Cuando las palomas cayeron del cielo

Cuando las palomas cayeron del cielo Sofi Oksanen lakriticona

  
“Porque aunque una persona consiguiera una nueva identidad, un nuevo nombre, se construyera un nuevo pasado, siempre habría algo de su vida anterior que lo delataría”

     

Me duele escribir esto. Pero no me queda otra. Qué decepción Sofi Oksanen. Yo que esperaba impaciente una nueva novela suya. Cualquiera. Lo que fuera. Pero suya. Purga, la tercera que escribió, la primera que yo leí, me abrumó, impactó, encantó, enamoró (añadir todos los verbos del estilo que se quieran, porque eso, precisamente, eso fue lo que me provocó su lectura). Sofi Oksanen, de pronto, con una sola novela, se había convertido en un autor referencia para mí. Una joven escritora finlandesa (nació en 1977) que merecía una portada de Babelia. Que me emocionaba con su escritura descarnada y sucia, de esas que escriben con dedos llenos de sabañones y no uñas de francesa perfecta. Pero después de leer Las vacas de Stalin y Cuando las palomas cayeron del cielo ese pedestal se lo ha tragado la tierra. Y me temo que no hay vuelta atrás. Más…

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13. La tía Julia y el escribidor

Cuando viajo, me gusta eso de comprarme un libro en el punto de partida para que sus letras me adormezcan, o estremezcan, o despierten. Así, cada uno de mis viajes tiene nombre de novela. Uno a León hace dos años se llama Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa acababa de ganar el Premio Nobel. Me alegré. Nunca había leído nada suyo, pero siempre estaba ahí, entre mis deberes para mañana. Al día siguiente de que le dieran el Nobel me compré La Fiesta del Chivo. Si otro año más no le habían dado el premio a Milán Kundera, al menos se lo habían dado a alguien que conozco y me apetecía descubrir. La Fiesta del Chivo al principio me costó, pero según fui pasando páginas, me atrapó de tal manera que se convirtió en uno de los mejores libros que me leí aquel año. Vargas Llosa es un maestro a la hora de cerrar las historias. Qué bueno. Un genio. Travesuras de la niña mala fue el segundo libro suyo que me leí… E hizo de aquel viaje en autobús a León el mejor de mi vida. De hecho, si aquí pongo el libro de La tía Julia y el escribidor es porque éste se lo dejé a alguien y no lo encontré para poder hacer la foto (otro libro obra-de-arte, divertido, emocionante, precioso), pero la niña mala es de quien, en realidad, os quiero hablar. Recuerdo que leí tres cuartas partes de aquella historia muy lejos de aquel asiento incómodo. De Chile a París. De Londres a Madrid pasando por Japón. Me enamoré y desenamoré tantas veces como el protagonista de esa Chilenita malvada, que iba y venía. A veces quería gritarle: “Aléjate de ella. ¿No es que es una egoísta? ¿No ves que no te quiere?”. Otras, me enternecían sus pequeños gestos de cariño. Reí y lloré. Sonreí y me enfadé mientras Castilla corría de sur a norte al otro lado de la ventana. Desde el principio a la última página, Travesuras de la niña mala fue una aventura fascinante. Y, el final de la novela, una vez más, redondo. Cuando lo cerré, me agarró la nostalgia. Creo que hasta yo me había enamorado un poquito de aquella Chilenita traviesa y mala. Más…