Rara Avis

Rara Avis Ignacio Caballero Blanca Gago lakriticona   

  “El clamor no hizo sino convencer a Doyle de una triste realidad: el personaje lo había anulado completamente, y él apenas se podía considerar una molesta anécdota en la vida de Holmes”

   

Rara Avis. Según la RAE “ave extraña o persona o cosa conceptuada como singular excepción de una regla cualquiera”. En literatura, joya, como la novela de Ignacio Caballero y Blanca Gago que bajo ese título, Rara avis, desplega un juego de espejos fascinante con un denominador común: la mentira como engranaje narrativo para repasar la literatura y sus clásicos, los grandes libros y sus escritores. Rara Avis es una novela escrita con devoción literaria para lectores de raza o lectores a secas. Da igual. Si te gusta leer, encontrarás deliciosa “esta singular excepción de una regla cualquiera”.

Rara Avis recorre los grandes clásicos de la literatura. De Bolaño Pessoa pasando por Joyce. Pero todo con una premisa novedosa, que descoloca. La impostura. A partir de un momento real, los autores desplegan otra historia que en realidad no sucedió, ¿o sí? Conexiones narrativas que atrapan al lector en un mundo de letras y reflejos, que mezclan realidad y farsa, una realidad adulterada que le da la vuelta a los grandes mitos de la literatura del siglo XX. Las actas que Bolaño redactó en un encuentro secreto de escritores, donde no faltaban Vargas Llosa, ni Benedetti, ni Gabo. Los sueños de Baudelaire con Kafka. La mujer perfecta de Pessoa. El manuscrito número cero del Ulises de Joyce. El cuento del niño ciego de André Bretón.

¿Qué fue verdad? ¿Qué es mentira?

Cada capítulo tiene su propia alma. La de los Clásicos de los que habla y la de los propios autores, Ignacio Caballero y Blanca Gago, que parecen escribir cada uno con el influjo de aquellos de los que escriben, como si estos estuvieran ahí, detrás de ellos, susurrándoles al oído sus secretos literarios, sus hojas de ruta creativas. Caballero y Gago pierden a los Clásicos, a esos PessoaBolañoBaudelaire o Bretón, en laberintos de espejos, donde lo que fue ya no es lo que parece, lo que parece quizá no sea lo que fue.

Yo, mientras leía, echaba de menos un móvil a mano para rastrear en la Wikipedia a esos autores para tratar de descubrir las imposturas de Rara Avis. Había momentos en los que me parecía estar bailando entre Hearst, Hemingway y Chaplin en una fiesta de Scott Fitzgerald. Otras veces recorría las entrañas de Madrid, Salamanca o México DF mientras a mi lado Gabo le susurraba a Neruda unos versos al oído y Mario Benedetti me recitaba Corazón Coraza en una mirada. En Rara Avis he visto cosas que vosotros no creeríais, cosas como morir más de diez veces a Sherlock Holmes mientras Arthur Conan Doyle se aplica ceñudo sobre un manuscrito, escribe tembloroso, quizá con miedo de que alguno de sus relatos no sea suficientemente bueno para El club del ExpurgoRara Avis fue una lectura deslumbrante e hipnótica. Ahí estaba yo. Con todos ellos, descubriendo embobada a Carla Bodoni, redescubriendo a esos Clásicos que, a veces, duermen en la mesilla de mi cama.

Cuando cerré Rara Avis sentía como si hubiera hecho un viaje astral por la literatura. No busqué las imposturas ni las subrayé en mi libro. No consulté la Wikipedia porque la verdad de Rara Avis no está en otro sitio que no sean los propios libros, los clásicos como los que, ahora mismo, en la foto que ilustra esta portada, le están susurrando nuevos secretos, nuevas farsas, otras historias, viejos cotilleos que pasaron inadvertidos entonces y que yo he descubierto gracias, una vez más, a ese librero de ojos verdes (¿o eran azules?) con una mirada cargada de libros y lecciones, mirada de lector voraz y escritor de los buenos. Gracias a él he descubierto que aún me queda mucho por leer y que la colección de libros que hace años dio El Mundo es la mejor escuela de escritores. Porque ahí están todos ellos, todos los Clásicos. Como en Rara Avis.

Te gustará si: Supone una verdadera delicia repasar la literatura universal de la mano de Ignacio Caballero y Blanca Gago en este libro que, además, me parece perfecto para regalar a alguien que lea mucho. 

No te gustará si: Si no eres un lector muy leído puedes perderte y no comprender alguno de los juegos y giros propuestos por los autores.

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3 Comments

  1. Pingback:Los mejores libros de 2013 | la Kriticona

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