Las palmeras salvajes

Las palmeras salvajes William Faulkner lakriticona blog  

“Entre la pena y la nada elijo la pena”

 

Pensé que ya estaba preparada para leer a William Faulkner. Pero no, aún no. Aún me queda un poco. Me encantaría que me encantara. Lo hace desde que leí la biografía de Gabriel García Márquez (Vivir para contarla). En ella, Márquez, hablaba de que Faulkner era su autor referencia, pero entonces ya me costó El ruido y la furia (ni si quiera recuerdo de qué iba, sólo el polvo de un camino largo) y Mientras agonizo (lectura realmente dura del traslado del caváder de una madre que recuerdo perfectamente). Cuando murió Gabriel García Márquez comencé Las palmeras salvajes. Era mi particular homenaje. A Márquez. A Faulkner. Pensé que ya estaba preparada, años después del primer intento, para entender y comprender su obra. Pero no, aún no lo estoy.

Y eso que al principio me sentí feliz, contenta. “¡Al fin entiendo a Faulkner!”, pensé. Leía de corrido, paladeaba, me gustaba, comprendía. Pero pronto me encalle. De hecho, apenas he comprendido nada de la historia del viejo. Y la otra, de la de Las palmeras salvajes, la he leído corriendo, como con ganas de que acabara, por si no era capaz de hacerlo, de abarcar a Faulkner una vez más.

Las palmeras salvajes es, para muchos, su obra maestra. La primera vez que yo escuché hablar de ella fue hace diez años, cuando mi amigo y admirado Álvaro me la prestó para que la leyera. No fui capaz. Me trabé en las primeras páginas. Me aburrió. Me superó. Se lo devolví tiempo después (nunca perdí la esperanza de estar preparada) pero no fui capaz de leerlo. En la novela, dos historias que se complementan pero no fusionan: El viejo, un relato que Faulkner escribió primero, y Las palmeras salvajes, la historia de esa pareja en constante huía que incluyó como complemento del relato primigenio. Las tramas no se unen. Su lugar común es la desesperanza de la condición humana. Y es tremendo. Es terrible. Buenísimo.

Pero a mí aún me cuesta Faulkner.

Necesito para leerlo un silencio absoluto. Un silencio total. Sin música, ni ruido, ni si quiera pensamientos. Cuando poso todos mis sentidos sobre sus letras me retuerce las entrañas, me gusta, pero como caiga una sola gota del grifo del baño, o alguien hable en el piso de arriba, o se escuche el rugir de una sirena que pasa a lo lejos, o lo que sea, mi cabeza se va allá, desconecta y ya no se lo que estoy leyendo.

Faulkner si no lees con todos tus sentidos puestos sobre el libro te aburre te desconecta, requiere, al menos a mí, una atención mayuscula.

Eso sí, cuando lograba posar todos mis sentidos en sus páginas, había magia. Faulkner me golpeaba con la mano abierta, con sentencias como esa con la que comienzo esto que escribo: “Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena“. O ésta: “Porque la segunda vez que te vi supe que era verdad lo que había leído en libros y lo que nunca creí; que amor y dolor son una sola cosa y que el valor del amor es la suma de lo que se paga por él“. Frases que caminan entre la filosofía y el existencialismo y que se me meten por debajo de la piel, como un tatuaje imborrable, como esas cosas que no se van aunque pase el tiempo. Y era en esos momentos, justo en estos instantes, cuando comprendía por qué era el autor favorito de Márquez, porque aunque aún me cueste leerlo lo recomiendo, es necesario intentar leerle, intentarlo, una y otra vez, hasta que salga, hasta que entre, porque Faulkner es inmenso, como un grito agónico que corta la noche en medio del desierto.

 

Te gustará si: Faulkner está considerado como uno de los grandes escritores de la historia. Favorito de otros autores inmortales como Márquez o Borges, cuando consigues entroncar con su prosa ésta se convierte en ácido que lacera las entrañas por su poso existencialista y su clarividencia a la hora de contar el destino del hombre: el polvo, el vacío, la nada. Si quieres comprártelo, puedes hacerlo pinchando en este enlace. O en éste, si lo prefieres en edición de bolsillo.

No te gustará: Cuesta leerlo. Necesita una capacidad lectora y una preparación, un camino previo. Es difícil.

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