Las uvas de la ira

Las uvas de la ira by lakriticona

“El 66 es el sendero de los que huyen. Refugiados del polvo y de la tierra agotada (…). El camino madre, el camino de la fuga”

      

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Si uno enciende la tele puede imaginar, perfectamente, aquella estampa. La de tantos y tantos americanos que, sin tierras, expropiadas por los bancos, iniciaron el viaje al Oeste (el Dorado) buscando la oportunidad de seguir adelante, y soñando con racimos de uvas, y frutas por todos los árboles, y miles y miles de hectáreas de tierra para trabajar, para cavar un futuro, para mirar adelante “arrastrados como chinches”, escribe John  Steinbeck. Y, sin embargo, cuando llegas no es como lo imaginas. Es mucho peor que lo que dejaron atrás (la realidad siempre tiene el cielo más sucio que los sueños). Ay. Qué libro, de verdad, éste de Las uvas de la ira. Lo leí impactada, con la fotografía de los refugiados sirios buscando su propio Dorado en Europa y la escritura, como un puñetazo en el estómago de Steinbeck. Tenéis que leerlo. Debéis. Aunque sólo sea una vez en la vida.

Y no es la historia (que sí), ese drama que rompió sueños, ilusiones y familias en la América de los años cuarenta. Los que pagaron los platos rotos de la Gran Depresión. Sus penitentes. Es cómo escribe Steinbeck. Lees una frase y se te instala dentro la pena. Tiene un estilo sencillo y directo que supura melancolía. Te llega tanto. Pero tanto… Son tan gráficas sus descripciones que te calan, como la lluvia fina. No me extraña que sea un clásico. Lo que me fastidia es haber tardado tanto en descubrirlo. Porque Las uvas de las iras es un libro que siempre tienes ahí. Por la película de John Ford o el libro, en sí, clásico, clásico. Pero por pereza, por pensar, quizá, que será aburrido, que puede sonar a viejo, nunca lo sacas de la librería.

“El Banco es algo más que un grupo de hombres. Sucede que todos los hombres de un Banco odian lo que hace el Banco y, sin embargo, el Banco lo hace (…). Los hombres lo hicieron pero no pueden someterlo”

Mi compañero del periódico, Jorge, fue quien me lo recomendó. Solemos hablar a menudo de libros y me dijo: “Tienes que leer Las uvas de la ira. No puedo parar desde que lo comencé. Me está encantando”. La idea, justo, ya estaba en mi cabeza: iba a hacer la Ruta 66 y ese era uno de los títulos, con On the Road, que iban conmigo en mi eBook. Pensé que lo tenía. Corría a abrirlo cuando terminé el de Jack Kerouac. Pero me confundí. El libro de Steinbeck que estaba en mi librería digital era otro (De ratones y hombres; no lo leí todavía). De Las uvas de la ira ni rastro. Me dio una rabia… Eso sí, ahora pienso, que menos mal que no lo leí durante la ruta porque sino me corto las venas o entro en depresión profunda. Literal. O hubiera dejado de leerlo. Creo que no hubiera podido mirar esa carretera, sí, esa donde todo sucede, y verlos, sentirlos, pasar por esos pueblos por los que ellos pasaban, con su hatillo de anhelos intactos; no, no podría, definitivamente, no.

Descubro, gracias a la Wikipedia, que Las uvas de la ira ganó el Pulitzer en 1940 y no me extraña. Siempre he sentido debilidad por las novelas, y los autores que ganan este premio. Todo comienza el día que Tom Joad sale de la cárcel y la primera escena ya te engancha: un camionero sale del bar y ahí se encuentra a un chaval al que la ropa nueva le queda extraña, como si no estuviera hecha para su cuerpo. Tom vuelve a casa dos años después de matar a un hombre en una pelea y se encuentra a su familia de mudanza. A sus padres, al abuelo, a la abuela, a sus hermanos pequeños, al mediano, al tonto, a la hermana embarazada… Todos cargando una camioneta Hudson de lo imprescindible para iniciar el viaje al Oeste. Son tantos al principio, que deben vigilar el aceite, la presión de las ruedas, tirar algo, para poder seguir adelante. Pero pronto empezarán a perder gente. Primero el abuelo, que no llega a salir nunca de su tierra, de Oklahoma, después, la abuela, y después aquel, y más tarde el de más allá… La familia, de un modo u otro se va desgajando, mientras van pasando los estados a través de esa 66 saturada de familias como ellos, que atrás lo dejaron todo (todo, que en realidad no es nada, salvo polvo, recuerdos) por volver a empezar en el Oeste…

“Allí hay mil vidas que podemos vivir, pero cuando llegue el momento, sólo viviremos una”

Ay, te da una pena la inocencia con la que afrontan el viaje… Porque tú sabes qué se van a encontrar al final. Ellos sólo tienen sueños. Tú intuyes realidad. Ellos, desechan cualquier duda que Steinbeck haya sembrado, muy sabio, en el texto. “Me han dicho que aquello no es fácil”. “Aquel dice que allá no hay trabajo, que algunas familias se están volviendo”. “Cuentan que allí las familias sobreviven en campamentos inhumanos”. ¿Volver? ¿Adónde? Eso son habladurías de quienes no quieren que les quitemos el trabajo. Porque eso, sus ganas de trabajar son las credenciales de los Joad, y con eso se piensan que podrán comerse todas las uvas del mundo.

