Los diecinueve mejores libros que he leído… (hasta el momento) y III

Los diecinueve mejores libros de mi vida III lakriticona

13. La tía Julia y el escribidor

Cuando viajo, me gusta eso de comprarme un libro en el punto de partida para que sus letras me adormezcan, o estremezcan, o despierten. Así, cada uno de mis viajes tiene nombre de novela. Uno a León hace dos años se llama Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa acababa de ganar el Premio Nobel. Me alegré. Nunca había leído nada suyo, pero siempre estaba ahí, entre mis deberes para mañana. Al día siguiente de que le dieran el Nobel me compré La Fiesta del Chivo. Si otro año más no le habían dado el premio a Milán Kundera, al menos se lo habían dado a alguien que conozco y me apetecía descubrir. La Fiesta del Chivo al principio me costó, pero según fui pasando páginas, me atrapó de tal manera que se convirtió en uno de los mejores libros que me leí aquel año. Vargas Llosa es un maestro a la hora de cerrar las historias. Qué bueno. Un genio. Travesuras de la niña mala fue el segundo libro suyo que me leí… E hizo de aquel viaje en autobús a León el mejor de mi vida. De hecho, si aquí pongo el libro de La tía Julia y el escribidor es porque éste se lo dejé a alguien y no lo encontré para poder hacer la foto (otro libro obra-de-arte, divertido, emocionante, precioso), pero la niña mala es de quien, en realidad, os quiero hablar. Recuerdo que leí tres cuartas partes de aquella historia muy lejos de aquel asiento incómodo. De Chile a París. De Londres a Madrid pasando por Japón. Me enamoré y desenamoré tantas veces como el protagonista de esa Chilenita malvada, que iba y venía. A veces quería gritarle: “Aléjate de ella. ¿No es que es una egoísta? ¿No ves que no te quiere?”. Otras, me enternecían sus pequeños gestos de cariño. Reí y lloré. Sonreí y me enfadé mientras Castilla corría de sur a norte al otro lado de la ventana. Desde el principio a la última página, Travesuras de la niña mala fue una aventura fascinante. Y, el final de la novela, una vez más, redondo. Cuando lo cerré, me agarró la nostalgia. Creo que hasta yo me había enamorado un poquito de aquella Chilenita traviesa y mala.

14. Nada se opone a la noche

Este libro, Nada se opone a la noche, tiene, en parte, la culpa de este blog. Cuando lo acabé, había un charco de lágrimas del tamaño de un puño cerrado en mis sábanas. Con la mano izquierda me secaba la mejilla. Con la derecha cogía el móvil y escribía. Necesitaba volcar todo el torrente de emociones que Delphine de Vigan me había dejado dentro. Aquello lo colgué en Facebook. Luego decidí que los planes inmediatos, todo lo que está por venir, lo empujarían a la parte de abajo de mi TimeLine y podría olvidar todo lo que me había dado este libro. Por eso decidí copiarlo en este blog. Empezar a recopilar lo que leo. Escribirlo para no olvidarlo. Aquella crítica aún la escribí turbada por la mirada cargada de rímel de la mujer de la portada. No tengo más que añadir. Sólo que es probable que la encuentres siempre bajo el papel celofán de mis regalos.

15. Alta Fidelidad

Quizá fue la película. Quizá, John Cusack. O, quizá, que esta novela de Nick Hornby es, sencillamente, magistral. Retrata una edad, la de aquello veinteañeros que ya casi suman veintitodos. Esos amores que quieres que sean ya para el resto de tu vida pero encaras con el guión de un quinceañero. Esa edad en la que caminas sobre el alambre. Cada vez más lejos de lo que fuiste. Cada vez más cerca de lo que serás ya el resto de tu vida. Y los cinco amores que te llevarías a una isla desierta. Desde aquel del colegio a éste que ya duerme en tu cama y tiene un cepillo de dientes en tu baño. A los hombres suele gustarles mucho Alta Fidelidad. La película y el libro. Hay dos cosas de las que Nick Hornby sabe mucho: de música y fútbol. De eso y de escribir. Rob pertenece a un mundo que se esfuma. Un mundo de discos de vinilo y música de los Smiths. Entre listas de canciones favoritas y amores que pasaron, Laura, su novia que se fue con otro, ocupa siempre el primer puesto… Se lee en un suspiro. Y, cuando terminas, te dan ganas de comprarte una gramola para guardar tus veinte años, para siempre, entre sus surcos de vinilo.

