máquina de Pinball). Las llamadas, de pronto, en las altas horas de la noche en las que sólo los borrachos y los muertos llaman… Son sensaciones, jirones de emociones que me despertó y que siguen ahí, cuatro meses después de haberla leído. Y eso es lo importante. Una novela que debes leer es aquella que deja peso, aunque no recuerdes muy bien el argumento, ni qué pasó, pero sí que cuando la miras, sonríes y piensas: “Volvería a leerte”. Eso me pasa a mí con el primer Murakami. Con éste que encierran estas dos novelas… Que volvería a él una y otra vez, hasta que llegara la eternidad.

  

Te gustará: Si te gusta Murakami. Después de sus últimas novelas, es un placer redescubrirle en estas dos novelas. Dos joyitas.

No te gustará: Quizá la primera novela, aunque más honda, es más desordenada, le falta un hilo que conduzca y, a veces, pierde.

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