La lluvia antes de caer

La lluvia antes de caer by lakriticona   

“¿Tu lluvia favorita?’ (…). ‘La lluvia antes de caer’. ‘Pero antes de caer no es lluvia’ (…). ‘Ya sé que no existe. Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?”

  

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Terminé de leer este libro en agosto, escribí un borrador de las sensaciones que me había provocado en mi bloc de notas y miré al cielo, a esperar la lluvia. La foto la tenía clara. Pero el cielo ha tardado muchos meses en dármela. En Madrid el otoño ha sido una boina de contaminación y, en los pocos días del invierno que ha llovido, jamás llevaba en el bolso el libro. El otro día lo saqué adrede. Íbamos el libro, mi teléfono y yo por las calles de Madrid buscando un cielo que anunciara lluvia, pero antes de que cayera al suelo una sola gota. Quería brindarle a este libro, La lluvia antes de caer, la foto que merece. Lo leí durante los peores momentos de mi sequía literaria en estos últimos meses, cuando leía y leía y nada de lo que leía me gustaba, cuando todo me aburría y me cansaba, cuando sólo me apetecía leer una (buena) historia de amor. Pensé que sería un libro de estos que, bueno, sí, lees y olvidas. Una historia romanticona para una lectora amargada y ya. Me equivoqué. No pude incluir este libro en mi lista de mejores del año porque aún no tenía la foto. Si no, hubiera estado.

La lluvia antes de caer es una novela de Jonathan Coe que se te mete adentro, como cuando llueve y te mojas los pies. Cuenta la historia de Rosamond, una mujer de 73 años que acaba de morir de un ataque al corazón. En su testamento, un misterio. Ella nunca se casó ni tuvo hijos. Lo que dejó debe repartirse entre los hijos de su hermana (Gill y David) y una, casi, desconocida, Imogen. La explicación está en unas cintas de cassette que Rosamond grabó con una nota que dice: “Gill, estas cintas son para Imogen. Si no la encuentras, escúchalas tú”. Con las cintas ha dejado unas fotos. Lees el principio y ya estás, entregada.

“Dicen que un instante y la eternidad se confunden cuando experimentas una emoción intensa”

Y eso que después de leer la sinopsis pensé: “Mmm. Mujer que muere y deja fotos y chica que buscar. Esto ya lo he leído yo ya más veces”. Me dio pereza, pero la forma de escribir de Coe me gustaba (aunque al principio no me enterara de mucho y siguiera leyendo más por no dejarlo que porque realmente me emocionara), pero seguí y en la página 23 las comisuras de mis labios ya apuntaban para arriba, y asentía, casi sin darme cuenta, pero lo hacía, claramente. Ya no sólo me gustaba cómo estaba escrito. También lo de las fotos. Y cómo, a través de éstas, se va desenmarañando la trama.

Cada cassette cuenta una. Son veinte. Así Rosemond va contando la historia de Imogen y la de su propia vida. Y de repente lees eso de que ella, Rosemond, dormía con las fotos de una actriz bajo al almohada y piensas: “Anda, es lesbiana”. Pero no te lo dice. Lo intuyes. Después lo descubres. Pero en ese momento es una cosa velada, que está ahí pero todavía no atrapas. Y eso me encanta. Insinuar sin contar. Esa siempre es la mejor manera de escribir (y la más difícil). 

“Todo el mundo sonríe en las fotos (por eso nunca hay que fiarse de ellas)”

Cuando llevas tres fotos, aviso, ya no puedes parar de leer hasta el final. Estás dentro. Entregada. Por la escritura, la trama y sus personajes. Una de las mujeres en muchos momentos me recuerda a mí. A mí y mi caracter de erizo, a mí y mis arranques de gata. “Yo estoy en esas páginas”, me digo mientras pienso que menos mal que seguí leyendo porque ante mis ojos apareció una de esas novelas que, más allá de lo que te cuenta, te descubre una cosa: que las librerías están llenas de grandes historias, sólo tienes que saber encontrarlas. 

 

Te gustará: Si te gustan las novelas de Jane Austen. Si te gustó La vida cuando era nuestra. Si te gusta la lluvia.

No te gustará: La leí hace tantos meses (y escribí un boceto en el bloc de notas, ése sobre el que he basado la krítica) que hay muchas cosas que ya no recuerdo. Sólo sé que me gustó mucho, pero que, quizá, el final me gustó menos que el principio.

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2 Comments

  1. Solo por el placer de averiguar cómo es esa mujer, su carácter de erizo y sus ataques de gata, ya resultaría interesante su lectura ;) Por otro lado, supongo que todos recordamos más el principio de algunas historias cuyo final no ha sido tan hermoso y apasionante…y es lo mejor que podemos hacer. Saludos Kriticona!

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