Las olas

Las olas lakriticona blog

“Si aquel azul pudiera durar eternamente, si aquel hueco entre las nubes pudiera durar eternamente, si este instante pudiera durar eternamente”

  

Las olas no es sólo la obra maestra de Virginia Woolf. También es una fiel radiografía de la mente humana. De los pensamientos que llenan nuestras cabezas desde el mismo día que nacemos, aunque no las recordemos, hasta el día que morimos, como esa ola que sólo deja arena mojada cuando pasa, esa ola que enseguida se seca. Es tremendo. Y eso que su lectura no es fácil.

Al principio no sabes qué lees. Ante ti, las voces de seis personajes (Bernard, Susan, Rhoda, Neville, Jinny y Louis), que se mezclan, largos monólogos y no una narración convencional, la voz en off del narrador universal, y una escritura a veces enrevesada y difícil, pero tremendamente intensa y tan clarividente que abruma. Por eso os digo como me dijo a mi M. Eu.: “Lee, aunque no entiendas. Sigue leyendo y entenderás”. Y hubo momentos que me aburrí, pero en ningún momento pensé en abandonar.

Con Las olas sientes que Virginia Woolf se ha metido dentro de tu pecho, que está en tu cabeza, y lo que sus personajes dicen, sienten y piensan es algo que tú has sentido, algo que dice tu corazón o pensará tu cabeza. Difícil, sí, pero muy bueno. Virginia Woolf cambió las normas de la literatura con la publicación de Las olas en 1931. Hasta entonces imperaba el estilo marcado por las novelas de Jane Austen (que, por cierto, me gusta mucho), Dickens o Balzac.

“-He arrancado ya todas las hojas del mes de mayo y de junio -dijo Susana- y veinte días de julio. Las he arrancado y he formado con ellas una pelotilla, de modo que ya no existen, excepto como un peso sobre mi corazón”

Pero Las olas es un libro que, aún hoy, en el siglo XXI suena diferente. Todo pasa en un día, la descripción de un paisaje, el mar que lame, el sol que sube, reina el firmamento y muere, para narrar qué es el tránsito de una vida, la niñez, la juventud y la madurez, desde que naces hasta que expiras. Tiene un latido existencial tremendo. Lees con todos los sentidos puestos en el libro (si no sería imposible hacerlo, entenderla por completo).

Todos los personajes son diferentes y todos tienen algo de ti. Vas componiendo el relato en tu cabeza según sus pensamientos. Y, yo, mientras leía no podía pensar en otra cosa en que eso que Virginia Woolf cuenta es en realidad como vivimos nuestro día a día. Conversaciones y momentos narrados en nuestra cabeza, con ese cruce de pensamientos constantes, conversando con nosotros mismos sobre esto o lo otro, sobre éste o aquel.

Bernard es el contador de historias. Jinny esa mujer que en realidad es un cuerpo que atrapa todas las miradas, que vive de su físico y del silencio que provoca cuando aparece en cualquier lugar. Rhoda ese océano de inseguridades. Susana, atada al campo y la naturaleza. Louis, hombre de poder que se pasa una vida entera buscando la aceptación de los demás. Neville y la búsqueda del amor constante. Hay otro personaje, Percival, al que no ves hablar pero se presenta como un Dios ante los demás y cuya vida, y muerte, se entreteje en esas voces que componen Las olas y que hacen de este libro una de las grandes obras de la literatura universal, aunque cueste leerlo.

“Nos hemos reunido, en este minuto del tiempo y en ese lugar”

Pero he de decir que, una vez que entiendes, que vas comprendiendo, ya no puedes sacar la cabeza del libro. Porque este es un espejo de lo que es la vida misma. Olas que van y vienen sin dejar huella. Hombres que aman, piensan, lloran y se frustran sin que nada de eso quede en la arena (memoria) del mundo apenas dos generaciones después.

   

Te gustará: Es una novela intensa, de lectura difícil, a veces se enrevesa de más, pero merece tanto la pena… Si quieres comprártelo, aquí puedes hacerlo en una edición muy cuidada de Lumen de tapa dura. También puedes tenerlo en papel pero tapa blanda (aquí) y en bolsillo (aquí).

No te gustará: Al principio no entiendes nada. Al principio piensas: “¿Pero qué coño me está contando esta tía?”. Al principio es fácil dejarla abandonada en la mesilla.

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