La chica del tren

La chica del tren by lakriticona

  

“Si uno de verdad desea a alguien, la moral no se interpondrá”

    

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Si La chica del tren lo hubiera escrito un adolescente, de verdad, pensaría que es un buen libro. Y no porque crea que Paula Hawkins, su autora, escriba mal. Al contrario, me gusta bastante cómo lo hace. De hecho, podría decir que eso es lo que más me ha gustado de la novela. Cómo escribe ella. Con frases cortas y directas (siento devoción por esa manera de escribir). Pero la trama, el crimen…, me parece tan fácil de ver, que adivinas quién es el asesino en el primer tercio de la novela. Estaba llegando al final, esta mañana, y pensaba: “No será tan fácil, no puede serlo”. Pero sí, lo es (y no lo puedo contar aquí si quieres leerte esta novela, pero cuando lo hagas estarás de acuerdo conmigo). Y pensaba en Hening Mankell o Mary Higgins Clark, para mí, la gran dama del suspense, con permiso de Agatha Cristie, la primera, la gran pionera.

Quizá sólo haya sido eso, que cuando era adolescente devoré todas las novelas de la Clark y, claro, me sorprendió en las dos primeras, pero en seguida le pillé el truco, donde se guardaba el conejo que se saca de la chistera. Desde entonces me es relativamente fácil siempre adivinar quien es el asesino casi siempre. Por eso me sorprenden tanto autores como Jo Nesbo (el más inteligente que yo jamás leí), Mankell (sus novelas eran algo más que una novela negra), John Verdon (aburrido al principio, de los que siempre, siempre sorprenden al final) o incluso Pierre Lemaitre (que, aunque es el peor de todos estos que cito, al menos intenta darle un giro a la novela negra clásica). Por eso, creo que el crimen que Hawkins narra en estas páginas me recuerda más a la patochada de El vals lento de las tortugas (de esa abominable trilogía de Los ojos amarillos de los cocodrilos) que a Diez negritos, quizá la gran obra por autonomasia de este genero.

“Sé muy bien lo que es sentirse hueca (…). Los agujeros de la vida son permanentes. Hay que crecer alrededor de ellos y amoldarse a los huecos, como las raíces de los árboles en el hormigón”

Eso sí. Es muy entretenido. Y te lo lees en nada. Ha sido el best-seller de este verano pero, como julio y agosto, pasará. Y no creo que vuelva. Cuenta la historia de Rachel, una pobre mujer solitaria y muy alcohólica, incapaz de superar su divorcio, que se pasa la vida montada en un tren, fingiendo que va a trabajar, para pasar delante de la que fue su casa, su vida, donde ahora vive su exmarido (de quien aún no se ha borrado el apellido; “es una lata cambiar todas las tarjetas…”, se excusa) con su nueva mujer, Anna, y su hija, a quien Rachel persigue, llama y molesta siempre que va como una cuba. Algo que, por cierto, es lo habitual. Un drama todo. Un día, Rachel, en el fondo soñadora y buena chica, en sus paseos en tren, se fija en una pareja que vive en una casa cercana a esa donde ella vivía, los llama Jason y Jess, y son tan perfectos como los modelos que salen una revista de Ikea. Porque ella en realidad se llama Megan y está tan perdida como Rachel, él Scott, y es un celoso-controlador-posesivo y su realidad no es tan bonita como Rachel la imagina.

Un día Megan desaparece. Y Rachel ha visto cosas. Sí. O quizá las ha hecho. No recuerda. Empieza la trama. Y aquí me detengo porque contar sería destripar (me desahogo en el spoiler). Pero vamos, la novela tiene el peso de una pluma en la palma de la mano. Ninguno. Está bien, pero sin más. Vamos, es perfecta para regalársela a alguien que quiera entretener su tiempo y no pensar, pero nada más. Obras que, por cierto, no critico. Yo de hecho, necesitaba un libro así, para leerlo de corrido y disfrutar sin más pretensión que esa. Todos los necesitamos a veces.

“La vergüenza que siento por un incidente es proporcional no sólo a la gravedad de la situación sino al número de personas que fueron testigo del mismo”

Recuerdo que, cuando me lo recomendaron (¡gracias J. H.!), comparé los best-seller con los polvos de una noche. Ninguno permanece (salvo contadas excepciones). La mayoría son sin más, regulares, malos o muy malos. Pero también los hay que te hacen pasar un rato estupendísimo mientras tanto, aunque luego no dejen más huella que un moratón que se va en unos días. Pues éste es de esos libros que, cuando se marchan de tu cama sabes que ya no volverán nunca jamás, pero mientras ha permanecido en ella te han hecho pasar un buen rato y, al final, eso es de lo que se trata aunque cuando el libro (hombre) salga por tu puerta (o vuelva a tu librería) ya hayas empezado a olvidar hasta cómo se llamaba. La chica del tren está en uno de estos supuestos, en la categoría de bien-normal-sin más (y tirando más a yogurín que a experto). En el opuesto estaría, por ejemplo, Harry Quebert, tambiénlibro-polvo-de-una-noche pero de los últimos, de esos que una vez has leído (probado) ya no olvidas, aunque nunca deje de ser sólo de una noche, pero qué noche…

   

Te gustará: Cómo escribe y, si eres del Atleti, una mención a Fernando Torres mientras mira la noticias. Hawkins debió escribirlo cuando El Niño jugaba en el Chelsea y resulta curiosísimo. Es la única mención al deporte en sus casi 500 páginas.