16. Sunset Park

Sunset Park es, para mí, la mejor novela de Paul Auster. Fue un regalo de Navidad y en realidad fue un reencuentro. Mi regreso al universo Auster. Sunset Park es un libro de nostalgias, intimista, de esos en los que cada página te susurra un secreto mientras te lleva de la mano hasta esa casa de okupas en la que no sólo el protagonista encuentra su camino. A mí Sunset Park me detuvo la respiración. El lector está ante el Auster más intimista y personal. Caminaba en silencio por esa avenida gris y callada, por esas habitaciones llenas de juventud, mientras Nueva York late al otro lado de la ventana al ritmo que marca el maestro Paul.

17. Ensayo sobre la ceguera

Qué duro. Terrible. Este libro es uno de los más crueles que me he leído en toda mi vida. Y, sin embargo, cómo disfrute de su lectura. Una alegoría cruda y real del ser humano, de su egoísmo más exacerbado, de cómo nos comportamos cuando nos llevan al límite, cómo el ser humano destruye, mata y aniquila. Pero también cómo cosas como el amor, la solidaridad, el grupo o la lluvia nos redimen. Ese mundo que, de pronto, un día deja de ver. Una ceguera fulminante que comienza en un semáforo en rojo y llena un libro sin nombres pero personajes que no borran ni el tiempo ni achican otras historias y novelas. El médico. La chica de gafas. La mujer del médico. La niña. Escribo de memoria y, sin embargo, ahí los tengo, delante. Porque Saramago consigue eso. Que sus personajes respiren y sientan, que se te cuelen, que los toques y los veas, que sufras con ellos, que les grites y consueles, que les guíes en su ceguera mientras tus ojos se comen toda la mezquindad a la que puede llegar el ser humano. Jamás olvidaré este libro. Los fuegos fatuos.  Sus personajes. El golpe tan duro que supuso su lectura. Todo lo que me enseñó Saramago sobre los demás y sobre mí misma.

18. Purga

Si algo me gustó de esta novela es cómo escribe Sofi Oksanen. Frases cortas, directas y poéticas que se clavan como flechas. Aún tengo en mi cabeza a esa vieja que mira cómo se mueve un bulto en su jardín descuidado mientras una mosca se posa en un chorizo de su despensa. Tengo esa imagen vívida en mi cabeza. Fue la primera de ese libro que me lleno y abrumó, que me descubrió una escritora de la que quiero leer todo y una literatura voraz y obsesiva. La historia gira entre el pasado y el presente para anudarlo con una fuerza que ahoga. Zara es una mujer que huye de un proxeneta y Allide, una vieja con un secreto terrible que vuelve una mañana, mientras mira un bulto de pelo rubio y sucio en su jardín mientras una mosca se posa en su chorizo. Sólo puedo deciros que a mí no me la recomendó nadie. Me llamó la atención el título. La probé y Purga entró directa en ese lugar donde guardo los libros que me leería una y otra vez hasta saberme de memoria.

19. Cosas que los nietos deberían saber

Termino con redoble de tambores y traca final. Y para eso, nada mejor que Novocaine for the soul, una canción de Eels. Jamás había escuchado su música. Mucho menos sabía que este libro existía. Me lo prestó un amigo. Me dijo que en Estados Unidos era el libro de autoayuda más vendido. ”A mí no me gustan los libros de autoayuda”, le dije. Me repatean, de hecho. “No, es una autobiografía, pero la gente lo considera de autoayuda por la capacidad de Mr. E. de sobreponerse a los golpes más duros de la vida”. Y tanto. Es maravilloso. No sólo te descubre todo lo que hay detrás de cada acorde de Mr. E., desenreda su vida para atraparte en una red de música y pérdidas. Se mete en tu cabeza .Hay dos cosas que jamás olvidaré de este libro: las bolsas de basura negras y los malabarismos con las bolas del árbol de Navidad. Porque la vida de Mr. E. muerde como lo hace la música de Eels.

