Nada

Nada Carmen Laforet lakriticona

 
“Si aquella noche -pensaba yo- se hubiera acabado el mundo o se hubiera muerto uno de ellos, su historia hubiera quedado completamente cerrada y bella como un círculo’. Así suele suceder en las novelas, en las películas; pero en la vida… Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace…”

    

Nada ha sido un puñetazo en el estómago. Un libro que has estudiado, del que estás harto de oír hablar. Y, sin embargo, ahora me pregunto por qué he estado tantos años sin leerlo. Podía haberlo hecho hace quince, cuando en el colegio nos contaban que Carmen Laforet había ganado la primera edición del Premio Nadal (1944) con 23 años y esta novela llena de nada, triste y gris, que retrata la España después de la guerra, sus secuelas, y te impregna el alma de un desasosiego que no se va cuando la acabas. Creo que Andrea ya es un personaje que nunca me abandonará del todo. Melancólico y lánguido, como el poso de una guerra, como una mancha cuyo cerco nunca se diluye.

Pero Carmen Laforet no necesita hablar de la guerra, ni de la postguerra civil española y, sin embargo, ahí la tienes, página a página. En Nada no hay tiros. No hay sangre. Tampoco batallas. Pero sí víctimas. Secuelas. El vacío que se queda en el aire cuando se acaban las bombas, los gritos. Nada es eso. Todo lo que se lleva una guerra sin la necesidad de hablar directamente sobre ella. Es una novela abrumadora. A mí, particularmente, me apasionan este tipo de libros. Aquellos que te destruyen por dentro, aquellos que te dejan moratones en el alma, aquellos que hacen daño y empañan tu mirada. Libros que te hacen pensar. Y plantearte cosas. Aquellos que te cambian.

Nada y triste. Mientras leía Nada, ahí estaban esas palabras. Carmen Laforet las repite una y otra vez. Triste y nada. Eso es lo que queda tras la guerra. Tristeza y vacío. Nada.

Andrea es una chica que llega a Barcelona con dieciocho años y una maleta en la que no entran todos los sueños que ambiciona cumplir. Atrás quedó el pueblo, una vida que no se detalla demasiado, pero de la que huye. Una realidad que, quizá, luego descubre llevó consigo enredada en los sueños, porque allí está, de nuevo, junto a ella, en el piso de la calle Aribau. Una casa habitada por fantasmas de carne y hueso, la casa de su abuela, por donde pululan los miembros de su familia, unos personajes devastados y desquiciados que pronto se convierten en un muro contra el que se disuelven todas esas ilusiones que no entraban en una maleta.

Desde la entrañable abuela, al pérfido Román, el que tira de los hilos y enreda la vida de todos los demás, a la frívola Ena y la inquietante Antonia, todos los personajes de Nada están llenos de aristas y púas. Todos pinchan y laceran. Leía y la pena hacia el personaje de Andrea crecía y crecía en mi pecho. Sentía que en realidad no estaba leyendo una novela, sino un diario privado. El diario de Andrea. Y éste no podía ser más triste.

Andrea debe madurar en ese año que pasa entre trastos viejos, polvo y chillidos en la calle Aribau. Sola, tan sola, que te dan ganas de meter la mano y sacarla del libro.

Carmen Laforet no es demasiado precisa en su descripción. Sólo sabes que es sumamente delgada, que me mueve sin hacer ruido, casi como una sombra, pero no hace falta más, porque, a pesar de no saber muy bien cómo es físicamente, la tienes delante todo el tiempo. Yo me la imaginaba escurridiza, con una mirada de ojos grandes y tímida, con unas piernas de alambre y una voz suave, bajita, como la de esas personas que cuando hablan parece que acarician. La ves.

Es que no te hace falta una descripción detallada porque ya ves a Andrea.

Andrea caminando con los hombros encogidos, apretando los libros contra el pecho, en la Universidad. Andrea en la casa de la calle Aribau, royendo un trozo de pan que, por descuido, su abuela se dejó en su mesilla. Andrea de ojos abiertos y una sonrisa cargada aún de quizás y ojalás, de posibilidades en sus paseos solitarios por Barcelona, mientras se gasta la mitad de su asignación en cigarrillos y flores para otros, en un menú de restaurante, en una sopa caliente y sabrosa, en dos horas, el primer día, como si delante no le esperaran treinta de musarañas en el estómago y dolores de cabeza, treinta días de hambre y sueños que se desgajan como las migas de un trozo de pan duro.