No te gustará: Me parece uno de los crímenes más fáciles de ver que he leído en años. Tontísimo. Le falta profundidad, personajes, malicia, giros, sorpresas, peso.

     

    

Spoiler: Si sólo tienes tres personajes masculinos es muy fácil que sea uno de ellos. Son muy pocos. Nada evoluciona durante la novela. Porque hay otros tres que podría haberlos hecho crecer para crear dentro de ti inquietud y hacerte pensar, “¿y si…?”, pero no: el cuarto es el pelirrojo, que sabes que no puede ser porque es completamente secundario a la trama y nunca deja de serlo (que podría haberlo dejado y entonces esto cambiaría); el quinto, el Policía, descartado; y el sexto, el novio de la compañera de piso de Rachel, que pasa exactamente lo mismo que con el pelirrojo. En el caso de las chicas también sólo hay tres protagonistas: Rachel, la principal; Megan, la asesinada; y Anna, la antagonista de Rachel, que podría haber sido también, y hay un momento en el que la autora pretende hacerte dudar, pero es tan pueril como todo lo demás; desechas enseguida. Entonces, vamos a los tres hombres qué nos quedan: el marido es el sospechoso de todos, demasiado fácil; el psicoanalista, el segundo sospechoso de todos según avanza la trama, desechado también; entonces…, ¡tachán!, el exmarido de Rachel y marido de Anna, que está ahí, tan buenín, aguantando a su ex, sosteniendo su familia, tan inocente… Y con un dedo gigante que le señala desde el principio. Siempre, por norma, salvo en casos de gente buena de verdad, en casi todas las novelas de asesinato, el culpable es el que menos te imaginas. Y aquí es donde falla Hawkins porque si sólo tienes un personaje que participa mucho en la trama que parece que no es… Blanco y en botella, es ése: el mayordomo de la Crystie, versión siglo XXI.

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6 Comments

  1. Mucho bombo traía este libro y eso ya me pone un moscón detrás de la oreja. Me toco en un sorteo de la editorial y mira… me tocó (tengo muy buena mala suerte). El libro es predecible y repetitivo, estirado innecesariamente, con una trama muy floja y de la que salvo únicamente a la protagonista. Malo (el libro).

    Un abrazo

  2. Ana! Te echaba de menos por aquí! Totalmente acertada tu crítica. Flojito, flojito. Sólo si lo hubiera escrito un chaval de instituto tendría valor. Pero una persona adulta? Una trama tan fácil? Ahora estoy con Beckett y alucino con la diferencia entre libros, simples libros, y literatura, con mayúsculas. Un besazo enorme

  3. Comparto plenamente, como siempre, tu lucidez para “ver” una novela, sea muy buena, buena, regular o mala. Y también comparto 100×100 lo de Jo Nesbo, del que me he re-fanatizado (la serie Muñeco de Nieve, El Leopardo, Fantasma y Policía, te deja sin aliento). Cariño grande desde Buenos Aires, Argentina, casi casi el fin del mundo.

    • Querido amigo! Cuánto tiempo! Cómo va por allá el comienzo del otoño. De Nesbo sólo leí el Muñeco, pero ya convirtió al escritor en un imprescindible. Gracias por tus palabras. Saludos desde acá, este Madrid lluvioso en el que la primavera no termina de llegar.

  4. Queridisima!!! Este otoño en Baires se ha presentado muy pero muy lluvioso. Nuestra llamada “zona del litoral” (cruzada por los ríos Paraná y Uruguay) están sufriendo gravísimas inundaciones. En cuanto al otro clima, el político, obviamente complicado pero respirando aire fresco. El gobierno de Macri ha tenido que efectuar un fuerte ajuste producto de los desmanejos heredados. Era inevitable. Creemos que a partir de julio la tendencia tendrá que revertirse. Esto era un Titanic que se dirigía hacia el desastre a toda máquina. Imposible detenerlo o desviarlo en tan poco tiempo.País de fanatismos el mío… Mucha, pero mucha gente sigue defendiendo a muerte el modelo K (“populista”) de la ex presidente Kristina, a pesar de las evidencias económicas, a pesar de los brutales testimonios de corrupción que han empezado a manejarse en los Tribunales.En fin. Te mando un cariño grande desde estas tierras lejanas.

    • Me encanta cómo me cuentas el tiempo allá, en el otro lado del mundo. Acá la primavera no termina de asentarse, barrida entre tanta lluvia. En política el viento, mientras, está detenido. Ni a un lado ni a otro. Enciscado en conversaciones y pactos que no llegan a ningún sitio. Volveremos a tener elecciones, dicen, aunque yo creo que no, que pasará como en Cataluña y, antes de que suene la campana, a algún pacto se llegará. Mientras estoy leyendo a Chirbes, gigante Chirbes, y es inevitable que, entre la lluvia al otro lado de la ventana, y lo triste de sus libros, me agarre la melancolía. Un abrazo enorme desde este lugar del mundo. Un placer siempre leerte, amigo.

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