Tres mujeres

Tres mujeres by lakriticona  

“Sólo el tiempo pesa en nuestras manos,/ sólo el tiempo, que no es material”

 

Si te quieres leer ‘Tres mujeres’ puedes comprarlo en este enlace a La Casa del Libro

No hagáis como yo. No. No tardéis 37 años de vuestra vida en descubrir a Sylvia Plath. Sylvia. Últimamente su nombre estaba en cada libro que leía. En el de La Sed de mi admiradísima Paula Bonet, por ejemplo. Sylvia. Letras que arañan, que duelen como a ella la vida: la cercenó antes de tiempo, introduciendo su cabeza en un horno, apagando para siempre una voz que, dicen, fue la mejor de la poesía estadounidense mediado el siglo pasado. Después de leer Tres mujeres, estoy de acuerdo.

Desde la primera página, Sylvia Plath te llega, se posa en tus carnes, y no te abandona. No sé si Tres mujeres es un libro menor o mayor, si fue referencia en su obra o sólo uno más, pero sí que su lectura resulta una bofetada. Un plas, en toda la frente, en las mejillas, la boca, ante tus ojos. Pocas veces me topé con algo tan de verdad escrito.

“Bulldozers, guillotinas, las habitaciones blancas llenas de gritos”

Fue una mañana en la FNAC, Callao, Madrid. Tres mujeres, edición Nórdica, maravillosas ilustraciones de Anuska Allepuz, ese nombre que no dejaba de leer en cada cosa que leía, Sylvia Plath. Lo compré sin pensarlo, lo compré porque sabía que ya era hora, que todo eran señales que me empujaban a ella, a Sylvia y su poesía. Aún estoy impactada. La historia, el poema, se articula alrededor de tres mujeres, tres voces, y la maternidad: una quiere ser madre, otra lo está siendo, en este momento, la tercera lo fue, a su pesar. La maternidad resumida. La que quiere y no puede, la que lo fue y no quiere, el parto. Todas gritan. Tan contadas desde adentro están.

“Las teclas proceden de estas teclas negras, y estas teclas negras proceden de mis dedos alfabéticos, ellos ordenan las piezas, piezas, pedazos, mecanismos, la brillante multiplicidad. Muero sentada. Pierdo una dimensión. Trenen rugen en mis oídos, salen, ¡Salen!”, éste párrafo me mordió en la segunda página. Ya no pude soltar el libro. Era la segunda voz, la que quiere y no puede, la que más profundo llega, cuánto dolor, impotencia ante la vida, esa que se niega. “Tap, tap, tap, estacas de acero. Algo me falta”.

“Me siento usada. Manipulada. Mis ojos se cierran ante la oscuridad. No veo nada”

Profunda, cada frase te llora, la sientes propia, es tuya, algunas porque ya las sentiste, otras porque las sentirás. Ay, Sylvia, qué razón tenían mis libros, cuánto he tardado en descubrirte aunque, te cuento un secreto: desde que lo hice, tu libro, Tres Mujeres, se ha quedado a vivir en en mi cabeza y también en mi mesilla. “Intenso, precioso”, dice una de las críticas al libro cuando se busca en la página de La Casa del Libro. Y yo, de nuevo, no puedo estar más de acuerdo.

  

Te gustará: Buf, todo. Su manera de escribir, de sintetizar las emociones, de trasladártelas, de contar las sombras, los miedos, que son universales, que anidan en todas las cabezas. El relato de la segunda voz, la de la mujer que no puede: quema.

No te gustará: Que sólo tenga 97 páginas. O si intentas ser madre: duele demasiado.

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