La Torre Oscura I La hierba del diablo

 La torre oscura I lakriticona

  

“El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él”

    

Una frase, diecisiete palabras y uno de los mejores inicios de la literatura mundial. Stephen King planta al lector en la acción de inmediato. ¿Por qué huye El hombre de negro? ¿Por qué le persigue El pistolero? Y en cuanto un libro siembra la urgencia de saber por qué ya no puedes parar. La hierba del diablo es el inicio de la obra salomónica, del gran proyecto de Stephen King. Y no podía empezar de mejor manera.

Hacía años, quizá quince, que no leía a Stephen King.

Stephen King. Durante años, fue mi escritor favorito. Tendría unos diez años cuando leí Cementerio de Animales y le descubrí. Me encantó, me abrumó, recuerdo que pasé un miedo tremendo, que me encantó. Y, desde entonces, devoré todo lo que había escrito antes y escribió durante mi adolescencia. Me hice una experta de Stephen King. Y también de Richard Bachman (La larga marcha) y John Swithen, seudónimos con los que también publicaba. Me encantaron El misterio de Same’s LotLa zona muertaLos ojos del dragónLa tienda y, sobre todo, Apocalipsis e ItItya lo conté, me devuelve intactos mis veranos de los quince años, el miedo a Pennywise, las tormentas de verano y aquellos tres días en los que sólo leía y leía mientras el agua caía sobre Derry, un grupo de viejos amigos volvían a juntarse y Terapia Nacional llenaba la cocina de Anna mientras nosotras saltábamos como locas creyéndonos mayores por tener trece años.

Ay…

Sé, lo sé, sí, que la literatura de Stephen King quizá no es comparable a la de SalterMurakamiKunderaSastreGarcía MárquezCortazarOnetti o Vargas Llosa, pero siempre será especial para mí, la puerta a mi adolescencia, a esos mundos en los que todo era posible, poblado de vampiros, tres dimensiones payasos de dientes afilados, negros capaces de curar con sus enormes manazas, ratones que viven cien años, náufragos que se comen a sí mismos, teléfonos capaces de llamar al pasado y niños encerrados en torres. Mi madre me regaló la colección que Orbis-Fabri publicó en 1996, esa de tapa dura y lomos dorados. Me la leí entera. O al menos eso creía porque el tiempo ya ha amarilleado las hojas de este libro, el primero de La Torre Oscura, pero el segundo aún tenía el plástico. No recordaba ninguno de los dos. Ni había terminado el primero ni, obvio, había leído el segundo.

Mejor.

Así he podido volver a sentirme niña con una novela de Stephen King en las manos. Y eso que La Torre Oscura I La hierba del diablo es la novela menos Stephen King de todas las que he leído en la vida. Reconozco que tardé quince días en leerme sus ciento cincuenta primeras páginas. No me entraba. No pasaba. No reconocía la mano de King por ningún sitio. Y, además, no entendía nada. Tenía la sensación de que El Pistolero había aparecido ahí de repente, persiguiendo al Hombre de negro, y de repente en Tull, en la masacre de Tull. Me lo imaginaba totalmente Lucky Luke (uno de mis personajes de cómic favorito), con la brizna de paja en los labios y las manos más rápidas que su propia sombra.

Un hombre sin patria ni pasado, como surgido de otro tiempo, bajo el sol castigador del desierto. Pero no entendía demasiado ni el argumento, ni los personajes, ni nada de nada. Y ese modo de escribir.

Que no. Que ese no era el Stephen King de mis recuerdos. No encajaba. Y yo necesitaba una novela que leer del tirón. Una historia que te atrapara y poco más. Y las letras de Stephen King no tendrán la profundidad de Cortazar, Sábato Roth, pero es un genial contador de historias.

No abandoné porque me lo recomendó mi amigo Carlos Forjanes y sus recomendaciones siempre son certeras y porque era Stephen King y, de niña, no leía sus novelas, me las bebía. Pero seguía sin entender nada. De repente aparecen un tal RolandoCorth y Coulthard, y un pasado medieval. Y te imaginas que El Pistolero es uno de ellos, ha de serlo, pero yo tuve que volver cuatro veces atrás para intentar enterarme de quién era. Y, en medio, la trama que gira y gira y a ti te marea. Vuelta al desierto. Y la burra que se muere. Y El Pistolero que sigue ahí detrás de ese hombre de negro que no sabes muy bien si es el bueno o el malo…

Y, de pronto, explota. Aparece el niño Jake. El Hombre de negro está cada vez más cerca. Ya lo ven. Casi, casi lo tocan. Comienzan a fundirse las dos dimensiones. Ayer y hoy. El desierto, el medievo y las calles de Nueva York. Nacen tus dudas. Tus ganas de querer saber más.

Y llega el final, tan bueno como el principio. ¿Cómo bueno? Impresionante.

Stephen King hace una reflexión brutal del papel del ser humano, del insignificante papel que tenemos en el devenir cósmico. Cuando lees eso entiendes porque este libro, esta saga, se ha convertido en lectura de culto. Una brizna de hierba morada, unos huesos y una playa. Tres conceptos. La piel de gallina… No digo más. Merece la pena descubrirlo por uno mismo. Sí, a pesar de esas ciento cincuenta páginas en las que no entiendes nada y estás más cerca de abandonar que de seguir.

Y hay más. El broche. La cinta que envuelve el libro. Una sorpresa completamente maravillosa: un epílogo en el que Stephen King explica qué significa La torre oscura para él. Su gran obra, ese libro que le ha salido del corazón, del estómago, no de la cabeza, y que no sabe muy bien cómo continuará, porque sólo tiene eso, un hombre de negro que huye, un pistolero que persigue. Pero la historia le brota de las manos, bulle en su cabeza. Una historia que escribe en segundo de carrera, ¡en segundo!, en unos folios verdes, antes de ser Stephen King, cuando sólo era un muchacho que soñaba con ser escritor. Lees ese prólogo y te atrapa todo lo demás. Entiendes. Claro que entiendes, aunque ni el propio Stephen King sea capaz de explicártelo, entiendes.

Cuando cerré La Torre Oscura I, La hierba del diablo, lo tuve claro: cogí La Torres Oscura II de encima de mi radiador y comencé a leer. Necesitaba saber cómo seguía la historia de El Pistolero y El hombre de negro

Te gustará si: Aunque sólo sea por esa primera frase que te da ganas de todo. 

No te gustará si: Al principio, su lectura es farragosa y complicada.

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2 Comments

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