Lo leí hace un par de meses, pero aún tengo nítidas en mi cabeza las imágenes, las sensaciones que me produjo la lectura porque en ningún momento dejé de pensar que el hombre es asqueroso, y que no aprendemos, y que eso que cuenta este libro en realidad pasa, sigue pasando, casi un siglo después. Un capítulo me gustó especialmente: ese que narra como la maleza se va comiendo las casas que un día llamaron sus hogares. Como se vienen abajo los tejados, y los hierbajos crecen en los quicios de ventanas y puertas, y cómo los animales toman como propio el territorio que una vez fue del hombre, y cómo la naturaleza toma lo que es suyo y lo hace suyo, otra vez, para siempre, quizá, hasta que venga el hombre, o el banco, y vuelva a arrebatárselo. Ay, qué libro (aunque también reconozco que hay una parte, mediada su travesía que se hace un poco larga, quieres ya que lleguen o que eso estalle, como su ira, por donde sea). Obra maestra.

   

Te gustará: Cómo escribe Steinbeck. La historia, tan de entonces, tan de ahora. Este libro volvió a poner en el mapa la Ruta 66. Lees y entiendes por qué. Su final es impactante, tan triste y a la vez tan, tan… (no sé cómo describirlo).

No te gustará: Su travesía se hace un poco larga. Eso sí, una vez llegan al destino, tú no podrás de leer hasta que llegues al final.

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7 Comments

  1. ¡Hola!
    Tengo una colección de libros que se llama Alfred Nobel y entre ellos está Las uvas de la ira. Tengo que reconocer que aún no lo he leído porque le tengo un poco de miedo.
    Pero después de leer tu opinión me han entrado unas ganas tremendas de leerlo. Así que lo pondré más a la vista y espero leerlo a principios de año.
    También tengo La perla del autor, sin leer también. Y tengo muchas ganas de hacerme con Al este del Edén.
    Un beso

  2. Uno de mis libros de cabecera, de esos que siempre mencionas cuando te piden que digas tus diez libros favoritos, la mayoría cambian, pero hay 3 o 4 que siempre están en esa lista y este es uno de ellos.

    Un abrazo

  3. Es uno de los libros más tristes que he leído. Una obra maestra, la película por muy buena que sea no describe ni lo más mínimo de las sensaciones que transmite el libro. Si se quiere disfrutar con la desesperanza y la ilusión y lo mejor de lo que puede dar el ser humano, este es su libro. Para mí, este libro roza la perfección en todos los sentidos, tanto literarios como argumentales. Un 10.

  4. Un libro maravilloso. Nunca me esperé un final tan triste, pensaba en algo más esperanzador. Me atreví y escribí unas líneas al final de mi libro. Se las comparto y espero que sean bien recibidas:

    Los primeros rayos de sol iluminaban el alba y la poca luz que ingresaba al granero dejaba al descubierto las siluetas humanas acurrucadas sobre el heno. A lo lejos se oyó el cantar de un gallo y Ma poniéndose de pie, traspasó con sigilo al umbral del granero. En sus celestes ojos se reflejó un cielo inmenso surcado solo por algunas nubes blancas, y en su mente el recuerdo de los que habían quedado atrás le oprimía el corazón. En su soledad no pudo contenerse y lloró amarga y tristemente. La esperanza de volver a ver a Tom algún día era suficiente para mantenerla en pie y seguir adelante. Se enjugó las lágrimas de sus ojos y de sus mejillas, respiró hondamente y de forma presurosa entró nuevamente al granero.
    – Levantaos todos, el invierno ha acabado.-

  5. Sí…La Uvas de la Ira provoca una impresión muy fuerte y tú eres muy sensible.
    Te pasará algo similar con ” La Taberna ” de Emile Zola.
    En las noches, yo empecé a soñar con los personajes que nunca había visto. Nunca más me ha vuelto a pasar ese fenómeno.
    Buena suerte con tus lecturas sanamente compulsivas.
    Sergio

    • Hola Sergio, perdona por la tardanza en contestar. He estado muy, muy liada en el trabajo y me ha sido imposible. No he leído esta novela de Zola. De hecho, no he leído nada de Zola. Muchas gracias por la recomendación, apuntada. Un beso enorme!

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