La maravillosa vida breve de Óscar Wao

La maravillosa vida breve de Óscar Wao lakriticona   

“Lo siento, dices, en voz demasiado alta. Lo siento. Y ahí mismo, todo cambia”

 

Qué fokin, Junot Díaz. Uno de mis descubrimientos literarios de 2013. Lo siento por el taco. Pero es así. No encuentro mejor manera de decirlo en tan pocas palabras. Jodidamente bueno. Fokin, fokin. Los tacos están, de hecho, en todas sus páginas, tejidos en su estilo callejero, deslenguado y fulminante. Junot es un escritor visceral, que te arrastra en su relato, que escribe sobre deseo y sexo (no explícito, pero está ahí siempre, en el aire, en cada página), sobre la calle, sin eufemismos, adornos o postureos, con un estilo directo y afilado. Porque todas sus novelas van sobre perdedores, sobre hispanos, sobre gente que huyó de la República Dominicana buscando un futuro mejor, o un futuro a secas, y se estampó contra el asfalto de Nueva Jersey. Es por eso que sus historias te dejan siempre una sensación como pegajosa, amarga y melancólica, porque Junot Díaz cuando escribe pega con la mano abiertaLa maravillosa vida breve de Óscar WaoPremio Pulitzer en 2008, es otro ejemplo más de esto. Más…

Los diecinueve mejores libros que he leído… (hasta el momento) y III

Los diecinueve mejores libros de mi vida III lakriticona

13. La tía Julia y el escribidor

Cuando viajo, me gusta eso de comprarme un libro en el punto de partida para que sus letras me adormezcan, o estremezcan, o despierten. Así, cada uno de mis viajes tiene nombre de novela. Uno a León hace dos años se llama Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa acababa de ganar el Premio Nobel. Me alegré. Nunca había leído nada suyo, pero siempre estaba ahí, entre mis deberes para mañana. Al día siguiente de que le dieran el Nobel me compré La Fiesta del Chivo. Si otro año más no le habían dado el premio a Milán Kundera, al menos se lo habían dado a alguien que conozco y me apetecía descubrir. La Fiesta del Chivo al principio me costó, pero según fui pasando páginas, me atrapó de tal manera que se convirtió en uno de los mejores libros que me leí aquel año. Vargas Llosa es un maestro a la hora de cerrar las historias. Qué bueno. Un genio. Travesuras de la niña mala fue el segundo libro suyo que me leí… E hizo de aquel viaje en autobús a León el mejor de mi vida. De hecho, si aquí pongo el libro de La tía Julia y el escribidor es porque éste se lo dejé a alguien y no lo encontré para poder hacer la foto (otro libro obra-de-arte, divertido, emocionante, precioso), pero la niña mala es de quien, en realidad, os quiero hablar. Recuerdo que leí tres cuartas partes de aquella historia muy lejos de aquel asiento incómodo. De Chile a París. De Londres a Madrid pasando por Japón. Me enamoré y desenamoré tantas veces como el protagonista de esa Chilenita malvada, que iba y venía. A veces quería gritarle: “Aléjate de ella. ¿No es que es una egoísta? ¿No ves que no te quiere?”. Otras, me enternecían sus pequeños gestos de cariño. Reí y lloré. Sonreí y me enfadé mientras Castilla corría de sur a norte al otro lado de la ventana. Desde el principio a la última página, Travesuras de la niña mala fue una aventura fascinante. Y, el final de la novela, una vez más, redondo. Cuando lo cerré, me agarró la nostalgia. Creo que hasta yo me había enamorado un poquito de aquella Chilenita traviesa y mala. Más…