Nada puedo decir de Nada que no se haya dicho ya. Sólo que desde que la leí, las cosas parecen tener otro peso, a veces, me despierto en medio de la noche agobiada por el correr de la vida, por el peso del mundo. Porque la España agobiada, atormentada y desquiciada de esas páginas en parte me recuerda un poco a la España de la crisis, la puta crisis, que nos está tocando vivir. Desde que leí Nadaa veces me da la sensación de toparme en la calle con Andreas que me miran desde todos los espejos, con los ojos grandes y acuosos, con los hombros bajos y el desengaño en lo más profundo de sus pupilas, boqueando, buscando oxígeno más allá de una calle, de un piso y una ciudad que ahogan, que tiran de los pies hacia el abismo.

Nada. Cuántos todos entran en esa palabra, ¿verdad? Tremenda.

Te gustará si: Es una de las grandes obras de la literatura española. Primer premio Nadal. Es una primera novela asombrosa, terrible y dura, alucinante.

No te gustará si: No hagáis como yo y tardéis tanto en leerla porque me sonaba a vieja, a añeja, a libro-coñazo que te mandan leer en la escuela. Nada es una lectura absolutamente imprescindible.

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16 Comments

  1. Ya me lo hiciste con Junot Díaz y ahora con carmen Laforet!!! es que también la tengo comprada hace años y no la he leído. Al final vas a ser la chica-conciencia de mi biblioteca… :) Saludos

    • No sabes qué ilusión me ha hecho tu mensaje. Y lo que me gusta a mí tu fotografía literaria, de hecho, me inspiraste para comenzar a hacer mis propias fotos de los libros, aunque nunca llegarán a ser tan buenas como las tuyas ;) En cuanto lo leas, comentamos por favor! Besote

      • Me encanta que alguien se inspire con mis fotos, quiere decir que le gustan. Yo también saqué la idea un día visitando Tumblr. Esto funciona así, nos vamos influyendo unos a otros. Creo que has acertado plenamente con la foto de Nada, ese entorno suburbano con los edificios al fondo le va genial. Un abrazo.

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  4. Llegué tarde a Nada, la novela más emblemática de Carmen Laforet, primer premio Nadal. No sé por qué dilaté el momento de leerla, porque siempre me había interesado. Quizá presentía que tras el título se adivinada eso: la nada. Y yo, entonces, era más optimista que ahora. La leí hace algunos años, en una tarde de libranza en el periódico y de aguacero en la calle.
    Es una novela absolutamente maravillosa, pero también absolutamente melancólica. Nada. Pocas veces un título hace honor a un texto. Es una obra demoledora, que describe un momento triste de nuestra historia, con personajes erráticos y grises. Magistral Andrea, la protagonista del libro.
    Y de ese pesimismo, Carmen Laforet crea una obra maestra. Es una de las mejores novelas españolas que he leído en mi vida.
    Y Carmen tenía 23 años cuando la publicó. Una joya que os recomiendo comprar de inmediato.

  5. Ángel, qué bonito regresar de vacaciones y leerte. Yo también llegué tarde a Nada, pero gracias a nuestras conversaciones literarias en medio del deporte me decidí a leer de una vez por todas Nada. La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, me lanzó del todo. Pero todo empezó contigo, aquella tarde en la que me hablaste de la melancolía terrible que sobrevolaba cada página de Nada. Una vez más, gracias!

  6. Maravillosa, como siempre. Andrea también forma parte de mi mundo interior, desde que lo leyera en primero de carrera en una ciudad que usted conoce bien… se lo presté a alguien que nunca lo devolvió, maldito.

    • Ostras, pues si a mí me ha impactado leerlo ahora, supongo que en la facultad sería un shock, no?, porque la identificación con ella sería brutal. Se me pone la piel de gallina sólo de pensarlo. Andrea es un personajes absolutamente hipnótico, de estos que se te cuelan dentro y ya no salen nunca más. Me encanta hablar contigo de libros, que lo sepa usted Miss Apañada ;) Besote gordo

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