CARAS B

Como en los buenos discos de The Cure, no podían faltar las Caras B de lakriticona, aquellos que te definen pero escondes para que sólo aquellos que quieran saberte de verdad puedan encontrarte…

I. It (Eso)

¿It? Sí, It. Porque It me huele a tormenta de verano y a la pólvora de las fiestas de los pueblos. Porque It me sabe a sanwichs de salchichas con queso azul y ketchup. Porque leo It y me veo en la cocina de Ana una noche de verano, saltando las dos como locas, cantando, gritando aquella canción de Terapia Nacional, ¿Qué quieres ser?, que definiría las SuperWoman que seríamos mientras una colilla, las primera colillas, se apagaban en el asfalto de su patio. Porque abrir It es volver, directa, a mis quince años.  Eso es este libro para mí. Cuando era pequeña, Stephen King era mi escritor favorito. No recuerdo cuál fue el primero que leí, pero sí que It fue durante años mi libro favorito. Aquel que leía un verano tras otro mientras mi adolescencia se hacía mayor y los peluches de mi cama servían para esconder los paquetes de Lucky, algo así como lo que decía aquella canción. El payaso Pennywise me daba tanto miedo que, a veces, tenía que dejar la luz encendida toda la noche. La primera vez que lo leí, aquel verano de los quince años en los que las canciones de Sergio Dalma se me quedaban ya pequeñas, lo hice en tres días. Tres días que pasé en Derry. Escondida, atemorizada de ese payaso maligno que podía esconderse en cualquier sitio. En una alcantarilla o en un parque. En una nevera vieja o en una foto de un grupo de amigos que deshicieron los años. Regresé a Derry cinco veranos más. Los cinco siguientes. Hace años que dejé de escuchar Terapia Nacional, hace años que no piso la cocina de Ana, hace años que se fue aquella niña que soñaba con ser mayor, que olvidé aquella cerveza que bebí porque me creía mayor, pero cuando paso los dedos por el lomo de It aún regresan a mí aquellos veranos que pasaba en Derry, con la luz de mi habitación encendida toda la noche no fuera a ser que Pennywise también pudiera esconderse entre las páginas de un libro y salir un día, de repente, después de la tormenta y de que un piano toque Para Elisa.

II. Lumbanico, el planeta cúbico

Lumbanico. Aquí os presento al primer libro de mi vida como un primer amor. Porque hubo otros antes, sí, por supuesto que los hubo. Aprendí a leer casi antes que a hablar. Pasé por el blanco y el azul del Barco de Vapor antes de llegar al Naranja. Pero no recuerdo sus títulos, ni cómo olían, no recuerdo nada, se borraron de mi cabeza como lo hacen los amores de barra. En cambio durante años cerraba los ojos y volaba de arista a arista, encontraba un pasadizo en un jardín de estatuas y abría la vieja puerta al nuevo mundo de Lumbanico, el planeta cúbico. El lomo Naranja de los libros del Barco de Vapor eran para niños lectores a partir de los nueve años (creo, escribo de memoria, caprichosa y olvidadiza siempre) y a mí me lo regalaron en mi séptimo cumpleaños. Dos años antes, ¡toma! Me sentía orgullosa de poder leer “cosas de mayores”. Me tomé Lumbanico como los deberes. Con ritual y todo. Llegaba del colegio y me metía en la cama a las cinco de la tarde para terminarlo cuanto antes. Ahí descubrí el vicio de comer libros, de leer bajo luz de flexo en la cama que aún hoy, veinticinco años después, acuna mis noches. Cómo lo disfrute. Era una historia de mayores y me encantaba. Ya podía dejar a la Bruja Mon por Fray Perico y su borrico. Adiós blanco y azul. Adiós chupetes y muñecas. Hola naranja. Barras de labios rosas y zapatos de tacón de mi madre. Durante años me acompañó en mis múltiples traslados. De la ciudad al pueblo y vuelta a la ciudad. De una casa a otra. Siempre estaba ahí, en el centro de mi estantería. Lo releí años después y volvió a encantarme. Sin embargo, hace cinco años, en el viaje de la Universidad a Madrid, se perdió. Los busqué en Internet, librerías de segunda mano y bibliotecas. Agotado aquí. Agotado acá. Imposible. En la biblioteca actual del Barco de Vapor sólo siguen Fray Perico y su borrico. Los títulos entran y salen del catálogo y Lumbanico se quedó también en una ida y vuelta de esas. Un día, llorando no recordar ya nunca como era aquello de volar entre las aristas de Lumbanico, una compañera me habló de Iberlibro, una página en Internet de libros de segunda mano, agotados y antiguos que era de fíar, y lo busqué. Lo encontré. Había cuatro ejemplares. Tres en Estados Unidos por cien euros y uno en Granada, por seis. Cogí el barato, claro, el hispano, leñe. Pagué con miedo de estafa, con temor de que no llegara, o se perdiera, o que mi paso a Lumbanico se hubiera cerrado también para siempre y no tuviera tres niños valientes que se atrevieran a volar solos y acampar en un parque de estatuas viejas. A los cuatro días descubrí un sobre marrón e inflado en mi buzón. Cuando vi que era Lumbanico me puse a saltar sola, aferrada al paquete, gritando: “Sí, sí, sí”. Lo leí en una tarde. También de ritual. Con mi libro y mi flexo, sonriendo como una boba una página tras otra. No sé si fue porque ahora que sólo leo de mayores descubro que Lumbanico fue aquel libro juvenil que hizo que me sintiera lectora o porque, simplemente, Lumbanico me recuerda tanto a mí que es imposible no emocionarme siempre que me acuerdo de lo que significó para mí leerlo por primera vez.

