Lumbanico, el planeta cúbico

Lumbanico, el planeta cúbico lakriticona.com blog Cristina Alemparte

“La ciudad olvidada dormía, y ni el aire se atrevía a perturbar su sueño”

  

Si queréis leer ‘Lumbanico, el planeta cúbico’ podéis hacerlo en este enlace

Lumbanico, el planeta cúbico es uno de los libros de mi vida. Un libro de aventuras, quizá el que más veces he releído en mi vida. Cuando era cría me hipnotizaba. La de Lumbanico era una historia que no trataba a los niños como si fueran tontos, tenía peso, latido, poso. Cuando fui mayor, y lo releí por quinta vez, me sorprendió no tener la sensación de estar leyendo una historia escrita para un yo que ya había pasado. Y todo es mérito de su autora Cristina Alemparte, que lo escribió para niños que son mayores, para adultos que nunca dejan de ser chavales. Lumbanico es un libro que no envejece. Lo leas las veces que lo leas siempre te sacará una sonrisa la historia de este planeta lleno de fantasía y ciudades azules construidas sobre el polvo azul de una estrella perdida.

Cristina Alemparte ganó el tercer Premio Barco de Vapor en 1986 con esta novela que recrea el mundo de un planeta, Lumbanico, con una rara peculiaridad: es cuadrado, no redondo. Arriba y abajo están los polos, inhabitables. Cada una de sus cuatro caras recrea el clima de una las estaciones de la tierra. Entre cara y cara, unas cordilleras como colmillos recién afilados llamadas aristas. Hubo una vez que los habitantes de Lumbanico iban de un lugar a otro libremente, a través de unos pasadizos que comunicaban unas caras con otras.

Pero hubo una catástrofe, La nube negra, provocada por el propio hombre y su consumo febril de una energía que recuerda mucho a la nuclear, y un terremoto brutal, y los pasadizos se cegaron, y los valles se despoblaron y los habitantes de Lumbanico fueron condenados a viajar por el aire de arista en arista cada tres meses, aprovechando las ráfagas de viento. Así fue durante siglos, hasta que, de pronto, un día, tres niños, Ustrum, Pirela y Mela, engañan a sus padres y no vuelan. Tienen un plan. Adentrase en las cordilleras, buscar esos caminos destruidos 700 años atrás. Será una de las aventuras más fascinantes de sus vidas… Y de la tuya, lector.

¿No me digáis que el planteamiento no es genial?

Pero Lumbanico es mucho más que un libro de aventuras. Muchísimo más. De ahí que no tenga arrugas, que no envejezca, lo leas con diez, lo leas con treinta. Esta una novela que te hace pensar, que te invita a reflexionar. Entretejida en su escritura ágil, Cristina Alemparte escribe sobre el racismo, sobre nuestra sociedad consumista, sobre el despertar de la inocencia y los tabúes (y qué bien escribe, de veras).

“Por primera vez en su vida, la pequeña lumbanicense comprendió la otra Poesía, la que no necesita rimas ni versos, ni siquiera palabras: la Poesía eterna de la naturaleza. La Vida”

El otro día mi amiga N., mamá reciente, me preguntaba: “¿Cómo se hace a un niño lector?”. No sé la respuesta. Yo, desde que miro atrás, leo. Nadie me puso uno en las manos. Mi madre me cuenta: “Cuando eras pequeña y nos íbamos a algún lado te decíamos: ‘¿Qué quieres que te traigamos?’. ‘Un libro’. Siempre pedías eso. Y creo de aquellas no sabías ni leer. Es algo increíble”. Yo me hice lectora así, sin saberlo. Eso sí, hay libros que te marcan el camino, que te descubren qué maravilloso es leer. Lumbanico es uno de ellos. Con esta krítica pretendo contestarle a mi querida amiga N.

