Cuatro libros para leer en San Valentín

San Valentin lakriticona

 

“No se daban cuenta de que empeñarse en soplar unos recoldos que están casi extinguidos no deviene más que en agotamiento, y a continuación en hastío, y más tarde en aversión y, finalmente, en una fría batalla de aniquilamiento y conquista que dio en un matrimonio deshecho, un hijo a medias, un divorcio en diligencias y rencores varios”, de Cómo el amor no transformó el mundo, Ignacio del Valle

 

Nunca me ha gustado el día de San Valentín. Es un día horroroso, falso. Si no tienes pareja lo aborreces porque te recuerda precisamente eso, que nadie te espera en casa, que nadie te va a regalar una rosa, que nadie te va a llamar para decirte: “Te quiero, feliz día de San Valentín“. Si la tienes tampoco es mucho mejor. Te obliga a comprar una rosa, a decir “Te quiero, feliz de San Valentín” aunque estés enfadado, aunque ya no quieras. Un día de marca, un día de azúcar, un día creado por las grandes empresas para obligarte a salir a la calle, quitarte la pereza invernal de encima y comprar, de eso se trata. Comprar con la excusa del amor. Comprar para regalar. Comprar mientras besas. Comprar. Por eso he escogido estos cuatro libros de mi biblioteca. Cuatro libros que más que hablar de amor hablan del desamor, de las relaciones de verdad, de lo que pasa después de que la chica escoja al chico y la pantalla se funda a negro. Cuatro libros para leer en San Valentín si a ti también te parece un día horrible, un día de márketing, un día en el que sólo piensas una cosa: que pase rápido. Más…

Los diecinueve mejores libros que he leído… (hasta el momento) y III

Los diecinueve mejores libros de mi vida III lakriticona

13. La tía Julia y el escribidor

Cuando viajo, me gusta eso de comprarme un libro en el punto de partida para que sus letras me adormezcan, o estremezcan, o despierten. Así, cada uno de mis viajes tiene nombre de novela. Uno a León hace dos años se llama Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa acababa de ganar el Premio Nobel. Me alegré. Nunca había leído nada suyo, pero siempre estaba ahí, entre mis deberes para mañana. Al día siguiente de que le dieran el Nobel me compré La Fiesta del Chivo. Si otro año más no le habían dado el premio a Milán Kundera, al menos se lo habían dado a alguien que conozco y me apetecía descubrir. La Fiesta del Chivo al principio me costó, pero según fui pasando páginas, me atrapó de tal manera que se convirtió en uno de los mejores libros que me leí aquel año. Vargas Llosa es un maestro a la hora de cerrar las historias. Qué bueno. Un genio. Travesuras de la niña mala fue el segundo libro suyo que me leí… E hizo de aquel viaje en autobús a León el mejor de mi vida. De hecho, si aquí pongo el libro de La tía Julia y el escribidor es porque éste se lo dejé a alguien y no lo encontré para poder hacer la foto (otro libro obra-de-arte, divertido, emocionante, precioso), pero la niña mala es de quien, en realidad, os quiero hablar. Recuerdo que leí tres cuartas partes de aquella historia muy lejos de aquel asiento incómodo. De Chile a París. De Londres a Madrid pasando por Japón. Me enamoré y desenamoré tantas veces como el protagonista de esa Chilenita malvada, que iba y venía. A veces quería gritarle: “Aléjate de ella. ¿No es que es una egoísta? ¿No ves que no te quiere?”. Otras, me enternecían sus pequeños gestos de cariño. Reí y lloré. Sonreí y me enfadé mientras Castilla corría de sur a norte al otro lado de la ventana. Desde el principio a la última página, Travesuras de la niña mala fue una aventura fascinante. Y, el final de la novela, una vez más, redondo. Cuando lo cerré, me agarró la nostalgia. Creo que hasta yo me había enamorado un poquito de aquella Chilenita traviesa y mala. Más…