Un mal nombre

Un mal nombre by lakriticona

“Palabras, con ellas se hace y se deshace a voluntad”

   

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Necesito sacarme de las tripas El nombre equivocado. O El error del nombre. O como quiera que se titule la segunda novela de la saga Dos amigas de Elena Ferrante. Tengo a Lenù, o a Elena Greco, metida debajo de la piel; en las manos, en las uñas, en los dedos, en algo que me bombea debajo del pecho. Uy, qué cursi me ha salido eso. Pero es que es así. La siento en el corazón, ahí, qué leches, en cada latido. Lenù-Lenù-Lenù. Llevo todo el día. T-o-d-o-e-l-d-í-a, pensando como si fuera ella, como si viviera lo que ella vivía. Por eso, si este libro fuera un hombre, lo tengo claro, sin duda, éste sería uno de los polvos de mi vida

Ayer no fui a correr, yo, que libraba, ¡no fui a correr!, pero preferí quedarme bajo el flexo del sofá en el que leo, leyendo, terminando este libro. Narices. Y no tengo claro ni su título. Sólo sé que seguía la historia de Lenù y Lila y que ahora ésta se ha vuelto a acabar y no tengo aún el tercero (son cuatro libros; el final de la primera novela es más impactante, te deja más arriba, con la necesidad de irte corriendo a la librería más cercana para comprarte el siguiente, éste). Éste, el segundo, apenas me ha durado dos días, 48 horas. Corrí a La Central. Me encontré con Luis, el librero. “Necesito el segundo”. “Sabía que iba a gustarte”. Me abalancé sobre el libro en el metro y ya no pude parar de leer. No puedo.

“Las personas se dicen mentiras para defenderse de la verdad de los hechos”

Apenas he hecho fotos de frases. No podía. Hacer una, colgarla en las redes, era perder un minuto de lectura, de saber qué pasaba, cómo continuaba todo. Por eso creo que este es un libro que te reconcilia con la lectura. Que te hace leer por disfrutar de eso, de leer. Una saga como ésta, Dos amigas, hace lectores. Y, por cierto, ya no creo que Elena Ferrante sea un hombre. Es imposible que lo sea. Sigue sin caer en el recurso melifluo, sigue sin endulcorar, pero es imposible que un hombre escriba así desde el corazón de una mujer. Tiene que ser ella la que firma, la que está detrás. Porque lo que tienes ahí delante es el suyo, el corazón de Lenù, tal cual.

Lenú, que ha crecido. Ha pasado de los 16 a los 22 años. La ves pasar de la escuela a la Universidad. Ya no es virgen. Su tránsito a la madurez es fascinante. Y ha habido algo que me ha resultado curioso. En el otro libro, la mujer hipnótica era Lina (o Lila, lo mismo da). Lina la salvaje. Lina la inteligente. Lina la incontrolable. Lina. Lenù, al principio, sigue persiguiendo su sombra, sin tener nada que ver, en el fondo, siempre intenta ser como ella. Pero Lina es mejor, cree, en todo. Más inteligente, más guapa, con chispa. Lenù son las gafas, y el acné, y los kilos de más. Sin embargo, a medida que van pasando las páginas y Lenù renuncia a Nino (ay) y Lenù crece y Lenù aprende, sus lugares van permutando. Es la quijotización de Las dos amigas.

“Ella sabe cómo hacer daño, lo lleva escrito en la cara, basta con mirarle la frente y los ojos”

“Nada es para siempre”. “Nada permanece”. Eso te grita la novela sin gritarlo, mientras Lenù se va convirtiendo en un pequeño cisne sostenido en sus estudios y el cuerpo enjuto de Lina se ensancha por el embarazo, y a su tez se le pone un tono verde, y los ojos se le achichan. Lina se va doblegando ante los golpes que da la vida. Antes brillaba. Ahora, parece, porque esto florece justo al final, es el momento de Lenù (y tú piensas en las palabras de la vieja profesora, aquellas que hablablan de esa belleza que se posa en lugares en los que se, cuando se marquita, es como si jamás hubiera pasado por allì). Así es la vida. Eso concentra sus páginas. Vida real, como esa que ves con sólo asomarte a la venta que da a la calle y te dedicas a mirar. Aquí te cuenta qué ocurre cuando un telón baja, qué sigue al The End, qué se cena después de comer perdices.

Me ha encantado. Verlas madurar (qué bien lo cuenta la autora, con qué sencillez y, a la vez, qué pulso). No te encuentras frases brillantes, ni poesía entretejida, sólo un relato de corrido que te arrastra, te lleva y lleva, hasta el final mientras ellas crecen y se equivocan, y ese verano en Ischia que tanto las marca (su amistad, sus vidas; de ahí el bikini de la foto),  y los perfiles de su barrio cambian, y las gentes, y sus relaciones como en la vida misma. Me ha gustado tanto. Tanto… Y ahora, perdonádme que no siga, me tengo que ir corriendo a por el tercero, el que sigue a éste, Un mal nombre, y ahora sí lo he escrito bien, pero hay truco: acabo de mirarlo.

  

Te gustará: Mucho. El tránsito a la madurez de Lenù. El pulso con el que está contado. Cómo crecen.

No te gustará: Que la historia vuelva a cortarse y yo no tenga aún el tercero para seguir leyendo. Algunos párrafos cuando habla Nino, demasiadas cosas sobre política que se hacen largos.

  

PUEDE INTERESARTE TAMBIÉN:

La amiga estupenda, primer libro de la saga Dos amigas de Elena Ferrante.

Las deudas del cuerpo, tercer libro de la saga Dos amigas de Elena Ferrante.

La niña perdida, cuarto libro de la saga Dos amigas de Elena Ferrante.

   

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7 Comments

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  2. Me encantan cuando alguien comenta una lectura así, desde las tripas. Ya te comenté que tengo muchas ganas de ponerme con esta saga (yo, que soy anti-saga), y casi me han dado ganas de apartar los dos o tres libros que tengo en línea de salida para ponerme con “La amiga estupenda”.

    Pero no. Calma (que además estoy con Janet Frame, que exige eso precisamente: calma, pausa, leer despacito). De momento disfruto, he disfrutado, de “verte” palpitar con esta lectura. Me encanta cómo lees y cómo lo cuentas. Aunque no te deje ir a correr (salvo para ir a todo trapo por el tercer libro ¿qué va a ser de tu vida después?) :D

    Además, tendré que tener en cuenta que Elena Ferrante es incompatible con correr, así que tendré que encajar sus libros en los días que acumulo calorías en lugar de ir arrojándolas por ahí.

    Eso sí: me vas a volver loca. Ya me tenías tan convencida con tu argumento sobre porqué pensabas que Ferrante era hombre y ahora vas y, zasca, me convences de lo contrario. O yo soy una floja o tú tienes mucho poder de convicción.

    Lee un poco más despacio, que no te alcanzo ;)

    Un abrazo

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