Ezequiel

Ezequiel by lakriticona  

“Tumbada sobre mí, me preguntó si no deseaba hacerle el amor y follarla como si se acabase el mundo”

   

Si quieres leer ‘Ezequiel’ búscalo en La Central de Callao. Merecerá la pena

Ella era una mujer que perseguía lluvias. Él un hombre que mira desde su cama como un ciempies crece alimentándose del dolor hasta arrancar el techo de su habitación. Este es un libro tremendo, de esos que se te quedan. Se titula Ezequiel. Con personajes tan reales que tienen el rostro de las cosas que te pasan aunque algunas nunca te pasarán. Es la indefensión ante la vida. Ante una madre que una mañana deja de peinarse y decide derramar una olla de agua hervida sobre tus piernas.

Mármara es la editorial. Portada amarilla, libros de formato pequeño. En este blog os he hablado de Luis, mi librero favorito en el mundo, trabaja en La Central de Callao, Madrid, y sus recomendaciones son misa. Ésta lo fue. Sabía de qué hablaba: la editó él, Mármara es suya. Cuando lees no extraña: es absoluta calidad, libros que no se marchan. Adolfo Gilaberte es el autor. Ésta es su primera novela. Qué profunda. Qué buena, leches, qué jodidamente buena. Necesito usar los tacos para describir su fuerza. Corta, cada una de sus 184 páginas, es de las que se leen en un suspiro, de las que enseguida atrapan, aunque al principio, ese ciempies te haga pensar en esa Metamorfosis de Kafka que ya leíste. Pero enseguida se derrumba, y cae sobre Ezequiel, protagonista.

“Te queda todo por aprender, todo lo que no se aprende: la soledad, la indiferencia, la paciencia, el silencio’. Releo muy despacio esta frase, copiada de Perec”

Este libro es la historia de su vida. Lleno de esa escritura que te hace llenar de dobleces sus páginas, para que no olvides que en ellas están esas frases que ya no se irán. Son tremendas, son categóricas. “Acabo de darme cuenta de que las personas sólo nos reconocemos en los rasgos que hemos tenido durante más tiempo, no en los que tenemos en el presente”. La novela está llena de pérdidas. Esa Ana, esa madre internada en un psiquiátrico, ese padre, ese que nosotros mismos fuimos una vez, el que ya no nos devuelven los espejos.

Es triste, es cotidiano, duele. Impacta. Los dedos pintando de sangre del perro recién atropellado tras el cine. Ese polvo de río. El cocodrilo que aparece en los servicios del colegio. Ay, que me ha encantado. Es uno de esos libros que, como Hermano de hielo, si llegan a vuestros oídos, a vuestras manos, no podéis soltarlos hasta terminarlos, tan de verdad, tan tanto que los días de lluvia miraréis los techos de la habitación, no vaya a ser que el ciempies aguarde.

 

Te gustará: Como las canciones lentas, como los días de lluvia vistos desde el sofá.

No te gustará: No llegué a entender qué pasó con la chica del paraguas. Si se fue ella. Si se la llevaron (o llevó, la vida). Sólo eso. Lo demás, redondo.

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