Lumbanico, el planeta cúbico

Lumbanico, el planeta cúbico lakriticona.com blog Cristina Alemparte

“La ciudad olvidada dormía, y ni el aire se atrevía a perturbar su sueño”

  

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Lumbanico, el planeta cúbico es uno de los libros de mi vida. Un libro de aventuras, quizá el que más veces he releído en mi vida. Cuando era cría me hipnotizaba. La de Lumbanico era una historia que no trataba a los niños como si fueran tontos, tenía peso, latido, poso. Cuando fui mayor, y lo releí por quinta vez, me sorprendió no tener la sensación de estar leyendo una historia escrita para un yo que ya había pasado. Y todo es mérito de su autora Cristina Alemparte, que lo escribió para niños que son mayores, para adultos que nunca dejan de ser chavales. Lumbanico es un libro que no envejece. Lo leas las veces que lo leas siempre te sacará una sonrisa la historia de este planeta lleno de fantasía y ciudades azules construidas sobre el polvo azul de una estrella perdida. Más…

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13. La tía Julia y el escribidor

Cuando viajo, me gusta eso de comprarme un libro en el punto de partida para que sus letras me adormezcan, o estremezcan, o despierten. Así, cada uno de mis viajes tiene nombre de novela. Uno a León hace dos años se llama Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa acababa de ganar el Premio Nobel. Me alegré. Nunca había leído nada suyo, pero siempre estaba ahí, entre mis deberes para mañana. Al día siguiente de que le dieran el Nobel me compré La Fiesta del Chivo. Si otro año más no le habían dado el premio a Milán Kundera, al menos se lo habían dado a alguien que conozco y me apetecía descubrir. La Fiesta del Chivo al principio me costó, pero según fui pasando páginas, me atrapó de tal manera que se convirtió en uno de los mejores libros que me leí aquel año. Vargas Llosa es un maestro a la hora de cerrar las historias. Qué bueno. Un genio. Travesuras de la niña mala fue el segundo libro suyo que me leí… E hizo de aquel viaje en autobús a León el mejor de mi vida. De hecho, si aquí pongo el libro de La tía Julia y el escribidor es porque éste se lo dejé a alguien y no lo encontré para poder hacer la foto (otro libro obra-de-arte, divertido, emocionante, precioso), pero la niña mala es de quien, en realidad, os quiero hablar. Recuerdo que leí tres cuartas partes de aquella historia muy lejos de aquel asiento incómodo. De Chile a París. De Londres a Madrid pasando por Japón. Me enamoré y desenamoré tantas veces como el protagonista de esa Chilenita malvada, que iba y venía. A veces quería gritarle: “Aléjate de ella. ¿No es que es una egoísta? ¿No ves que no te quiere?”. Otras, me enternecían sus pequeños gestos de cariño. Reí y lloré. Sonreí y me enfadé mientras Castilla corría de sur a norte al otro lado de la ventana. Desde el principio a la última página, Travesuras de la niña mala fue una aventura fascinante. Y, el final de la novela, una vez más, redondo. Cuando lo cerré, me agarró la nostalgia. Creo que hasta yo me había enamorado un poquito de aquella Chilenita traviesa y mala. Más…