Las chicas

Las chicas by lakriticona 

“El corazón no posee nada-, dijo Donna con voz cantarina-, el amor no consiste en eso”

 

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Las chicas. Me enamoró el título, lo reconozco. Las chicas. Me sonaba a amigas, a complicidad, a conversaciones en el baño, a chicas, a amigas. La de su portada era un cuadro pop, como pintado por Warhol. Cara roja, gafas John Lennon, azul psicodelia. Un día que fui a una librería, vi que regalaban el primer capítulo y pregunté: “¿Y este libro?”. “Este libro está muy bien”, me contestó el librero, sin ápice de duda. Entonces lo cogí y leí su primera frase. “Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas”. Después, otro párrafo. Me encantó. “Volví la mirada por las risas y seguí mirando por las chicas”, qué frase. Luego descubrí que el libro, de lo que iba, nada tenía que ver con lo que yo creía. La novela de Emma Cline (primero, por cierto, qué gran debut literario) se inspira en La familia Manson, aquella que en 1969 asesinó a Sharon Tate, mujer de Polanski, embarazada de ocho meses, y siete personas más en Beverly Hills. Es difícil recomendárselo a alguien, decirle esto y que no diga: “Uf, qué repelus”. Nada que ver. Es un imprescindible. Ojalá sepa contar por qué.

O por quien, la protagonista, Evie. La vives en dos momentos, entonces y ahora. El entones es todo ficción, pura literatura. La autora se basa pero no ensaña. Aquello es excusa para que, prendida de aquella realidad, contar la pérdida de la inocencia (el crimen no es el centro, de hecho, ocurre al final, la consecuencia, el foco está en lo otro, en el tránsito). La protagonista es Evie y una chica tremendamente insegura. Sus padres se acaban de separar. Él se ha ido con una más joven (¡cómo no¡ ¿ocurre al revés?). Ella, su madre, comienza a salir con hombres, muchos hombres que no la tratan demasiado bien (me recuerda al personaje de la madre en El Cuervo).

“A veces deseaba que tocasen con tal desesperación que el ansia me arañaba”

Evie tiene una mejor amiga con la que pasa los días pero, cuando uno lee, entiende que terminan mal porque, en el fondo, no encajaban. Evie ya busca otras cosas, es más mayor. Las miradas, los sonrojos, los acelerones del corazón en la adolescencia, primavera de la vida. La otra, su amiga, no deja de ser una niña (y además repipi). Entonces, un día, en el parque, Evie las ve, a las chicas y piensa la primera frase de este libro. Mira por las risas. Sigue mirando por ellas. O por ella, Susanne (seguro que basado en Susan Atkins), la morena. Se engancha de la libertad que desprenden. De eso que parece que tienen y que a ella le falta. Termina acercándose fingiendo que roba, que es rebelde. Termina en el rancho de Manson: en el libro se llama Rusell.

Cuesta recomendárselo a alguien y que no tuerza el gesto cuando cuentas esto: está ambientando en la secta Manson y en el asesinado de Sharon Tate. En realidad ni se recrea en ello ni es escabroso ni nada parecido. Ese grupo es el lugar donde Evie pierde su inocencia pero el asesinato no es el relato central del libro. Ese es otro: Evie. Y aquí me encanta algo porque Emma Cline escribe, o mejor describe, sin perder nunca pie de la sucia realidad. Porque el rancho huele a mierda y da asco aunque alucine, porque, aunque sea lo que se debe, lo primero que hace Rusell es estrenarla: llevársela a su remolque y bajarse los pantalones (“dejando al descubierto sus piernas cortas y velludas”, es decir, con una descripción que no va a juego con el gran líder que es: los líderes no tienen las piernas cortas) para llenar su boca “de ese sabor amargo del semen”. O sea, abusar de ella. Y ella lo siente, no se deslumbra, pero sigue. A pesar de la comida podrida. A pesar del papel higiénico robado. A pesar de los vestidos que huelen a rata. A pesar de las plantas mugrientas de los pies descalzos. Quizá sea por Susanne pero a mí me encanta porque ves como miraría alguien que ve desde fuera (qué asco) pero sientes como alguien que está dentro: ser una de las chicas que ríen mientras otras miran.

“Podíamos estar horas hablando del momento. Darle vueltas en las conversaciones. La forma en la que se desplazaba la luz, porque alguien estaba callado, demontar todas las capas de lo que había querido decir una mirada en realidad”

Nunca dejas de sentir ese doble rasero. Evie mira pero no quiere ver. Y no es por Russell. No es, literal, una de las chicas Manson, aunque uno puede vivir todo lo que pasó. O parte, porque hay detalles aunque aquí todo es más sencillo: un promotor de discos, Mitch, le promete grabar uno a Rusell y no lo cumple. Eso desencadena su final, el propio y el del libro. Y da lugar a la escena (no es el crimen) más dura del libro. Allí donde uno siente cómo un tipo sin escrúpulos viola a una niña de 13 años, engañada por otra persona sin escrúpulos, Susanne, que sabe que puede manejar, consciente del influjo sobre Evie. Nunca se llega a saber si ésta, Susanne, es buena o mala. Parece lo último cuando baja a Evie del coche la noche de los crímenes. Pero sólo parece. Uno no llega a atraparla. Eso me gusta. Pasa en la vida real, con las personas.de verdad. En este libro que no habla de amigas, de susurros en los servicios de un bar, pero que te encantará si te gusta leer. Seguro.

 

Te gustará: Su escritura. Llega, es limpia, cuenta, te encanta.

No te gustará: Se te hará extraña la Evie adulta. Sirve para conectar pero, en realidad, la historia es otra, su historia adolescente.

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3 Comments

  1. Me ha encantado tu reseña! A mí también me fascinó el libro y me gusta ver que todos pensamos que el libro era una historia de chicas y acaba conviertiendose en un libro revelación de muchas cosas.
    Si te animas te dejo mi reseña! Un beso!

    Las chicas de Emma Cline – Lectores Insomnes
    https://lectoresinsomnes.wordpress.com/2016/11/12/primera-entrada-de-blog/

    • Ahora mismo te leo y te comento, Esther. Mil gracias por tu reseña. Qué alegría que pensáramos lo mismo. Es un libro delicioso. A mí me flipó, me encantó. Te leo. Un beso!

  2. Pingback:Las chicas | la Kriticona

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