Los cuatro palos del tiempo

Los cuatro palos del tiempo by lakriticona  

“Los cuatro de siempre, que siempre juegan a lo mismo, en la misma mesa y, a menudo, haciendo los mismos comentarios. A veces pienso que ya deben de haber agotado todas las posibles combinaciones de las cartas”

  

Lo primero, perdonad el silencio de esta semana. He estado de vacaciones en León, sin photoshop, y me resulta imposible actualizar desde allí. También, desde hace un mes y medio ha cambiado mi trabajo, tengo menos tiempo y, aunque sigo leyendo al mismo ritmo, me es casi imposible escribir dos veces a la semana, así que por eso, desde hace semanas sólo actualizo un día, los lunes. Esta semana, mi lunes será mañana, jueves, pero quiero compensar mi silencio con un libro especial, éste, Los cuatro palos del tiempo, una novela que he visto crecer desde que era una idea, una simple idea, hasta que se ha convertido en libro de coleccionista. Os cuento su historia. Estoy segura de que os gustará tanto como lo que cuentan sus páginas.

A David Rubio, su autor, me une un lazo que jamás nada podrá romper. Ni la distancia, ni los meses y hasta años de no saber apenas nada el uno del otro. Con David, siempre, cuando nos vemos, todo es igual que ayer. Lo primero que él conoció de mí, hace ya doce años, fue mi forma de escribir; yo y mi alma derramada, mi yo más profundo, mi yo más yo, ese que me sale sólo cuando escribo y es, de todos mis yoes (que son bastantes) el que más de verdad siento. Pues yo acababa de escribir mi primer libro (Lágrimas de arena), bajo el consejo y el abrigo del gran Yuma, quien, buscando una opinión completamente objetiva de aquello que yo había escrito y que era la historia de Aicha Embarek y la de una familia maravillosa, la de Julia y Javier (a quienes quiero como a unos segundos padres) y un poco también la del propio Yuma, le dio las galeradas a David, un periodista leonés con alma de escritor a quien yo no conocía de nada.

“Hoy no pasa nada y sin embargo yo tengo la necesidad de escribir

Aún recuerdo nuestra primera conversación por teléfono. Yo acojonada. Él con esa fina ironía que tan bien maneja. “Hola, bueno, ¿y qué te ha parecido?”. “Bueno pues… Me ha gustado, pero creo que siempre se escucha la misma voz, la tuya”. Poco tiempo después nos conocimos en persona. Y hasta hoy. David es uno de esas personas que llenan de buenas cosas mi vida. Siempre tiene algo que descubrirme (una bebida, un restaurante, un escritor). Y tiene algo, además, que le hace único: siempre que le veo regreso a casa con ganas de escribir, de contar historias, de volver a llenar folios en blanco.

“¿Qué tendrá que pasar para que olviden un día su puta partida de cartas?”

Y aquí llega Los cuatro palos del tiempo. Me habló de este libro por primera vez en los sillones del Areia, un bar mítico de Madrid (en la calle Hortaleza) que, cómo no, tuvo que venir él desde León a descubrirme cuando yo aterricé en esta ciudad. “Me gustaría escribir una historia en la que cada capítulo comience con el pronóstico del tiempo y una carta de la baraja española”. Me encantó. La primera vez que la leí completa fue hace unos cinco años, eran unas galeradas y se titulaban La baraja. Y la historia me llenó de melancolía. Y me pareció que David había logrado convertir su idea en una novela que merecía, y mucho, la pena. La segunda vez, fue hace unos meses, también galeradas y con un título que decidimos en una cena por el último San Juan. El pasado domingo, me la regaló ya convertida en libro y es una joya editorial. Muy cuco. Muy cuidado. Huele a septiembre. A libro por estrenar. Editado por la Asociación Cultural La Armonía de las letras (León), lo ves y ya sabes que es especial. En la segunda página te encuentras una leyenda que así te lo dice (“Este libro pertenece a la colección privada de…”; me encantó el guiño), entre sus páginas, las cartas de la baraja española y un marcapáginas especial, a mano y dedicado por el autor. Sólo se han editado 500 ejemplares. Sólo se venderá en León. Insisto: joya

“Tener o no tener suerte, Tenerla y aprovecharla. En eso, a fin de cuentas, es en lo que se resume todo”

Y no lo hago porque David sea mi amigo. De hecho, quizá, sea más difícil escribir sobre una novela de alguien a quien conoces (y quieres). Te es más complicado subrayar sus fallos. Te da no sé qué. Pero yo, desde que empecé con lakriticona, tengo una máxima: ser sincera. Lea a quien lea. Pese a quien pese. Si no el blog no tendría sentido. Me engañaría a mí, a ti y, sobre todo, a mi amigo. La crítica constructiva siempre es más eficiente que el halago. Así que en este caso comenzaré por lo que no me ha gustado (y se lo dije a él el otro día): eché de menos saber por qué nadie volvía, por qué nadie lo había hecho, la razón de cada uno de los clientes de ese bar a 3.000 kilómetros de España para no atreverse a volver. Pero poco más.

La verdad que Los cuatro palos del tiempo me encantó. Es triste, melancólico y va de un tema que me apasiona: la pérdida de las raíces, de esos pilares en los que se sujetan las vidas de las personas y se va comiendo el tiempo. Y, juro, no es pasión de amiga. David escribe muy bien. Y este es un libro intimista, tipo diario, que te hace meterte en la piel de ese personaje central que mira y escribe, mientras la vida y las partidas de cartas, pasan siempre iguales, siempre distintas.

“Sólo temo avanzar demasiado despacio en mis predicciones y que la realidad me alcance, pero no tengo miedo a equivocarme”

Porque en Los cuatro palos del tiempo escuchamos siempre dos voces: la de la tele, con el canal internacional, escupiendo el tiempo que hará en España y la de aquel que escribe. Estamos en un bar donde lo único que te hace sentir en casa es ver la predicción del tiempo en el canal internacional. No sabes qué ciudad. Quizá del norte de Europa. Pero hace frío, el café es malo y se habla un idioma extranjero. Ahí, un hombre escribe para llenar de letras el tiempo que va pasando, con la única necesidad de diferenciar unos días de otros. Al principio piensas que es el típico bar de pueblo donde los mayores echan la partida y, a medida que van pasando las páginas, descubres que ese lugar es como la Casa de España en esa ciudad. Y van pasando las personas y las historias y los días. Algunos personajes se repiten (Ramiro, Cosme, Miguel…) y otros son fugaces (Rosana), como la suerte en una partida de cartas, como este libro en el que a todos sus protagonistas la vida les ha pintado bastos y que ha escrito un amigo mío que felicito, de corazón, por haber convertido en realidad (y una gran realidad) esa idea que me contó una noche de abril y piñas coladas de mi primer Madrid.

     

Te gustará: Es hondo, intimista, las cosas pasan despacio, pero te calan. Le coges un cariño tremendo al protagonista.

No te gustará: Este no es un libro de acción sino de personajes donde las cosas que pasan suceden “adentro”. Quizá si alguien busca acción puede aburrirle.

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