Piscinas vacías

Piscinas vacías by lakriticona  

“Quiero contarte una historia de amor, la tuya. Aunque sabrás, supongo, que no todas las historias de amor acaban bien”

  

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El año pasado, 2017, este título, Piscinas Vacías, estaba en todas partes. Uno de los libros del año (editado en 2016, por cierto) decían las letras escritas debajo. Un imperdible. También lo hacía mi querida Neremad, un faro literario. Hace cuatro libros que lo leí, estaba deseando contarlo.

Piscinas Vacías es un libro de relatos. Piscinas Vacías lo escribió Laura Ferrero y lo autoeditó. Piscinas Vacías logró un récord: que cada lector que lo leía lo puntuara con las cinco estrellas de Amazon. Alfaguara se fijó en Piscinas Vacías. Lo editó en papel. Llegó al público más allá de Internet. Y caló, caló mucho. Se convirtió en eso, en uno de los libros del año. Para mí es una obra maestra.

“Porque tú eras como una cruz escrita en un mapa antiguo. Un mapa que había quedado olvidado en la guantera de un coche durante un largo tiempo. La cruz no indicaba ya ningún lugar porque probablemente hubiera desaparecido con los años”

El otro día leí que, desde el Nobel de literatura lo ganó Alice Munro (2013) el relato tiene lustre, se tiene en cuenta. Muchos escritores están ensanchando su peso. A mí, particularmente, como lectora, no me atrae demasiado. Soy de novela-novela. Y, sin embargo, éste libro, Piscinas Vacías, me impactó, me encantó, me lo bebí. Es tan bueno, está tan bien escrito que llevo varias semanas deseando sentarme delante del ordenador para contarlo: Piscinas Vacías es un libro tremendo. Nada sobra, todo quema. Ojo a ese comienzo de uno de sus cuentos: “Quiero contarte una historia de amor, la tuya. Aunque sabrás supongo, que no todas las historias de amor acaban bien”. Cuando lo leas, por favor, abre bien los ojos. Es como aquel de Alberto Méndez en Los girasoles ciegos. El del padre, el hijo y la caseta en medio del monte, rodeados de hambre, rodeados de frío. Sí, así es. A mí me ha arrasado por dentro para hacerse un hueco. Ya siempre lo llevaré conmigo.

“Tu padre siempre fue un chico serio. A mí me gustaba imaginar que un día, después de muchos años, me lo encontraría y ya seríamos mayores”

Cada relato es una perla, un diamante de verdad. Cómo están escritos, lo que cuentan, que te llegan tan adentro, que son tan de verdad, cómo salidos de la carne. Tienen peso, te hacen hacerte preguntas, se quedan, sobre todo eso, que se quedan, como lo hacen las grandes novelas. El problema de los libros de relatos normalmente son eso que Piscinas Vacías no tiene: mucha paja entre el brillo. Aquí no pasa. Aquí lo raro es la paja. En Piscinas Vacías, en efecto, cada relato es eso, las cinco estrellas.

 

Te gustará: A mí me impactó muchísimo cómo está escrito el primer relato y la carta de amor de una madre a su hija, unos pocos después. BRUTAL.

No te gustará: No lo sé. Lo leí hace cuatro libros y, si había algo, de veras que ya lo he olvidado. Leédlo, léedlo. Sólo puedo deciros eso: léedlo. En serio.

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