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32 Comments

  1. Estimada Kriticona. Sabía que no me sentiría defraudado al leer la continuación de la lista. Y sin embargo lode “It” ha sido un golpe bajo que tendré que sobrellevar como buenamente pueda. Afortundamente, incluir “Travesuras de la Niña mala” y “Ensayo sobre la ceguera” me ayudarán a digerir el trago. Si me permite, le sugiero que lea “La mujer justa” de Sandor Marai, obra maestra absoluta que pasó sin pena ni gloria en el momento en el que fue editado y que alguien tuvo a bien rescatar hace una década. Ya me contará. Un placer. Siempre un placer leerla.

    • Por supuesto, la próxima vez que vaya a comprar, La mujer justa estará en mi cesta. Lo de It… Por eso lo añadí en mi Cara B. Fue un libro que me fascinó cuando era una adolescente. Cuando debes leer libros que te descubran el placer de leer por leer. Jamás lo olvidaré. Sé que no es una joya literaria, pero para mí ha sido un libro imprescindible en mi trayectoria como lectora. Un abrazo enorme Tomás!!!!

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  4. Travesuras de la niña mala… Excelente libro, de mis favoritos, ame a la chilenita.

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  11. Cristina Alemparte

    Vaya, con lo dura que me creo…, se me han caído algunas lágrimas (sí, nada menos que lágrimas)leyendo tu historia de amor con los chicos de la Arista. Uf, no conozco a nadie que lo haya leído con ¡siete! años. Y que no sólo lo leyera sino que lo entendiera y lo apreciara… Qué quieres que te diga… Bueno, con esta crítica te has ganado el título de Embajadora de Lumbánico en España. Yo, representante plenipotenciaria de los lumbanicenses, te otorgo solemnemente ese nombramiento. ¡Te lo mereces! Con mucho cariño, Cristina.

    • Cristina, no sabes CUÁNTO, pero CUÁNTO me ha emocionado tu comentario. Y la ilusión que me hace se Embajadora de Lumbanico en España porque realmente es una novela de esas que tienen magia, que consiguen algo maravilloso: que ames los libros, que te conviertas en lector. Me gustó de niña, pero también lo hizo de mayor. Y eso sólo pueden hacerlo las novelas que, como he dicho, tienen magia. Creo que a todos los que tuvimos la suerte de descubrirla de niños nos marcó. Lumbánico, el planeta cúbico. Cuántas aventuras encierran esas cuatro palabras. Muchas gracias, Cristina, no sabes el placer inmenso que es para mí que lakriticona me haya llevado hasta ti y poder decirte en mayúsculas GRACIAS POR ESCRIBIR UN LIBRO COMO LUMBANICO! Un abrazo gigante y enormeeeeeeeee

  12. Pues mi historia es parecida a la tuya, mi primer libro fue Lumbanico, el libro con en q empecé a amar la lectura.
    Lo busque durante años sin suerte, hasta q un día me entere que la autora iba a reeditarlo. Y así fue, tengo una copia firmada por ella. De hecho, esta escribiendo la segunda parte en este momento.

