Llámame por tu nombre

Llámame por tu nombre lakriticona

“Consigues que me guste quién soy y en lo que me convierto cuando estás conmigo”

  

Ay, pienso mientras cierro Llámame por tu nombre de André Aciman. Ay. Y dos goterones caen por mis mejillas. Y el estómago se me anuda. Ay. Qué libro tan hondo, intenso y bello. Ay. Qué amor tan de verdad, de esos que te mueven todas las estanterías (como diría mi amiga Blanca Benavent), que te cruza, que te parte, como una línea meridiana. Ay. Ese amor prohibido por la edad (un chico de 15 años, un joven de 22) y las convenciones sociales (dos hombres, no hombre y mujer). Un libro lleno de una ternura infinita que te va empapando el alma como lluvia fina de una tarde gris de octubre. 

Ay. 

No conocía a André Aciman, un escritor egipcio nacido en Alejandría en 1951. Jamás había leído nada de él ni sobre él. Me llegó, una vez más, vía Buenos Aires, recomendado por mi apreciado, buen amigo y guía literario Mariano Castagneto. Me dijo: “Léetelo, te gustará cómo describe”. Es de frases cortas e hirientes. Hay constantes menciones a Nietzsche, a Van Gogh, a Heráclito. A mí ya me encantó la primera del libro: “¡Luego!’, una palabra, una expresión, una actitud”.

Llámame por tu nombre cuenta la historia de Elio, el hijo mejor de una familia de intelectuales de un pequeño pueblo de Italia (B.) que cada verano acoge estudiantes. Los últimos ganan un techo, la familia, alguien que ayude al padre con los papeles. Aquel año el huésped es Oliver, el chico de 22 años. El libro es la historia de amor que surge entre ambos. Y lo hace con una delicadeza y una inteligencia que puede desarmar, incluso, a todo aquel que no cree que dos personas del mismo sexo puedan enamorarse

Aciman lo resume en una frase de las muchísimas que he subrayado: “Algo inesperado pareció ocurrir entre ambos y, por un segundo, parecía no haber diferencia de edad, sino sólo dos hombres besándose e incluso esto parecía disolverse, al comenzar a pensar que ya no éramos ni tan siquiera dos personas sino dos seres“. 

Dos hombres. Dos personas. Dos seres. Amor de verdad. La necesidad de otro. Normalmente de diferente sexo, pero no tiene por qué siempre. Nunca he entendido a quien no entiende que dos personas del mismo sexo se puedan enamorar. Eso de las manzanas y las peras y tal. A todo aquel le recomendaría este libro. Y si después sigue sin entenderlo es que, directamente, le falta el corazón. Porque, vuelve a leer la frase del principio. La que encabeza esta crítica. Se la podrías haber dicho tú hoy, esta mañana, ayer, a la persona que quieres, a esa que te completa, ¿verdad? Pues se la dice un hombre a otro hombre. ¿Qué diferencia hay entre ésta y aquella tan parecida que García Márquez (“No me gustas por quién eres, sino porque quién soy yo cuando estoy contigo“) escribió a una mujer? Poca. Ninguna en realidad. Pues eso.

Aciman describe con una ternura tan fidedigna que quema. Los miedos. Las sensaciones que van brotando en el corazón de Elio desde la primera vez que ve a Oliver. Asistes a todo desde el principio. Y también desde el final. Ay. Desgarra por real. Todo es tan real… Escuchas las canciones de aquel verano. Ves los colores de las ropas. Hueles las sábanas. Cierras los ojos y eso que viven lo estás viviendo tú.  

Llegó. Se fue. No ha cambiado nada. No se había alterado. El mundo no había mutado. Y así todo, nada sería lo mismo“.

Ay. Qué triste. Qué bello. 

“Aquel beso aún está grabado allí, menos mal. Es todo lo que tengo de ti. Eso y tu camisa”.

La acción se desarrolla lenta. Madura poco a pocoAl principio tiene tramos densos hasta que se desenreda. Pero cuando explota, cuando todo empieza a encajar, te emboba. Yo no he dejado de llorar en las últimas treinta páginas. Por ellos. Por mí. Por todas esas historias de amor que se quedaron en el aire, entre las paredes, de tantos bares, tantas ciudades, de tanto lugar.

Ay. 

  

Te gustará: Es, de verdad, una maravilla de libro. 

No te gustará: Al principio hay un tramo que aburre, no ves avanzar la acción. Sigue. Merecerá la pena. 

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3 Comments

  1. Me leí el libro en verano y me enganchó desde la primera página. Me encantó.
    ¿Me aconsejas otros libros de ese estilo?.

  2. Pingback:El azul es un color pálido, de Julie Maroh, en lakriticona.com | La Kriticona

  3. Pingback:Vanessa Smith

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