Los mutilados

Los mutilados by lakriticona

     

“Sé que he tocado un punto doloroso. Puede parecerle falta de tacto. Justifíquelo pensando que soy médico y estoy acostumbrado a palpar donde duele y, si hace falta, cortar”

   

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Los mutilados. Uno (Karl Fanta) es fácil de reconocer. Le faltan las piernas y los brazos, se ve. En los demás sólo hay que rascar un poco. En Franz Polzer, el protagonista, también. Basta leer las primeras páginas para descubrir que lo que a él le falta es la infancia, se la arrebataron a golpes, entre abusos. Después está la viuda. Lo que le falta lo lleva escrito en el apelativo, más que un marido, un hombre. Sobre esas faltas se construye esta novela de Hermann Ungar escrita en 1923. Es un clásico.

Yo jamás había escuchado hablar de ella. Nunca. Pero para descubrirme aquello que le falta a mi biblioteca está mi librero Luis, de La Central, podría pasarme horas, y meses, y días, y años, hablando con él de libros: siempre acierta. Esta vez también. En este caso es con este relato in crecendo donde, “el horror procede del realismo de la acción”, lo revela la sinopsis de su contraportada. Es cierto, comienzas y ya no puedes parar. En este libro, lo dicho, a todo el mundo le falta alto. Es como el circo de los horrores versión germana, más gris, más pálida, más fría, igual de efectiva. 

“Además, la variación hace agradable la vida, ¿no?”

Polzen, el personaje principal, al principio recuerda a aquel oficinista, Bartleby, el escribiente, el personaje de Melville, lánguido, intrascendente, gris, invisible. Pero pronto le descubres destellos de personaje de El túnel de Sábato, obsesivo, neurótico, loco. Vive en casa de una viuda y repele cualquier contacto de piel (más con mujeres) y, sin embargo, se ve abocado a una locura que va in crecendo a medida que pasan las páginas. Ella se aprovecha de él, de que nunca se queja, que todo se lo traga, que asiente, aunque por dentro quiera morder. Su amigo, el mutilado físico, al que le debe lo mejor de su infancia (yo creo que esta enamorado de él) le pide irse a vivir con ellos. La viuda, gorda, sebosa, es carne fresca, que se exhibe, que se deja, que busca, y el pobre mutilado lo único que ya le conforma es tocarle los pechos a su enclenque mujer.

Y allá se van, todos, el mutilado (ya con un brazo menos), su enfermero, un antiguo carnicero que siempre lleva consigo un cuchillo para recordar el horror de cuando le gustaba matar, y demás personajes secundarios. Todos poco a poco van perdiendo la cabeza. Cuando te quieres dar cuenta ya te lo has terminado. Y, ojo, que cuando lo haces, tienes la boca abierta. Acaba de una manera que no te esperas, que te sorprende, aunque en realidad piensas: “No podría hacerlo de otro modo”. Allí se dirigen todos los personajes. Al caos. A la degradación absoluta. Al fundido a negro. Gran libro. De los que no se olvidan.

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