    • Que está escribiendo la segunda parte??? Qué gran noticia!!!! Ese es un libro con magia, verdad? Un libro especial que como tú dices te hace amar la literatura. Qué bien que hayamos coincidido en ese comienzo. Abrazo gordo! :)

  13. Cristina Alemparte

    Diego, sé quién eres, te tengo localizado… Muchas gracias por apoyar la página de Facebook de Lumbánico y por haber sido uno de los primeros en pedir el nuevo libro. La verdad es que esta edición tiene como madrinas y padrinos a Javier Yohn, que montó por su cuenta la página de Lumbánico y después me la cedió cortésmente (aunque él sigue allí, entre bambalinas); a mi hermana Marta, que en 1982 tenía 10 años, una muñeca a la que se le caía el ojo y muchas poesías malas en la libreta, y que fue y es mi Mela; y a Diego, Ana, Elena, Ismael, Reme, Jessica, Aralein… todas las personas jóvenes, llenas de belleza y energía, que me escribís para empujarme hasta el escritorio y convencerme de que vuelva a coger el papel, el lápiz y la goma. Aunque soy recalcitrante y vaga,lo habéis conseguido. Se me ha ocurrido una idea (algo extraña, y no sé si gustará o no), y ya ha comenzado ese parto largo y a veces pesado que es escribir. Seguramente va a ser el parto de la burra o la elefanta, pero la historia saldrá, eso seguro.

  14. Cristina Alemparte

    A ti, señora Embajadora, te escribiré en Facebook, pero tengo que pasarte un mensaje. Mi hermana Pilar, Pirela en el libro, ha leído tu krítica en estas páginas y me pide que te diga lo siguiente: que se emocionó (o sea, que lloró) al leer lo que has escrito, y que escribes realmente bien. Pilar no tiene página de Facebook, ni escribe con teclas; ella es un espíritu libre y al mismo tiempo muy tradicional; tiene cocina de leña, hace pan, borda… Tienes q

    • Cristina, dile a Pilar (Pirela, oh!, Pirela) que a mí se me ha puesto la piel de gallina al leer tu mensaje. Pero toda. Jo, gracias! :))))))))

  15. Cristina Alemparte

    ¿Véis por qué escribo a lápiz? Soy como Pilar, enemiga del terclado… Bueno, sólo quedó por decir que tienes que conocer a Pilar-Pirela, Kriticona, y también a Marta-Mela. Te reirías un rato, te lo aseguro, al ver cómo son.

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  22. Haz acertado otra vez, en mí, con tus recomendaciones. Lo hiciste con Tokio Blues, Los años de peregrinación del chico sin color, La soledad de los números primos, La carretera (aunque de éste último no me gustó su prosa cortante y mal escrita en español) y ahora con Las travesuras de la niña mala, del que quiero expresarme. Hizo relucir en mí muchas emociones, así como a ti. Es un libro muy bueno, nada complicado, bien escrito y lineal. Seguiré al tanto de tus recomendaciones. Saludos y muchas gracias.

    • Muchísimas gracias por tu post, Rafael. Un placer inmenso. Eso es que tenemos gustos parecidos! Qué pena lo de La carretera. A mí me impactó muchísimo este libro. Ahora leyendo ‘Apropiación indebida’ de Lena Andersson y me están encantando (publicaré la entrada en breve). También leí La quinta esquina. Y te lo recomiendo fehacientemente. Creo que puede gustarte. Un abrazo enorme y gracias por estar ahí.

      • Esperaré a leer tus reseñas sobre esos libros, seguro que sí me pueden gustar. Los que estoy muy interesado en leer son Alta fidelidad y Nada se opone a la noche, cosa que no he hecho porque no los he encontrado en papel (no me gusta leer libros digitales). Se me pasó por alto que también leí La hojarasca gracias a ti y es otro de los que me ha fascinado.

        • Hola Rafael, mil gracias por tu comentario. Alta fidelidad y Nada se opone a la noche seguro, seguro, seguro que están en papel. Búscalos en edición bolsillo. Seguro que los encuentras. Y merecen tanto la pena! La hojarasca es un libro fascinante, verdad? Un beso!

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