Kanada

Kanada, by lakriticona   

“¿Cuánto pesa una pirámide de tres mil seres humanos?”

  

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Kanada. Quizá no te suene de nada. O sí, claro, es país, y también esa palabra que en la negrura de Auswichtz sonaba a esperanza. También es un libro, con apellido obra maestra. En serio: todos tus amigos que lean y les preguntes algo que leer, si lo conocen, te lo recomendarán. Tardarás en leer algo igual en tu vida. Y será por varias razones. La primera, cómo está escrito, cómo escribe Juan Gómez Bárcena. Yo llevaba dos páginas y, de la impresión, regresé a la lengueta del principio que le contaba. Leí que había estudiado Literatura Comparada. La busqué en Internet, quiero estudiarla. Leí que había estudiado Filosofía, quiero aprenderla, pregunté a una compañera de trabajo que sabe, que compré el primer tomo de la colección en los kioskos de Grandes Pensadores, Platón. Ojalá, algún día, yo pudiera escribir como él. Cada frase se inserta en tu cabeza. Kanada es uno de esos libros que nunca quieres dejar de leer. Más…

La casa entre los cactus

La casa entre los cactus by lakriticona

  

“Rose abrió los ojos con la certeza de que algo malo había ocurrido…”

 

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Esas serpientes que, se intuyen, son los cactus que, quizá, no tengan esa forma por casualidad. Como el humo negro que sale de la chimenea de esa casa. Inquieta, como toda la novela de Paul Pen. En algún sitio he leído que se le llama ‘el Stephen King español’. Quizá llegue, sí, quizá lo haga. Su libro es lo mejor que he leído en novela suspense en tiempo. Por qué cuenta y cómo. Perseguiré su nombre. Y vosotros también deberéis. Si no le conocéis, este es un buen libro para descubrirle. Más…

Fin de guardia

Fin de guardia by lakriticona

“La hora más oscura es la que precede al alba”

  

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Stephen King fue uno de los autores de mi adolescencia. Le descubrí con Cementerio de animales. Puedo tocar mis quince años si tengo It en las manos (aquí lo conté). Los dieciseis con Apocalipsis. Los dieciocho con el empacho de aquel verano en el que me leí toda su obra, en aquella colección de lomo dorado, uno de los tesoros de mi vida. De hecho, mi forma de escribir tiene mucho de él. Quizá le leía y se asentaba en mi cabeza esos paréntesis que son subconsciente, que gritan en una palabra. Amo a Stephen King. Siempre seré su lectora (aunque os cuento una anécdota: cuando me apunté a La escuela de escritores en Madrid, el director me dijo que, en literatura, leer a King era como comer sardinas, una pobreza; tampoco hice mucho caso: soy de León, es muy difícil cambiar lo que pienso). Siempre cogeré sus libros con interés, aunque de mí nada quede de aquella adolescente que se bebía sus historias. Más…

Deseo de año nuevo (a 21 de enero)

2018   

No valen excusas, pero estas son mis razones…

  

Perdón una vez más por desaparecer. Tengo el blog cada día en mi cabeza. Las fotos, los libros que contar, el escribir, el estar. El año pasado fui un Guadiana. Iba y venía, no estaba más que estaba. Hay varias razones, aunque a mí misma me he obligado a estar aquí una vez por semana. Porque me gusta. Porque es tanto el cariño que he recibido de ti, que estás al otro lado. Las cosas buenas (M. Eu.). Pero, reconozco, varias cosas me ponen siempre la zancadilla. La primera ahora mismo: intenté entrar y no podía, había olvidado la contraseña. Parece imposible, pero la que yo recordaba que era ya no lo era. Una rayada que me confirma eso, que llevo mucho tiempo lejos. Más…