Open, la biografía de Andre Agassi

Open, la biografía de Andre Agassi by lakriticona      

 ”De pronto mi padre disponía ya de su pista de tenis en el patio trasero, lo que significaba que a partir de entonces yo ya tenía mi cárcel”

     

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Hola, me llamo Open, y soy un libro que debes leer. Olvida que lo que cuento es una biografía. Olvida, si no te gusta el tenis, que lo que te cuento es la vida de un tenista. Olvida que no soy ficción si sólo te gusta la ficción. Olvida todo eso y cógeme, cómprame, léeme. Todo aquel que lo hace sólo dice una cosa sobre mí: que no me olvida. Me llamo Open y soy un libro escrito por un periodista americano, J. R. Moehringer, que no desvirtúa ni una sola de las palabras de la persona que habla, de ese que me firma en la portada, Andre Kirk Agassi. Moehringer pasa a papel los recuerdos de su vida recogidos en una grabadora y lo hace tan bien que, en ningún momento, tienes la sensación de que no es Agassi quien te habla, porque es él, él todo el tiempo. Me llamo Open y soy un libro que hace cuatro años que llegué a las librerías pero sigo siendo regalo que no falla (sobre todo para ellos), me siguen teniendo en el top-ten de los más vendidos. Cuando me leas, comprenderás por qué.

Todo el mundo recuerda a Agassi. Agassi, su pelo largo y sus pantalones vaqueros. Agassi, el grande del tenis. Agassi, el ganador de ocho Grand Slam. Agassi, el tenista de Las Vegas. Agassi, el que estuvo con Brooke Shields y ahora es marido de Steffi Graf. Agassi. Buahhh. Agassi. Open es ese libro que te susurra que lo leas desde hace tiempo.  Nunca deja de estar en los estantes de recomendaciones de las librerías. Otros pasan, apenas duran, Open sigue, y sigue, siempre ahí. Todo el mundo que lo ha leído, además, te empuja. “Hipnotiza”. O: “Te lo lees en tres días”. O: “Buah, qué pasada”, te dicen. Constato que sí. Aunque también que empieza mejor que termina.

“Todo partido es una vida en miniatura”

Porque empieza muy alto: con Agassi tumbado en la moqueta de un hotel con la espalda casi rota de tantas heridas y una frase repetida. “Odio el tenis”. “Odio el tenis”. “Odio el tenis”. El tenis… ¿Agassi? ¿Cómo? ¿Por qué? No puede ser. Y, sin embargo, es. Eso ya te engancha, te mete en el libro, directamente. Cuando lees entiendes que odie. El tenis es un dragón que escupe pelotas en una cancha que su padre, obsesionado con tener un hijo número uno en ese deporte, construyó en el patio trasero de su casa. En realidad es una máquina que las lanza, una de tantas para aprender a jugar pero modificada: las envía más rápido, con una cadencia mayor. Y su padre no le deja que se agache y las retire antes de devolver. No. Llega a hacerlo con el suelo amarillo bajo sus pies, casi sin poder moverse. Llega hacerlo y es, de todos sus hermanos, el que mejor puede. A todos, de bebés, el padre le inventó un móvil al que ellos debían golpear con una pala de ping pong atada a su mano. Donde otros tienen muñequitos de moda ellos tenían pelotas de tenis. Como una obsesión que te persigue. Da igual que tú seas más rápido: el dragón siempre te alcanza.

Ese fue el tenis en el que creció André. Odiándolo. Jugándolo para complacer a un padre arisco, que llegaba a dar speed a sus hijos para mejorar su rendimiento en los partidos, con un talento sobre la cancha contra el que se trataba de revelar fuera. De ahí el pelo largo. De ahí los vaqueros rotos. De ahí que, en la Academia Bolletieri, en la que le metieron porque prometía, destacaba, cada cosa que hiciera fuera para irse. Toda esta parte es la mejor del libro, la que más me gusta. Los cimientos del genio. Ves su crecimiento, entiendes esa persona que siempre hay detrás de un personaje y a la que los focos a menudo ocultan. Pero eso no quiere decir que no esté, que no exista. Su pelo, por ejemplo, su largo pelo era en realidad una peluca: tanto miedo le daba la calvicie. Me encanta eso (un miedo tan humano, tan real, como si las grandes estrellas no pudieran tenerlos, pues claro que sí). Me encanta eso y cómo cuenta cada uno de los partidos de tenis de su carrera. No porque sea periodista deportiva sino porque me hace sentirlos por dentro, entenderlos, vivir qué se siente.

“La bolsa de deporte se parece mucho al corazón: debes saber qué contiene en todo momento”

Cuando yo entré en el AS, hace ¿trece ya? años, cubrí el Master 1.000 de Madrid en el Madrid Arena. Era 2004. El novio de una amiga me pidió un favor: “Por fa, el autógrafo de Agassi”. Lo intenté, lo juro. Me iba a sus entrenamientos y alzaba un cuaderno cuando pasaba a mi lado. “Andre, Andre”. Pero Agassi ni siquiera miraba, seguía recto, impasible, Hoy, después de leer Open, puedo llegar a entenderle. Estaba cansado de aquellos que dan palmadas con el viento de cola y que matan cuando se pone de cara, de aquellos que sólo saben hablar del personaje que ven, no de la persona que, tras él, se esconde. Me da rabia, además, una cosa: no ver que el hombre que iba tras él como una sombra era Gil, el del agua milagrosa, un hombre capaz de trabajar tus músculos y tu alma, un hombre bueno, de los buenos de verdad. Si Open hubiera existido en aquel momento hubiera seguido pidiendo un autógrafo a Agassi para mi amigo pero también uno a Gil para mí. Me encanta la gente como él.

Luego, al final, el libro se va diluyendo. El principio es tan fuerte que es inevitable. Es bonita su historia de amor con Steffi Graf, te hace sonreír la de Brooks Shields (¿quién no la recuerda?), pero se hacen largos los partidos, o pueden, yo soy periodista deportiva y me encantaron, algunos los viví por la tele (el Roland Garros de Ferrero, lo que dice de Nadal) pero ya no tienen esa fuerza del principio que no te deja despegar los ojos. Eso sí, no dudes, escucha la voz: “Hola, me llamo Open, y soy un libro que debes leer” porque, en efecto, este es un libro que suma, que debes leer.

      

Te gustará: El comienzo. SO-BER-BIO. Empiezas y no puedes dejar de leer. Lo cercano que te resulta Agassi. Sus miedos no son tan distintos a los nuestros, ¿sabéis?

No te gustará: Al final se va espesando. La descripción de todos sus partidos se hace un poco larga. 

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2 Comments

  1. Pingback:Open, la biografía de Agassi | la Kriticona

  2. Coincido bastante con tu reseña, lo leí el año pasado. Acabo de publicar mi lista de lecturas hay alguno que coincido contigo, Kundera y Stoner me parece!

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