Lumbanico, el planeta cúbico llegó a mi vida el día que cumplí siete años. Me lo regaló la vecina del primero a mediodía, justo antes de irme el colegio. Recuerdo que me lo dio en las escaleras y que llamó la atención por dos razones. La primera, porque era de la edición naranja de El barco de vapor. Na-ran-ja. El último antes del rojo, los libros de mayores. Por mi edad me correspondía el azul. Alguien consideraba que debía pasar ya de pantalla (de la azul a la naranja) aunque aún me quedaran dos años para ello. Guau.

Lo leí, lo devoré. Una imagen se me quedó. Esos tres niños en un jardín de estatutuas con los ojos saltones, en el fondo de un valle y la sensación de que ahí va a empezar a pasar todo. Leyendas antiguas grabadas en la piedra. Una puerta secreta que se abre… Me encanta. Aún se me pone la piel de gallina. Siempre será mi momento favorito del libro. Y mira que los hay. El encuentro con los habitantes azules. El miedo a lo desconocido. El guardián de los montes. La estrella azul…

“-Es el lugar más bonito del planeta-, afirmó Pirela-, o al menos lo fue cuando estaba habitado. ¡Qué lástima…! Espero que algún día la gente regrese. A mí me gustaría vivir aquí, y, su puedo, lo haré”

Durante años, Lumbanico viajó conmigo. Del colegio a la Universidad. De Salamanca a Madrid. Las idas y vueltas a León. En una de esas se perdió. Hace unos años, sentí de pronto unas ganas inmensas de releerlo. Fue entonces cuando me di cuenta que lo había perdido. Lo busqué por todas las estanterías. Las de Zotes y las de León. Las de la casa de la abuela y las de Madrid. Pero nada. Lumbanico ya no estaba. Lo pedí en librerías y ferias antiguas. Rebusqué por Internet. Y ahí descubrí que hacía años que estaba descatalogado. Y que había muchas otras personas como yo, que lo buscaban sin encontrarlo. Hasta que un día una compañera del periódico me comentó que la página Iberlibro vendía libros descatalogados (y es ultra fiable, palabra de usuaria). Ahí lo encontré. Dos carísimos. Uno, asequible. Al poco descubrí en mi buzón un inmenso sobre marrón y lo releí: fue uno de los días más felices de mi vida. Ahí fui consciente de que Lumbanico no envejecía. Me había atrapado como la primera vez. Me había hipnotizado. Como de niña.

Lo escribí aquí. Y eso me concedió, un año después, otro de los regalos más bonitos de mi vida. Cristina, su autora, lo leyó. Y me escribió. ¿Os imagináis? ¿Que la escritora de uno de los libros de tu vida te conozca, y te escriba, y se convierta en amiga epistolar, cuyos mails traigan siempre trazos de lápiz, y arena, y el sol de una playa lejana? Ojalá algún día os pase. Porque, además, gracias a eso, descubrí que Cristina ha vuelto a editar Lumbanico, que se puede comprar (aquí os dejo su página en Facebook, donde dice cómo), que ya no es un libro descatalogado y, lo mejor, que va a tener segunda parte…

No lo dudéis, si queréis hacer un niño lector, regaladle Lumbanico. Y veréis…

  

Te gustará: Es uno de los libros que marcaron mi infancia, mi camino lector. Un libro de aventuras con poso, que te deja una sonrisa. Además, qué bien escribe Cristina Alemparte. Sencillo, pero que te lleva.

No te gustará: Si te piensas que es sólo un libro para niños. Lo único que yo he echado en falta en esta segunda edición de la primigenia del Barco de Vapor, han sido aquellas ilustraciones que acompañaban el texto y que eran maravillosas. Te ayudaban a meterte en la historia. 

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5 Comments

  1. Cristina Alemparte

    No puedo comentar nada sobre el libro por razones evidentes, pero tengo que decir en esta página que para mí es un honor que Patricia Cazón incluya a “Lumbánico, el planeta cúbico” entre sus libros favoritos.

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