Vives en las cintas que me grabaste

   

“Cada cinta de mezclas cuenta una historia. Ponlas todas juntas y tendrás la historia de una vida”

  

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Pues bueno, Vives en las cintas que me grabaste es un libro entretenido. Es un libro bien escrito. Es un libro que comienza muy bien, que te llega, sobre todo si, como yo, fuiste joven en los años noventa, los años de las cintas de cassette. Esas que grababas llenas de Varios. Varios pop. Varios radio. Varios Michael Jackson. Sólo quienes lo vivimos lo sabemos: que alguien te regalara una de esas cintas era especial. Tener un cassette de doble pletina, para poder grabarlas, ya era la leche, sólo al alcance de algunos pocos. Yo era de esos. Rob Sheffield también. Las suyas sonarán más tristes, eso sí. Más…

Fin de guardia

Fin de guardia by lakriticona

“La hora más oscura es la que precede al alba”

  

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Stephen King fue uno de los autores de mi adolescencia. Le descubrí con Cementerio de animales. Puedo tocar mis quince años si tengo It en las manos (aquí lo conté). Los dieciseis con Apocalipsis. Los dieciocho con el empacho de aquel verano en el que me leí toda su obra, en aquella colección de lomo dorado, uno de los tesoros de mi vida. De hecho, mi forma de escribir tiene mucho de él. Quizá le leía y se asentaba en mi cabeza esos paréntesis que son subconsciente, que gritan en una palabra. Amo a Stephen King. Siempre seré su lectora (aunque os cuento una anécdota: cuando me apunté a La escuela de escritores en Madrid, el director me dijo que, en literatura, leer a King era como comer sardinas, una pobreza; tampoco hice mucho caso: soy de León, es muy difícil cambiar lo que pienso). Siempre cogeré sus libros con interés, aunque de mí nada quede de aquella adolescente que se bebía sus historias. Más…

Que me quieras

Que me quieras, by la kriticona    

“Me hacía una raya, daba una calada de la cachimba y me follaba a uno de los dos. Después ese volvía al salón a jugar (al Call of Duty), me metía otra raya y otra calada de la cachimba mientras esperaba al otro. No sé cuántas veces se repitió”

  

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El título es el resumen del libro, como un mal trailer de una película. Que me quieras de Merritt Tierce. Eso grita la protagonista en cada página. Que me quieras, joder, que me quieras. Nadie lo hace. Ahí está su fuerza. A mí me llamaron la atención las flores marchitas, las latas de cervezas vacías, aplastadas, de su portada. Pedían agua, lectura. Le di la vuelta. “Marie es una jovencísima madre sin custodia que sirve mesas en interminables turnos nocturnos. Después acude al sexo y a las drogas para lamerse las heridas. Cada vezque piensa en su hija, se odia. Cada que se odia, piensa en su hija“. Decía eso, brutal, y era de Blackie Books. A la bolsa. Más…

Las chicas

Las chicas by lakriticona 

“El corazón no posee nada-, dijo Donna con voz cantarina-, el amor no consiste en eso”

 

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Las chicas. Me enamoró el título, lo reconozco. Las chicas. Me sonaba a amigas, a complicidad, a conversaciones en el baño, a chicas, a amigas. La de su portada era un cuadro pop, como pintado por Warhol. Cara roja, gafas John Lennon, azul psicodelia. Un día que fui a una librería, vi que regalaban el primer capítulo y pregunté: “¿Y este libro?”. “Este libro está muy bien”, me contestó el librero, sin ápice de duda. Entonces lo cogí y leí su primera frase. “Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas”. Después, otro párrafo. Me encantó. “Volví la mirada por las risas y seguí mirando por las chicas”, qué frase. Luego descubrí que el libro, de lo que iba, nada tenía que ver con lo que yo creía. La novela de Emma Cline (primero, por cierto, qué gran debut literario) se inspira en La familia Manson, aquella que en 1969 asesinó a Sharon Tate, mujer de Polanski, embarazada de ocho meses, y siete personas más en Beverly Hills. Es difícil recomendárselo a alguien, decirle esto y que no diga: “Uf, qué repelus”. Nada que ver. Es un imprescindible. Ojalá sepa contar por qué.

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Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York

Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York  

 “Norman era alguien a quien odiar y eso es mejor que nadie en absoluto”

  

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No sé yo muy bien qué me ocurre con Los libros del Asteroide que, salvo La quinta esquina, no logro pillarle el punto a ninguna de sus publicaciones. Todas parecen sí (se me vienen a la cabeza Canciones de amor a quemarropa o Alguien) pero al final siempre resultan que no. No termino de engancharme del todo a la historia. Siempre hay un gris, un pero. No me acaba de emocionar ni tampoco de convencer. Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York es otro caso de lo mismo. Más…

Las uvas de la ira

Las uvas de la ira by lakriticona

“El 66 es el sendero de los que huyen. Refugiados del polvo y de la tierra agotada (…). El camino madre, el camino de la fuga”

      

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Si uno enciende la tele puede imaginar, perfectamente, aquella estampa. La de tantos y tantos americanos que, sin tierras, expropiadas por los bancos, iniciaron el viaje al Oeste (el Dorado) buscando la oportunidad de seguir adelante, y soñando con racimos de uvas, y frutas por todos los árboles, y miles y miles de hectáreas de tierra para trabajar, para cavar un futuro, para mirar adelante “arrastrados como chinches”, escribe John  Steinbeck. Y, sin embargo, cuando llegas no es como lo imaginas. Es mucho peor que lo que dejaron atrás (la realidad siempre tiene el cielo más sucio que los sueños). Ay. Qué libro, de verdad, éste de Las uvas de la ira. Lo leí impactada, con la fotografía de los refugiados sirios buscando su propio Dorado en Europa y la escritura, como un puñetazo en el estómago de Steinbeck. Tenéis que leerlo. Debéis. Aunque sólo sea una vez en la vida.

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Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor

Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor by lakriticona  

“Qué beso. ‘Recordaré este beso hasta el día que me muera’, pensé”

   

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Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor comienza bien. Muy bien. Ideal para una mujer de vacaciones. Con una prosa ligeramente irónica, alejada del tono cursi que suele envolver, por norma, las novelas románticas. Me recordaba, de hecho, un poco a El diablo se viste de Prada (el primero, el bueno, no su abominable secuela). Me parecía un libro para nosotras, que no nos trata como dos neuronas, sino que juega, tiene giros, guiños, hace gracia. Y está bien escrito. Al menos a mí me gustó. Pero… eso sólo le dura 40 páginas (de eBook), que es lo que tarda la trama en deshacerse y convertirse en un simple diario de “así es la historia de mi vida con mi marido”. Se acabaron las subtramas, la intriga y la literatura. Cuesta terminarlo. Más…