Vives en las cintas que me grabaste

   

“Cada cinta de mezclas cuenta una historia. Ponlas todas juntas y tendrás la historia de una vida”

  

Si te quieres leer ‘Vives en las cintas que me grabaste’ puedes comprarlo en este enlace a La Casa del Libro

Pues bueno, Vives en las cintas que me grabaste es un libro entretenido. Es un libro bien escrito. Es un libro que comienza muy bien, que te llega, sobre todo si, como yo, fuiste joven en los años noventa, los años de las cintas de cassette. Esas que grababas llenas de Varios. Varios pop. Varios radio. Varios Michael Jackson. Sólo quienes lo vivimos lo sabemos: que alguien te regalara una de esas cintas era especial. Tener un cassette de doble pletina, para poder grabarlas, ya era la leche, sólo al alcance de algunos pocos. Yo era de esos. Rob Sheffield también. Las suyas sonarán más tristes, eso sí.

Porque él se las dedica todas a su mujer, que ya no está, y esa es la historia del libro. Sus recuerdos, sus cintas. Me encanta que cada entrada de cada capítulo sea como una cinta, con esas canciones, las que describen cada momento. Los milleniam nunca podrán entenderlo. Lo tienen todo, a golpe de click, pero que alguien te grabara una cinta con SUS canciones era la leche, era especial, así te sentías escuchándolas en la soledad de tu habitación. Te abrazaba la música, quien te la había grabado, hasta tu propia habitación, aunque en ella no dejaras entrar a nadie. 

“El amor es una cinta recopilatoria”

Y Vives en las cintas que me grabaste comienza así, arriba del todo. Prendido a tus recuerdos y aquellas cintas que ya sólo son trastos viejos guardadas en un cajón de casa de tus padres. A dos milímetros de tu boca, Jesús Vázquez; Tu piel morena, Viceversa; Qué quieres ser, Terapia Nacional, puede leerse en tu letra adolescente, mucho más redonda. En la suya suena mejor. En la suya encontré dos veces The Cure. “Rob me gusta la música de tus cintas”, pensé. Sin embargo, el libro vivió varios días en mi bolso. Y los libros que se estancan en mi bolso pasa como con el agua, es porque no corren. Mi cabeza aún no me ha dicho que no, pero ya me lo grita el subconsciente. Primero está el móvil, los periódicos del día, las cosas por leer, luego el libro. Éste tardé dos semanas en leerlo. Nada que ver con Cosas que los nietos deberían saber, ese que no dejo de recomendarte.

La historia de Rob es tristísima. Tanto como real. Las cintas eran todas para su mujer, que ya no está, que se fue precipitada, tan joven, con tanta música aún por escuchar, grabar en esas cintas que son para siempre. Eso golpea, como la escritura de Rob, a veces. Otras ahonda en lo mismo, una y otra vez. Se te hace pesada, bola en la boca. Y no sigues. No avanzas. Y siempre encuentras algo mejor que leer. Eso sí, el final, si llegas, es maravilloso, las últimas frases. A mí, particularmente, me merecieron el viaje. Aunque entiendo que haya lectores que se bajen de camino, por mucho que, de fondo, cante el tío Robert (Smith).

  

Te gustará: Si te gusta la música, por descubrir.

No te gustará: Se hace pesado. Mola el principio. Sobre todo el final.

Marcar como favorito enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*